Opinión

Los reporteros que importan / Piel Curtida

El que un suceso se convierta en noticia no depende totalmente de los hechos. Los actos de violencia extrema en Francia, en particular en las instalaciones de la revista satírica Charlie Hebdo, fueron “la de ocho” en múltiples medios de comunicación alrededor del mundo: la humanidad reclamó por la libertad de expresión. Ante ello, algunos integrantes de la ciudadanía mexicana e incluso algunos anfitriones de programas de noticias se cuestionaban el por qué los ataques a la libertad de expresión en el país no lograban la misma exposición mediática.

Charlie Hebdo logró unificar a los medios de comunicación de izquierda y derecha, grandes y pequeños, así como a la élite política; al menos en los países occidentales. Al ser un ataque directo a un medio de comunicación, se generó una indignación en las redes que se desarrollan entre las empresas mediáticas. Al ser perpetrado por un grupo de religiosos extremistas del Islam, una agrupación históricamente relacionada con la guerra, la muerte y la violencia; no era de sorprender que diferentes jefes de Estado condenaran los sucesos, esto sin considerar otras múltiples razones económicas y políticas. En síntesis, surgieron las circunstancias propicias para una movilización mundial condenatoria, y no ahondemos en otra que sustenta en gran medida la amplia cobertura: Francia es un país primermundista.

En México, durante las últimas décadas han sido asesinados 80 periodistas y 17 han desaparecido, según el informe de Reporteros Sin Fronteras, a causa del crimen organizado.  Sin embargo, pocos de los casos de violencia han sido contra personal de Televisa o Tv Azteca, empresas que poseen cerca del 90% de las concesiones de televisión abierta y de paga; tal vez, debido a este monopolio es que los ataques a pequeños medios de comunicación no son de prioridad nacional; aunado a la impunidad del Estado mexicano con relación al crimen organizado.

Por otra parte, en Francia se ha gestado otro concepto de Estado, responsabilidad y cohesión social, en particular por su historia y circunstancias antropológicas; recordemos que el concepto rector de Derechos Humanos se gestó con la Revolución Francesa; mientras que en México la corrupción ha sido una constante y la protección sólo ha sido para grupos privilegiados. Así, la lucha por la dignidad de los reporteros y periodistas en México se ha ido transformando en autocensura, a diferencia de otros países como Francia.

Recuerdo que en una ocasión un reportero de un diario local de Aguascalientes se sorprendía porque algunos jóvenes periodistas se atrevían a cuestionar a titulares de instituciones, se cuestionaba el cómo era posible que se pusieran al tú por tú, pues estaban derrumbando sus oportunidades de inserción y crecimiento laboral, ¡cómo confiar en ellos! La lucha por la libertad de expresión en México necesita de una deconstrucción desde el interior del periodismo.

Algunas sugerencias para iniciar con esta transformación es el generar lazos de colaboración y compañerismo entre los propios obreros de la información; la competitividad es tan agreste entre el gremio de reporteros porque las lógicas de producción de información en México son únicamente el obtener la declaración de fuentes oficiales, transcribirlas y entregarlas al editor, por lo que sólo se lucha por tener la “premisa”; en lugar de pluralizar la perspectiva de los contenidos y dar prioridad a la creatividad; lo cual posibilitaría que la materia prima no fuera razón de lucha, sino que las habilidades narrativas y una marca propia fueran la moneda de cambio de un reportero.

Al respecto, también es urgente diversificar contenidos y empresas mediáticas, lo cual también implica que la población genere habilidades y el gusto por contrastar y consumir datos de diferentes medios de comunicación; para que así “los medios que importan” sean todos y no sólo dos empresas. De esta forma, tal vez el Estado no sólo deba preocuparse por los Azcárraga y los Salinas, pues sabría que la fuerza mediática podría evidenciar con unidad sus fallas, omisiones y personajes coludidos. Si bien, el panorama para la libertad de expresión en México es más adverso que en otras nacionalidades, aún queda una oportunidad de enmendar la historia de violencia en el país, la cual radica entre los jóvenes que poco a poco se van insertando y construyendo nuevas formas de comunicación; y también debemos de recordar que aunque Enrique Peña Nieto hubiera realizado un discurso como el de François Hollande, no se resarciría el historial de impunidad en el Estado mexicano, un lastre que a la ciudadanía le ha costado su tranquilidad.

 

montoya.acevez@gmail.com

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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