Opinión

Psicología & Diseño / H+D

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Por Néstor Damián Ortega / Iván Soto Castillo*

 

La primera virtud del conocimiento

es la capacidad de enfrentarse a lo que no es evidente.

Jacques Lacan

 

 

El diseño como disciplina multidisciplinaria se apoya en otras ciencias o campos para su proyección, una de las cuales es la psicología, por supuesto no es sencilla de definir ni tampoco de establecer en una oración, ya que igual que el diseño es un campo referente a lo social, su práctica, funcionamiento, teorías y aplicaciones son cambiantes, diríamos que ambos son campos adaptativos del conocimiento.

 

Definamos -para la utilidad de este texto- a la psicología como el estudio sistemático del comportamiento humano, y si el diseño es una práctica social especializada, los entendimientos entre ambos campos de estudio mantienen una relación estrecha entre sí. Esta relación aunque se ha potencializado en las últimas décadas a partir de la profundización del capitalismo, ha sido estudiada y puesta de manifiesto desde la aparición de las primeras escuelas de diseño como la Bauhaus (1919-1934), la Escuela de la Ulm (Hochschule für Gestaltung) o la Escuela de Chicago, fundacionales en occidente y que incorporaron el pensamiento alemán como la Escuela de Frankfurt que se adhería a las teorías de Hegel, Marx y Freud, representantes de la Teoría Crítica basada en la discusión crítico ideológica de las condiciones sociales e históricas en las que ocurre la construcción de teoría y la crítica de éstas dentro de la sociedad.

 

La relevancia de la psicología la lleva a ser incorporada en las academias de diseño para emplear herramientas útiles para el objeto y el desarrollo mismo de la disciplina, llámese textil, gráfico, industrial, audiovisual, etc. Dichas herramientas pueden estar en varios planos, desde el lenguaje, las imágenes, la formas, el color, la percepción, así como los procesos y las construcciones mentales relacionadas a entender y percibir un mensaje por medio del objeto, todo diseño comunica en un sistema de valores anclados a una sociedad.

La mayoría de los diseños deben considerar valores más allá del “núcleo” del objeto, es decir, de sus cualidades intrínsecas; lo que corresponde a un objeto por razón de su naturaleza y no por su relación con otro (color, textura, función, materiales, forma) y considerar la importancia de la “órbita” del objeto, aquí es donde entra en estado puro la psicología, ¿qué hay fuera de las cualidades intrínsecas?

 

En esa órbita está la percepción del cliente-usuario de ese objeto-producto, y ahí es donde verdaderamente pesan nuestras decisiones, el aprendizaje, las construcciones mentales y los juicios de valor entre múltiples factores que cabe aclarar se suceden en milésimas de segundo por medio de conexiones neuronales -sinapsis- sin dejar de lado la transmisión de estímulos sensoriales en cada uno de los sentidos que nos llevan a percibir el mundo desde nuestra individualidad según historias y conexiones previas, las cuales en muchos casos pueden provenir desde un nivel profundo de la mente, por ello “eso” que se diseña y se expone al mercado y a la mirada del individuo se juega un porcentaje elevado de aceptación o rechazo en segundos, por ello las marcas, las academias y los teóricos han dado paso a las teorías y corrientes psicológicas como un apoyo fundamental en el desarrollo del diseño.

 

Así entonces se forma parte de una actualidad compleja, innovadora y vanguardista de ambas disciplinas, cada vez más y con mayor profundidad se realizan estudios acerca de las áreas estimuladas en el cerebro, las asociaciones de ideas, reacciones y juicios. Cualquier diseño presenta un estímulo así como mensajes e imágenes que vamos asociando creando juicios de valor sobre ello -compartidos por un grupo social en la mayoría de los casos-, a esto se le llama el efecto Halo; referido a como las evaluaciones que generamos están influenciadas por juicios previos, de los que en la mayoría de los casos ni siquiera somos conscientes.

De manera natural -como especie- siempre tendremos un juicio de valor, el cual determinará el grado de importancia en cuanto a la selección de un producto, objeto o servicio, como el porqué sigue leyendo este artículo, en este diario y el día de hoy, el porqué portamos determinada ropa o por qué compramos en tal supermercado o hacemos la misma ruta para llegar al trabajo.

 

A diario ejercemos cientos o miles de juicios de valor y por ende de discriminación de ideas, productos y conceptos, es un proceso continuo donde influyen toda una serie de construcciones aprendidas, llámese estereotipos, clichés, elecciones por comodidad o seguridad, lo cierto es que en psicología se estudia que muchos de estos juicios y discriminaciones provienen del concepto de mente profunda, referido a la mente subconsciente e inconsciente encargada de crear el mundo que percibimos a través de los sentidos.

El consumo de las masas con respecto al diseño se basa en la selección por medio de juicios, proceso mental que trabaja con distintas atenciones, una de ellas; la selectiva. Dentro de este proceso el cerebro se encarga de buscar -en la mente profunda o inconsciente- información relacionada a la operación que se ejecuta en el momento y realiza un proceso de selección en donde las emociones juegan un papel vital y decisivo, la mente descarta, discrimina y selecciona, ya que no es capaz de integrar lo desconocido de lo conocido (por la misma construcción de la mente) y por ende tiende a optar por lo conocido, el juicio previo, la seguridad, el bienestar, la integración, etc. Esto debido a una “clausura operativa” según el psicólogo Niklas Luhmann en su libro Introducción a la Teoría de Sistemas (1996). La mente siempre busca relacionar lo que percibe con algo antepuesto, dando sentido a la experiencia nueva, así cuando intentamos hacer, crear o percibir algo distinto se estimula una parte del cerebro llamada el núcleo Accumbens o punto de ansia, una función importante de este núcleo está en el placer incluyendo la risa y la recompensa, así como el miedo, la agresión, la adicción y el efecto placebo.

 

Las zonas de frontera y de encuentro entre los campos del diseño y la psicología están actualmente en sus puntos más altos, si bien existen academias y universidades que generan estos estudios, son las grandes marcas y las corporaciones las que mayores recursos destinan a ello debido al interés por descubrir los enigmas de la mente y su relación con las decisiones cotidianas, a simple vista decisiones seguras y conscientes, pero campos como la psicología y las ciencias cognitivas amplían el horizonte del conocimiento humano en donde el diseño permanece atento.

*Es psicólogo con entrenamiento en Programación Neurolingüística.

1 Comment

  1. Silvia

    20/02/2015 at 12:23

    Muy interesante!!!

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