Opinión

Memoria extraviada / Tlacuilo

A la mitad del siglo XX. Crisis de la civilización y decadencia de la cultura. Es el título del libro que la UNAM publicó en 1957 al gran maestro y amigo, el doctor Pedro de Alba, en el que manifestó su desazón por el aciago camino de violencia en el que la humanidad se ha enfrascado para, gracias a los descubrimientos científicos y los avances tecnológicos, corra cada vez con mayor rapidez hacia… ninguna parte, pues en su prisa por llegar perdió la brújula. El ser humano actual es rico en recursos materiales que desperdicia en gran medida y pobre en sabiduría para utilizarlos en fines que valgan la pena; se conforma con satisfacer sus sentidos y se ha olvidado de alimentar su espíritu.

Ignorado el más distinguido rector del siglo XX. Procedente de San Juan de los Lagos, Pedro de Alba ingresa su adolescencia en el Instituto de Ciencias en 1903, al que luego -después de archivar su etapa como médico de la División del Norte- regresa en 1918 a reorganizarlo como rector para convertirlo en uno de los mejores institutos de ciencias del país, por el reconocimiento otorgado por los maestros de la Universidad Nacional de México a sus bachilleres; esto le permite ascender en su carrera académica hasta llegar a la dirección de la Escuela Nacional Preparatoria, de la de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de México y organizador -por encargo de Narciso Bassols, secretario de Educación Pública- de la Universidad de Nuevo León. Después fue diputado y senador por Aguascalientes y también diplomático de altos vuelos, llegando a ocupar la titularidad de la Misión permanente de México ante los Organismos Internacionales de la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra. Sería un gesto digno de encomio que la historia oficial que la Universidad Autónoma de Aguascalientes difunde en su portal de internet, incluyera el nombre del más distinguido de sus rectores en el siglo XX y que, de vez en cuando, se acordara de aquél que jamás olvidó, donde quiera que estuviese, al Instituto de Ciencias que tanto amó.

  1. Nuestra generación. Fue exactamente a la mitad del siglo XX que nuestra generación ingresó en ese mismo Instituto, que la extraviada actitud de un grupo de profesores, en connivencia con el anterior gobernador del estado, quebrantaron su autonomía para destruir la calidad que Pedro de Alba había logrado obtener y que ya no volvería a recuperar. Los egresados de aquella desquiciada época -yo incluido- llegamos a la UNAM hundidos en la indigencia intelectual, la que logramos superar con grandes dificultades gracias a eminentes maestros y comprensivos compañeros.

Un centenario ignorado. En medio de aquel vergonzoso conflicto que se prolongó de 1947 a 1952, nadie recordó que en 1949 se cumplía un siglo de la fundación del Instituto. Y por si esto fuera poco, el busto de Jesús Terán había sido retirado sigilosamente pocos años antes del Jardín del Estudiante, donde el gobernador Vázquez del Mercado lo había mandado instalar a principios del siglo en reconocimiento a su fundador junto con el de José María Chávez, quien se encargó de la remodelación del edificio que le dio cobijo permanente. Pareciera como si quisiera borrarse todo rastro de su memoria.

Más aún: En 1967 se celebró un falsificado centenario del Instituto con el pretexto de la creación de una desleída escuela de agricultura (que además de no llegar a funcionar ni medianamente, nada tenía que ver con los institutos científicos y literarios del país). No era sino el propósito de consolidar la invención iniciada en 1942, con la primera falacia de un 75 aniversario.

¿Concepción o nacimiento? Finalmente, cualquier persona -física o moral- festeja su cumpleaños en el día de su nacimiento, no en el de su concepción. La única que se ha visto obligada a celebrarlo en el día de su concepción es la Universidad Autónoma de Aguascalientes, pues se le festeja los días 19 de junio porque el de 1973 fue concebida cuando el rector introdujo en el Consejo Técnico del Instituto de Ciencias el paquete que contenía los cimientos documentales sobre los cuales se construiría la futura universidad.

Sin detenernos en las causas, el hecho es que la Ley Orgánica que le dio vida legal a la Universidad Autónoma de Aguascalientes -equivalente a su acta de nacimiento- quedó en vigor hasta que se promulgó en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado después de ocho agitados y embarazosos meses después, el 24 de Febrero de 1974.

Sin embargo, quienes revisamos los periódicos de anteayer, no encontramos referencia alguna al 41 aniversario del nacimiento de la UAA, que se debió conmemorar el día anterior.

¿Cuántos años más tendrán qué pasar para que ese aniversario se celebre en la fecha que le corresponde?

Aguascalientes, México, América Latina

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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