Opinión

Elecciones en 2015 / Enrique F. Pasillas Pineda en LJA

 

No me importa que un político no sepa hablar, me importa que no sepa de lo que habla

Manuel Azaña

 

Los partidos políticos mexicanos y los personajes que los conforman sin excepción cromática alguna son los campeones del desprestigio y la desconfianza pública en México. Y por algo será. Así parecen confirmarlo diversos estudios de opinión pública en los que los partidos se encuentran en el fondo de las encuestas sobre confianza ciudadana, tal y como nos lo desvela el informe País sobre la calidad de la ciudadanía en México, realizado en 2014 por el INE y el Colegio de México y difundido a finales del año pasado.

Y muy desafortunadamente, los partidos políticos no son la única institución pública que sale muy mal librada, pues sólo ligeramente por encima quedan las policías municipales y los jueces, por citar sólo a dos instituciones especialmente importantes en el funcionamiento de cualquier estado que se pretenda mínimamente democrático y de derecho.

Luego, está claro a la luz de estas informaciones que el sistema político y la democracia representativa en México, así como el sector público en general, pero no solo, sufren un desgaste acumulado por décadas de grave abandono y una consiguiente crisis de legitimidad democrática que mucho dice sobre la calidad y la representatividad de la democracia mexicana y del fallido proceso de transición democrática que ha vivido el país durante las pasadas décadas. Naturalmente que esto incide notoriamente en la calidad de vida de las y los mexicanos y en la expectativas de desarrollo de la nación.

Así las cosas, y en una elección intermedia como la de 2015 marcada por los dolorosos sucesos del año pasado y la consiguiente debacle institucional, el reto para la participación ciudadana es enorme.

Es verdad que algunos partidos tradicionales le apuestan justamente a la fragmentación, al desinterés y la apatía ciudadana, a esa anomia social que les ayuda a consolidar su voto duro, pero es justo por esa misma razón y por el desánimo que se percibe en amplias franjas sociales, que es necesario participar. Ello va más allá de simplemente simpatizar con uno u otro candidato de uno u otro partido y regalarle el voto porque es nuestro vecino o nos cae bien, pues hay mucho más en juego que eso. Habrá que cuestionar a los candidatos sobre su pasado, su oferta, plataforma y proyecto, y habrá que contrastar lo que ofrecen contra lo que son y lo que han sido. Eso nos dará la medida de su credibilidad.

Porque no parece muy sensato abstenerse ni anular el voto como símbolo de repudio a la clase política, tal y como piden y promueven algunos académicos y estudiosos del tema electoral, justamente porque hacerlo pone en manos de otros una de las pocas decisiones importantes que los ciudadanos podemos tomar en este país.

Al fin de cuentas, alguien, quien sea, nos tendrá que representar en el Congreso. Hagamos entonces como decía Churchill de la democracia y optemos por el menos malo de los que se habrán de promover. Habrá que poner, pues, la máxima atención en las 3 personas que elegiremos por Aguascalientes. De nada nos valdrá quejarnos luego por nuestra deficiente representación legislativa si no participamos preguntando, cuestionando, votando y exigiendo resultados.

COLA. ¿Cómo entender el verdadero periodismo comprometido en México sin don Julio Scherer, sin su prestigiado Excélsior en los setenta, o sin la imprescindible Proceso en los ochenta del siglo pasado? Descanse en paz un mexicano ejemplar.

 

@efpasillas

 


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Enrique F. Pasillas

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