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Entrevista a Yishai Sarid, autor de El poeta de Gaza

  • Una novela sobre el conflicto entre el llamado del deber y el rechazo a los métodos violentos

No juzgues a otra persona hasta que no estés en sus zapatos

 

El poeta de Gaza es una novela de una intensidad dramática fascinante, una novela que recrea los conflictos personales de un alto funcionario de seguridad del Estado de Israel, encargado de prevenir los ataques terroristas palestinos en su territorio, quien ve cómo poco a poco su vida personal y familiar se hace pedazos, mientras le es encargada la misión de vigilar a Hani, un poeta palestino quien se encuentra gravemente enfermo y cuyo hijo, Yotam, es el encargado de pertrechar a los atacantes suicidas que se inmolan en las calles de Tel Aviv y Jerusalén. El nuevo encargo lo obligará a acercarse a una escritora y amiga del poeta, activista por la paz entre Palestina e Israel, quien le servirá de vínculo con Hani. El conflicto que surgirá en el protagonista entre el llamado del deber y el rechazo que le producen los métodos violentos que tiene que aplicar para conseguir la información necesaria para prevenir los ataques, lo obligan a cuestionarse seriamente sus valores y creencias personales, en medio de un clima tensión provocado por la situación de guerra y militarización que se vive en la región.

El poeta de Gaza es la segunda novela del escritor israelí Yishai Sarid y fue publicada en México por la editorial Mondadori. Sarid, quien nació en la ciudad de Tel Aviv en 1965 y es abogado de profesión, también escribe para los principales periódicos de su país, es autor de tres novelas, entre las que destaca El kínder de Naomi, la más reciente.

“El propósito de esta novela fue darle una cara humana al conflicto entre Israel y Palestina, y mostrar que es más complejo de lo que se lee en los periódicos y de lo que se ve en la televisión, y que es una cuestión de que vivimos todos los días y que es una influencia que tenemos tanto en Israel como en Palestina, por eso decidí usar un personaje que se encuentra al frente del conflicto, y ver cómo trata, cómo lidia con la situación cuando se empieza a complicar las cosas y cómo se empiezan a meter cosas de carácter personal con el personaje”.

Javier Moro Hernández (JMH): El personaje principal, el agente, sufre las consecuencias del conflicto, tanto en su vida personal como en sus creencias personales, termina confrontándose a sí mismo.

Yishai Sarid (YS): Es un buen chico, pero la situación lo fuerza a hacer cosas malas, pero a veces tienes que hacer cosas malas para protegerte y por eso lo escribí como si fuera yo, porque si las cosas fueren sencillas tal vez no serían interesantes y desgraciadamente no son sencillas, porque cuando estás ahí tratas con violencia del otro lado y tienes que usar la violencia por ti mismo, y a veces esto es trágico.

JMH: El protagonista de la novela tiene que usar la violencia, algo que lo hace sentirse mal consigo mismo, sin embargo sabe o piensa que la está usando buscando el beneficio general de  la sociedad.

YS: Ese es el problema, y la pregunta sería ¿Dónde te detienes? ¿Cuál es el límite? Eso es lo que enfrenta cotidianamente, va a un restaurant a cenar con su esposa y cuando llegan allá él recibe una llamada por teléfono y ella le dice “¿Qué haces en esos interrogatorios? ¿Les pegas? ¿Qué haces?” Y él se enoja muchísimo porque voltea a su alrededor y ve a todos los comensales cenando tranquilamente, felices por estar de vacaciones, y él tiene que salir de regreso a Tel Aviv a trabajar para que todos los demás estén tranquilos cenando y siguiendo con su vida, mientras la de él, su vida, se desmorona gracias al trabajo para que no salgan todos por ahí volando con una bomba

JMH: Sin embargo al final él tiene un acto de generosidad cuando decide proteger al hijo del poeta, algo que nos permite ver las ambigüedades del comportamiento humano.

YS: Esa fue mi idea, pero mucha gente en Israel se enojaron cuando el agente hizo eso, se enojaron porque decían que debería haber terminado su trabajo, era su deber, fue débil y permitió que el terrorista escapará, pero al final él demostró que lo que algunas veces lo que parece una debilidad en realidad es una decisión que conlleva mucho valor, revela un compromiso con su sentido del deber para con su país pero también con sus creencias personales, pero eso lo hace realmente muy valiente, pues tomó una decisión muy difícil, sólo fue fiel a sí mismo, a lo que él realmente pensaba.

JMH: Una de las preguntas que quería hacerte es si habías tenido problema por la forma en que mostrabas la forma en la que hacía el trabajo, la forma en la que somete a sospechosos a interrogatorios, la forma en que las fuerzas de seguridad tratan de hacerlos confesar o sacarles información, que al final es una forma muy violenta de hacerlo y quería preguntarte si habías tenido algún problema por mostrar y hablar de esa situación.

YS: No, la verdad es que Israel es un país libre, nadie interfiere en el trabajo literario, a mucha gente no le gustó pero nadie intentó que no se publicara el libro. Sin embargo hay que decir que el que viola las reglas es él y por eso lo suspenden, él cruza esa delgada línea y por eso ya no puede hacer los interrogatorios y su propio jefe le dice que eso no es profesional porque si matas al sospechoso, cómo va a obtener la información, no es inteligente que haga eso, pero claro son asuntos oscuros, sucios, donde se usa la fuerza y por eso decidí escribirlo en primera persona, como si fuera yo el que se enfrentaba a esos conflictos

JMH: Me imagino que esa confrontación entre lo que se debe hacer para proteger al país y lo que uno piensa que está bien para defenderlo debió ser dura también para ti como escritor.

