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La poesía es un oficio desde el que no podemos sentarnos a lanzar verdades

  • Entrevista a Hernán Bravo Varela sobre Hasta aquí
  • Hasta aquí quiere reflejar no sólo una perplejidad frente a ese tipo de pronunciamientos y posicionamiento, sino marcar una línea frente al fundamentalismo de la poesía

 

Hasta aquí es punto final y un reinicio, es cerrar ciclos y volver a empezar, es decirle a los otros que el personaje creado para interactuar con los demás ha llegado a su fin y es el momento de encontrar nuevos caminos. Hasta aquí es marcar un punto y aparte, es respirar de nuevo, es marcar una interrupción, justo como los paréntesis que marcan los títulos de los poemas que conforman el más reciente libro del poeta y traductor mexicano Hernán Bravo Varela (México DF, 1979) Hasta aquí publicado por la editorial oaxaqueña Almadía, el año pasado.

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Pero hasta aquí también es un punto de quiebre, es mostrarle al mundo qué se piensa sobre los discursos poéticos, sobre esos que dicen saber bien qué significa la poesía y lo que se debe decir, es mostrarse en desacuerdo con esos discursos y buscar darles la vuelta para generar un nuevo comienzo, una nueva geografía, una nueva discusión sobre el poema y sus problemas constructivos. Hasta aquí marca un final pero también el inicio de un nuevo discurso. Hasta aquí se encuentra dividido en cinco capítulos que funcionan como una especie de autobiografía ficticia del autor: Poemas de amor, de decepción, sueños, reencuentros, amistades perdidas, invitaciones a despedidas, algunas pesadillas conforman el itinerario vital que construye este poemario del poeta Hernán Bravo, quién ha publicado los libros Oficios de ciega pertenencia (1999, Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino), Comunión (2002), Sobrenaturaleza (2010), Realidad & Deseo Producciones (Bonobos, 2012) y como traductor ha publicado La balada de la cárcel de Reading de Oscar Wilde (con prólogo de José Emilio Pacheco) y El hombre redivivo del poeta quebequense Gaston Miron en colaboración con Marco Antonio Campos.

“Casi nunca me acuerdo de los génesis de mis libros – nos cuenta el autor en entrevista – pero de éste sí, pues fue en el año de 2006 que me metí a un café en la Zona Rosa a escribir y salió el primer poema del libro, el de “Te invito a mi fiesta el próximo viernes a las 14:00 horas”, que salió con un tono radicalmente distinto a lo que yo estaba haciendo en ese momento que era un libro que se iba a llamar Lados B, que iban a hacer diferentes y hasta esquizoides versiones de un texto primigenio que iba a ser de carácter más lírico y metafórico y sus lados B iban a ser ensayos o glosas más narrativas o ensayísticas, pero el libro no evolucionó, pero ese poema surgió en ese momento y que tenía un tono completamente distinto a los dos libros anteriores Sobrenaturaleza y Realidad & deseo producciones que todavía no terminaba de amarrar porque generalmente trabajo con varios cajones abiertos y después de un tiempo empecé a escribir los otros poemas y poco se fue haciendo el tono del libro, que en realidad creo que son muchos tonos y muchas perspectivas encontradas, entonces el libro surgió gracias a una ambición frustrada de querer ir por muy distintos registros y tonos en un mismo libro, pero lo que surgió, lo que sobrevivió fue un atentado, por así decirlo, fueron los poemas que ahora componen Hasta aquí.

Javier Moro Hernández (JMH): Una de las cosas que llama la atención es el tono narrativo, hasta cierto punto, de varios de los poemas: “Tú me dices”, “Idéntico” son poemas que tienden a la narratividad.

Hernán Bravo Varela (HBV): Sí , pero la intención narrativa está boicoteada justamente por el uso del verso, por la tensión tan particular del habla y de la evolución de la peripecia que se manifiesta con la página en blanco, estoy seguro de que si estuvieran en prosa, aunque hay varios poemas en prosa en el libro, perderían eso que narrativa podríamos llamar elipsis, pero que aquí no es discursiva sino formal o material, todas esas suspensiones, esas pausas dramáticas o melodramáticas boicotean el relato puro y duro que pretende el texto, me interesaba jugar con esas tensiones donde el verso pusiera de manifiesto una manera de contar asuntos pero que no estuvieran determinados por la progresión anecdótica, sino que la poesía le opusiera sus propias armas y su propia ambigüedad al relato, si hay un género que propicia la ambigüedad es la poesía y eso aparentemente es irreconciliable con el relato narrativo y me interesaba jugar con los dos e ir proponiendo enroques.

JMH: Es el verso que provoca que el lector termine entender que esto no es un relato, sino un poema.

