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La mente de un terrorista / Análisis de lo cotidiano

Lo cotidiano es lo que sucede todos los días. No importa que me suceda a mí o a mis seres cercanos, si ocurre en cualquier sitio del planeta, eso lo convierte en algo cotidiano y hasta podría decirse normal. Ya que normal no significa correcto o bueno, sino que se halla dentro de una norma. Por lo tanto, aunque no nos guste tenemos que aceptar que las conductas antisociales son cotidianas y normales. En algún sitio del mundo, en este momento alguien está llevando a cabo un acto que daña a sus semejantes. Y aunque esto sea fácil de comprender, resulta muy complicado de aceptar, como en el caso de los actos terroristas. Ahora la humanidad entera se encuentra impactada por los asesinatos de periodistas efectuados por fundamentalistas islámicos en el centro de París a plena luz del día. Es lamentable y doloroso. Aunque valdría la pena preguntarnos ¿Y por qué no nos impacta tanto que ocurran explosiones, bombazos y masacres del mismo tipo, en Afganistán, Siria, Pakistán o Irak? También son actos terroristas, también mueren hombres, mujeres y niños inocentes. Y de la misma manera en esos casos, las razones son fanatismos de todos los tipos, políticos y religiosos. Y entonces nos damos cuenta que todos tienen un factor común, hay un hombre llamado terrorista que es capaz de tomar un arma y matar a alguien; que en esencia no le ha hecho daño. Aquí viene la pregunta interesante ¿Qué pasa en la mente de un terrorista? Sociólogos, criminólogos, psicólogos, médicos forenses y estudiosos de todas las ciencias humanistas se han enfocado en el tema. Y por supuesto que ya sabemos lo que ocurre. Existen dos grandes grupos de terroristas, los que nacen y los que se hacen. Los de origen son psicópatas, que significa que nacieron con una agenesia moral (falta de formación) del sentido del juicio crítico. Son en esencia enfermos mentales, aunque con una elevada capacidad de adaptación ya que viven en sociedad y pueden funcionar como normales, tienen familia, profesión, empleo y hasta prestigio. Sólo que siempre se involucran en actos antisociales. Y son ellos fácilmente inclinados a adherirse a organizaciones fundamentalistas ya sean políticas, religiosas o delictivas.

Los que se hacen, son personas que desde niños recibieron un adoctrinamiento intenso en ideas radicales. Las enseñanzas religiosas imbuidas por los padres, ministros y la comunidad misma se arraigan con gran fuerza en la mente del niño y se sostienen, si sigue viviendo en una sociedad que cree en los mismo. Ejemplo el Islam fanático. La fuerza de las creencias es muy poderosa porque aniquila cualquier norma de convivencia social que vaya en contra de su idea. Los hermanos Kouachi y los pilotos que estrellaron los aviones contra las torres gemelas creían ciegamente en sus líderes y esa fe resultó muy superior a cualquier atisbo de misericordia hacia las personas que morirían. Ellos no solamente evitaron su muerte, la buscaron porque su creencia es que con ello se ganarían el paraíso. Estas creencias están afianzadas en moléculas intraneuronales llamada memes o archivos intracelulares de memoria. Son casi inmodificables. Por ello con estos idealistas no funcionan los criterios de los que no somos fanáticos. Por decirlo de manera clara, no cambian nunca y nosotros no los comprendemos. Y a ellos, eso les tiene sin cuidado.

Y como mensaje positivo ¿Y nosotros qué haremos? Cuidar a nuestros niños, enseñarles los valores sin dogmatismos, la felicidad sin promesas metafísicas y el amor sin sacrificios.

 

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Héctor Grijalva

Héctor Grijalva

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