YS: Sí, fue difícil escribirlo porque también sientes el enojo que corroe al personaje, piensas que tú también puedes usar esa misma violencia y nunca saber hasta dónde puedes llegar enojado o frustrado, lo cual no es nada sencillo de pensar, de asimilar y debo decir que como escritor a veces me pongo a pensar ¿Qué haría yo en tal o cual situación? ¿Hubiera sido lo suficientemente valiente para decir no lo voy a hacer? ¿Haría las cosas de otra manera? No lo sé, yo creo que hasta que no estás en esa situación no sabes cómo vas a reaccionar, en hebreo hay un dicho que dice que no juzgues a otra persona hasta que no estés en sus zapatos.

JMH: ¿La situación política de tu país pone a las personas en estas confrontaciones personales?

YS: Sí, claro, todo el tiempo, muchas veces, por ejemplo, en Israel estamos en el ejército, haces tu servicio militar que dura cuatro años y después entras a las reservas del ejército y de vez en cuando te llaman para que te enlistes, dependiendo de las situaciones que se presenten, y por ejemplo si eres una persona con una visión humanitaria que ya no quiere esta confrontación con Gaza ¿Qué puede hacer? La respuesta es difícil, pero pues por un lado tienes una responsabilidad con tu país, tienes que ir a luchar, porque entonces tienes que pelear, tienes que dispararle a alguien y eso se vuelve un conflicto, no es sencillo sobre todo para las personas que tienen una idea diferente de cómo solucionar el conflicto o que es sensible a las condiciones de vida de las otras personas, de los otros pueblos, porque son seres humanos también, es lo más difícil porque de este lado tienes un deber de proteger a tu familia, a tu gente, a tu país.

JMH: Son cuestionamientos éticos complejos constantes

YS: Sí, todo el tiempo, y esa es una de las razones por las que queremos paz, pero en Israel el servicio militar es obligatorio, entonces no puedes escoger si quieres ser soldado e ir a dispararle a la gente, aunque no quieras vas a tener que ir y pues es un conflicto constante.

JMH: Quería preguntarte si tus otros dos libros son parecidos, tocan temas parecidos al Poeta de Gaza.

YS: Mi primer novela también fue sobre el ejército y trata la historia de una mujer soldado que es violada por uno de los comandantes de su unidad y es la historia de toda la investigación, y el último es totalmente distinto, es sobre la historia de una maestra de kínder que recibe la notificación que le dice que tiene que abandonar su escuela, cerrarla, porque un hombre de negocios compró el predio y va a construir un edificio de departamentos, entonces lo que trato de narrar es la lucha por tratar de mantener abierta la escuela, pero si lo ves de otra manera, desde otra óptica es un historia de lucha contra fuerzas poderosas que tratan de ser hegemónicas.

JMH: Sé que estudiaste la carrera de Derecho en la Universidad de Jerusalén, trabajas como abogado y quería preguntarte si esta formación profesional influye en los temas que escoges para contar en tus novelas.

YS: Casi todos los libros que he escrito, casi todos porque no todos, existe una situación legal, algún tipo, y la gran ventaja que tengo como abogado es que puedo conocer muchas historias de mucha gente, algunas increíbles, no puedes escribir de todas un libro, pero conoces una cantidad de personajes maravillosos, intensos, entonces ser abogado ayuda mucho para entender mucho del carácter del ser humano, de sus conflictos.

JMH: El poeta es una persona amable, está a punto de fallecer de cáncer, es un personaje que no odia al otro pueblo, no odia a los israelíes, pero su hijo sí, lo cual se convierte en un gran dolor para él.

YS: Es parte de la tragedia porque yo recuerdo que como niño, en los setentas, las fronteras estaban abiertas, la gente de allá trabajaba en Israel, había intercambio comercial y había gente de los dos países que iba y venía, lo cual también permitía un intercambio intelectual, había gente que trabajaba en universidades, que se relacionaba con artistas y escritores, lo cual me parece que permitía un mejor conocimiento de los dos pueblos, era mejor de como estamos ahora con el muro que el gobierno ha construido y que nos divide y que no permite las relaciones humanas entre nosotros, en aquel entonces sí teníamos el espacio para vincularnos con la gente de Gaza y había gente que abogaba por una situación política, había gente que buscaba una solución pacífica al conflicto y ahora ya todo se volvió más complicado, ahora todo pasa por una cuestión religiosa con movimientos islámicos extremistas que todo lo ven a partir de un conflicto religioso en toda la región y Hamas no es muy diferente a esos mismos movimientos y quieren imponer un Estado Islámico en el que no hay espacio para los judíos, quieren que nos vayamos, y eso hace que sea muy complicado hallar una solución, y nosotros también tenemos personas que son impulsados por la religión y que quieren regresar a los días de la biblia, que son ideas muy lindas pero que son muy poco realistas, no son pragmáticas, cuando llegamos a estos extranjeros y actúan de manera ilógica en el centro vemos una debilidad y entonces vemos más difíciles alcanzar una solución, pero el poeta es un caballero, es un hombre de arte, delicado, no odia a las personas porque sean de una u otra religión, no los odia porque sean judíos, pero es un hombre del pasado, lamentablemente, su hijo odia a los otros sólo porque sean judíos, él representa la realidad actual de las cosas, una historia completamente distinta.

JMH: ¿El poeta representa la posibilidad de no odiar y llegar a una solución pacífica?

YS: Ese es mi deseo, que la gente de ambas partes se unan y reconozcan el derecho que todos tenemos de vivir aquí, nadie se va a ningún lado, no tú te vas ni yo me voy, reconozcamos las fronteras, vamos a vivir juntos, podemos discutir todo esto y no seguir con un conflicto donde uno de los dos se tiene que ir, porque esa es una receta para una guerra permanente, una guerra eterna.

 


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Javier Moro Hernández

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