Opinión

Análisis de lo cotidiano / El vándalo que llevamos dentro

Vandalismo es el acto de destruir sin razón lógica y sin motivo justo. Y todos sabemos que el tema es cotidiano, no deja de irritar pero ya no sorprende que los maestros de Oaxaca rompan cámaras de videovigilancia, lancen piedras a los policías, quemen patrullas y bloqueen calles. Tampoco produce pasmo que los normalistas de Guerrero, o sus familiares, o sus amigos, o sus ajenos incendien oficinas públicas, rompan vidrieras, pintarrajeen casas y comercios. Ni que decir de los autonombrados anarcos que en el D.F. irrumpan en restaurantes, tiendas de lujo en pleno Paseo de la Reforma y los saqueen llevándose prendas de vestir y hamburguesas. Llevaron su osadía e impunidad a quemar la puerta del Palacio Nacional ¿Qué hay en la mente del vándalo? Comenzaremos por aclarar que el dañador solitario, el que rompe vidrios cuando ebrio o drogado es un rencoroso social. Es una persona a quien de niño le faltaron los nutrientes emocionales básicos que todos necesitamos y que son el amor, la confianza y la seguridad. El hijo del alcohólico, del drogadicto, del padre ausente, del padre golpeador o del padre delincuente tiene un hueco en su maduración que no ha sabido llenar al crecer y hacerse adulto. Lo mismo ocurre con el hijo de la prostituta, la adicta o la madre violenta. Hay muchas personas que han vivido con padres incompetentes, pero maduraron y gracias a sus recursos personales lograron superar el trauma infantil y convertirse en buenos ciudadanos. Otros simplemente no lo consiguen y destruyen la propiedad ajena sea pública o privada en desquite, ya que no pueden destruir a sus padres. Pero vayamos a lo que estamos viviendo actualmente, el vandalismo en grupo con una consigna, con lemas y supuesta justificación legal. Vamos a analizar esos grupos de decenas o cientos de encapuchados que cargan pancartas y gritan insultos a los policías, gobernantes y cualquier tipo de autoridad. Se dicen maestros, campesinos o colonos o simplemente no se dicen nada, solamente destruyen. El criminólogo Luis Rodríguez Manzanera le llama Macrocriminalidad, porque el daño es enorme. Lesionan el patrimonio del pequeño y el gran comerciante, el del incauto automovilista que tuvo la mala suerte de pasar por ahí o tener su vehículo estacionado en la calle, por la que se le ocurrió pasar a los manifestantes. Lesionan a los policías que tienen la orden de no responder al ataque y con ello crean un resentimiento acumulado que posiblemente los gendarmes se cobren en el siguiente encuentro. Afectan a las autoridades y perjudican seriamente el concepto de orden social y confianza ciudadana. ¿Quiénes son estos vándalos? Personas de una profunda inmadurez que no tienen ninguna capacidad para funcional individualmente. Tienen que hacerlo en grupo y encubiertos ya que de otra manera no lo harían. Por eso siempre tienden a buscar agrupaciones presuntamente políticas o sociales, es la pandilla de chamacos profesionalizada, llevada a la adultez y a la incognicidad que da el conglomerado. Y si además tienen un patrocinador que les garantiza impunidad, entonces su poder destructor es mayor. Pero recordemos lo que pasó en Los Cabos después del ciclón.

Los ciudadanos normales ante la falta de abastos, saquearon las grandes tiendas departamentales, no los changarros y se llevaron alimentos, electrodomésticos, llantas y pantallas LED para saciar el hambre. Y no eran maestros ni normalistas. Eso nos da a conocer que el vándalo existe dentro de cada uno de nosotros. Ante la situación propicia aparece el rencor social. Ninguno de nosotros tuvo la infancia perfecta, todos crecimos con huecos carenciales en el amor o la protección y éstos reaparecen ante la probabilidad de cobrarnos ese resentimiento dañando algo, sobre todo si creemos que no seremos descubiertos. Vandalismo resulta entonces en la destrucción desmedida que pretende llenar los hoyos que traemos desde la infancia. Sólo que romper escaparates, robar televisores, apedrear policías o lanzar cocteles molotov al edificio de la presidencia nunca ha resuelto el problema. La carencia sigue igual sólo que ahora complicada con una conciencia delictiva y una voz interna acusadora que le dice “No solamente estás incompleto, ni siquiera sabes qué hacer” entonces el vandalismo continúa. Y, ¿nosotros qué haremos? Bien, pues revisa tu historia infantil y encuentra aquellos huecos carenciales que tienes y que sabes muy bien cuáles son. Deja de lamentarte por lo que no te dieron, busca dártelo a ti mismo y además dárselo a las personas que amas.

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Héctor Grijalva

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