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Sobre Vendaval de bolsillo de Andrés Neuman

  • El autor ha recibido el Premio Federico García Lorca de Poesía
  • De las correrías entre los primeros parques a la aparición del amor y el nacimiento de la reminiscencia

 

El viento que sopla del sur, las palabras que lo conforman y los ritmos que lo guían, eso es Vendaval de bolsillo, poemario de Andrés Neuman, ilustrado por Alejandro Magallanes, que publica Editorial Almadía.

Todo comienza en la tercera planta del pasado, contempla el alma del poeta esta verdad, esta gruta en que habita el origen al que él le da forma y sentido. Porque el recuerdo enciende a la palabra, que es igual que la tierra o el vocablo patria. “Buenos Aires al vuelo”,  es planear entre los parques, entre las primeras muertes, en calles únicas, en la aparición del amor, en el nacimiento de la reminiscencia.

La memoria también es porvenir, anda entre los límites de lo que es y lo imposible y alumbra sueños inconclusos, anhelos proyectados hacia el deseo de dar forma, todas esas posibilidades recorre “Palabras a una hija que no tengo”.

La infancia es un vaivén, es un columpio, un tobogán, un carrusel. En cada una de estas formas late la sorpresa, el descubrimiento de la fugaz emoción, la separación física con la tierra. Unidas por el movimiento, cabalgan en el viento creando inolvidables vendavales. De cada una Neuman ha escrito un poema que acompasa el primer capítulo de su libro.

Tal vez el poeta es en realidad la mirada, los ojos poderosamente hambrientos, así al menos parece ser en los poemas de Rotación de los cuerpos, segunda parte de este volumen. En el primero, intitulado Mujer leyendo, se desarrolla la historia de la admiración. Cómo se pierde observando, cómo a través de ella se cuela en otra historia, recrea un personaje que sólo intuye por medio de los gestos, las posturas de esa mujer que lee. Delineando con palabras el  retrato de otra intimidad.

No estamos hombres y mujeres orillados, arrinconados en polos divididos, es sólo un rotar, ninguno antes o después, sólo giros que anticipan al otro, o ceden espacio para que ese otro pueda también ser movimiento. Pero cuando el contacto sucede, ocurre el instante.

La estancia y los traslados canta al rito de la entrega que es la sutil rendición sin condiciones; al amor que ni es batalla ni tragedia, pero sí un viaje, una puerta entornada. Una Casa fugaz, cimentada en el deseo de la duración.

Sí, tendría que existir una Plegaria del que aterriza, como nombra Neuman el tercer momento  de este poemario que es un recorrido vital. Tocar tierra comienza por ser un cese  abrupto, como afirma en “La gotera”: La juventud no acaba con la edad/ sino con la certeza de algún daño.

Ese daño para el poeta es el toque de la muerte, cualquiera que sea la forma que tome: desprenderse del cielo, el doloroso pasar del tiempo evidente en la lápida que nos aguarda, o el Minuto guillotina que cercena y cerca el flujo, recorta una fracción de luz morada.

Del laberinto en que se atrapa el alma cuando pierde, aterrizar se resuelve en un encuentro, en un Acopio nuevo, poema-plegaria: “Una fuerza distinta que recicle/ todo lo que he perdido/…unas ganas de ser”. Y por la petición es el reencuentro con el deseo lo que podría salvar ese aterrizaje.

El viaje del poeta en este libro se cierra para abrirse a un tiempo eterno, la Necesidad del canto. El poder insuperable del lenguaje para sobrevivir al exterminio, exorcizarlo del viento, limpiar la tierra mientras simultáneamente lo fija. El lenguaje como la catástrofe es huella. Porque el arte está condenado, atado a la culpa, dice el poeta. Hay que “levantar el verbo de las ruinas”. Un canto atronadoramente doloroso, pero “un poeta, dijiste, es quien consigue/ pese a todo empezar de cero siempre.”

Andrés Neuman (1977) nació y pasó su infancia en Buenos Aires. Terminó de crecer en España y posee ambas nacionalidades. Entre sus títulos destacan las novelas El viajero del siglo, Hablar solos, Bariloche y Una vez Argentina; los libros de poemas El tobogán, La canción del antílope, Mística abajo, No sé por qué y Patio de locos. Los libros de cuentos Hacerse el muerto y El fin de la lectura (Almadía, 2013); los aforismos de El equilibrista y Barbarismos; y el libro de viajes por Latinoamérica Cómo viajar sin ver. Ha obtenido el Premio Hiperión de Poesía, el Federico García Lorca de Poesía, el Alfaguara de Novela y el Premio de la Crítica, que otorga la Asociación Española de Críticos Literarios, y fue elegido por la revista británica Granta entre los 22 mejores narradores jóvenes en español. Fue finalista del IMPAC Dublin Literary Award y obtuvo mención especial del jurado del Independent Foreign Fiction Prize. Sus libros han sido traducidos a 16 idiomas.

 

Con información de Conaculta


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