HBV: Me gustaría, si se permite jugar al papel de abogado del diablo, que el lector leyera de corrido los poemas sin importar estas marcas o estos saltos en el camino, que se siguiera de largo y de continuo como si lo que estuviera leyendo fuera un relato y lo leyera como prosa, lo que me gusta es que leídos en voz alta los poemas pierden su atención métrica, que la tiene, porque fue algo que cuide mucho, pero el curso de la voz atenta contra la observancia métrica. El libro parece estar construido a partir de versos libres pero en realidad estás hablando de un verso métrico y en realidad el verso es una forma de agrupar ciertos bloques de información o de sentido y en poemas en prosa literalmente estoy participando en otra experiencia, y sí espero que sí se pueda diferenciar esos terrenos, donde se atenta también contra la prosa, contras las ambiciones y los límites de la prosa.

JMH: El título parece querer mostrarnos un límite del personaje literario que conocemos a partir de los poemas, es un parteaguas de lo que se está contando.

HBV: Esa era un poco la intención del título del libro que proviene de un poema amoroso, de ruptura, en donde uno de los personajes le dice al otro “Hasta aquí” y cada uno se va por su lado, ahora también pretendía que fuera una marca de identidad de este libro frente a mis anteriores trabajos pero también frente a una serie de posicionamientos, señalamientos, llamadas a misa, albazos de muchos poetas que parecen hablar desde el púlpito, algo que me provoca horror, porque yo creo que cada vez que uno se sienta a escribir estamos en tierra de nadie y cada página, cada poema que aspira a ser cabalmente en la página propone una aventura completamente distinta que exige todo tipo de inseguridades y empezar desde cero y la poesía es un oficio que sabemos que tiene ese tamaño de inconstancia no podemos sentarnos a lanzar verdades, tenemos todo el derecho de tener filias y fobias y medianas perspectivas del género y de nuestra postpoética, entre comillas, pero eso es todo, entonces si el título quiere reflejar no sólo una perplejidad frente a ese tipo de pronunciamientos y posicionamiento, sino marcar una línea frente al fundamentalismo de la poesía.

JMH: El poeta se desnuda de muchas maneras, principalmente en estas perplejidades y dudas, siento que hay poemas en donde el autor se cuestiona cosas de su mismo oficio y eso me llama la atención, justo porque en ocasiones no se dejan ver los entretelones de la duda que hay al escribir un poema.

HBV: La sinceridad, como lo puse en un ensayo autobiográfico que escribí hace un tiempo, es también un montaje, no la honestidad, que sí es otra cosa que rebasa todo tipo de postulados y credos, la honestidad es la materia esencial de trabajo de todos nosotros, incluso de los que están haciendo ficción, claro la idea no es mía es de Baudelaire, cualquiera que desea hacer una obra original tiene que partir del principio de la honestidad, pero la sinceridad es otra cosa, la sinceridad sí participa de la ficción, en toda confidencia, en todo ejercicio memorística, en toda crónica incluso que aparentemente trabaja con lo verificable, toda verdad está en suspenso, hay que ir a buscarla, y el poema no es distinto, ahora esa verdad exige un volumen, un peso específico, una forma determinada y esa forma a menudo atenta contra la manera que se nos presentó por primera vez, entonces trabajar o darle forma a esa verdad o a eso verificable también es una manera de ficcionalizarla, y entonces me interesa mucho esos cruces, esas tensiones que se generan, cómo se le da tensión, función e intención a algo que está allá afuera, que se está relatando y que parece que trae su propio empaque, en realidad es el escritor el que termina dándole esa función.

JMH: En tu libro es posible ver que existen tensiones entre una tradición poética anterior y una nueva poética que se sustenta mucho en la narratividad de la poesía y la métrica, hay una tensión entre dos tradiciones que se entrecruzan y entrechocando.

HBV: Eso pretende, porque por un lado esa narratividad yo la veo muy claramente en la poesía norteamericana, que es una poesía que me interesa mucho y que he traducido y que me interesa mucho leer, narratividad y objetividad porque por un lado está por un lado el poema como testimonio o el poema testimonial y por otro lado el poema objetivo como esos poemas sobre la carretilla roja de William Carlos Williams y cómo eso puede reconciliarse perfectamente, pero insisto, ésta no es una idea nueva, muchísimos lo han hecho ejercido, y que eso se pueda avenir con la métrica española ortodoxa y con formas cerradas como el soneto me seduce mucho, pero quiero insistir en algo, estos no son poemas de la experiencia, porque yo soy además un crítico acérrimo de la poesía de la experiencia que no esté en las páginas de Jaime Gil de Biedma, porque ha generado una cantidad de monstruos en la poesía española que creen que la reproducción de la experiencia tal cual se genera y se adapta en el poema constituye el verdadero oficio, lo cual me parece un error, porque sí hay una experiencia en el poema hay una experiencia desfigurada y transfigurada que además está buscando sus porqués y muy probablemente su relato de fondo en el poema, cada vez que escribimos un poema también la experiencia está en absoluta tensión y en grado cero, entonces el poema, la búsqueda de la palabras, del ritmo adecuado, de las tensiones acentuales son las que terminan imprimiéndole caminos a esa experiencia, la experiencia no viene dada de antemano, hay que salir a buscarla, yo creo que el propio Gil de Biedma lo sabía, porque la poesía de la experiencia involucra la participación de un personaje que habla y la creación de ese personaje es eminentemente una ficción.

 


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Javier Moro Hernández

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