Opinión

Vandalismo constitucional (2 de 2) / Tlacuilo

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A la memoria del 5 de Febrero

La tercera ley dinámica de Newton afirma que “Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria…” Aplicada a las ciencias sociales, ayuda a entender cómo toda opresión intolerable provoca una revolución popular; a su vez, la oligarquía derrotada provoca una contrarrevolución para recuperar sus antiguos privilegios y así sucesivamente, sin encontrar -hasta ahora- solución que ponga punto final al círculo vicioso que impide que la humanidad viva en armonía mientras sean los amos del dinero -fuente de todos los males- quienes sostengan los hilos del poder real, ahora financiero y mundial, que todo lo controla incluyendo a los gobiernos.

  1. La Contrarrevolución en México empezó después del máximo apogeo revolucionario alcanzado en el régimen de Lázaro Cárdenas (1934-1940) con medidas que, como las larvas que las polillas depositan en las paredes del panal cuando no logran entrar, penetraron por las pequeñas fisuras cuando el régimen de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) dio el primer zarpazo al quitarle los colmillos al Partido de la Revolución Mexicana (PRM) al convertirlo, en enero de 1946, en un desdentado Partido Revolucionario Institucional (PRI); por una parte, por la vía de debilitar a las centrales obrera (CTM) y campesina (CNC); por la otra, al imponer el emplasto inodoro de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP).

Todo ello dejó al régimen de Miguel Alemán (1946-1952) la vía libre para establecer el charrismo sindical (táctica bautizada con el apodo de su primer ejecutor, el hidrocálido Charro Díaz de León) y la famosa democracia dirigida, que el escritor peruano Mario Vargas Llosa bautizó con el nombre de dictadura perfecta en 1990. Alemán, incluso, fue el primero en atreverse a socavar el artículo 27 constitucional para empezar a frenar la Reforma Agraria tan odiaban por los exterratenientes nacionales y extranjeros. Fue allí cuando la Revolución empezó a languidecer.

Estrategia Lansing. Para comprender más fácilmente el resto de la historia permítaseme retroceder a 1924, cuando Randolph Hearst (el inventor del periodismo amarillista) estaba en plena campaña de presión al gobierno estadounidense para invadir a México y acabar con la Constitución que les impedía explotar nuestro petróleo. Robert Lansing, quien había sido secretario de Estado del presidente Woodrow Wilson (1913-1921), mandó publicar una carta que, entre otras cosas, contenía el siguiente pronóstico:

“México es un país extraordinariamente fácil de dominar porque basta con controlar a un sólo hombre: el presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso llevaría, otra vez, a la guerra. La solución necesita más tiempo; debemos abrir a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y en el respeto del liderazgo de los Estados Unidos… Con el tiempo, esos jóvenes… se adueñarán de la presidencia. Sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos. Y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros”.

  1. 1982. La Revolución en terapia intensiva. Casi seis décadas después de aquella carta y de innumerables intrigas y presiones imperiales, arribaron a la presidencia de México los conocidos como primeros presidentes extranjeros nacidos en México quienes, después de lavado su cerebro en la Universidad de Harvard con el shampoo american dream de la estrategia Lansing, se han desempeñado como mayordomos a su servicio; entonces sí empezó nuestro país a recibir embates demoledores como fueron, entre otros, los provocados por el grave error de pedir un empréstito al gobierno de Estados Unidos para combatir la crisis económica del país a cambio de establecer el neoliberalismo, que requería desactivar los principios revolucionarios de la Constitución de 1917, lo cual se tradujo en la cínica venta de garage de las empresas del Estado, que eran el patrimonio del pueblo; la fractura definitiva del artículo 27 y su Reforma Agraria en 1992, aparte de que ahora es más grande la deuda del Fobaproa-IPAB que cuando se contrajo; el país está sometido a la sangría permanente del TLCAN, al binomio corrupción/impunidad, etc. Al propio tiempo, se suprimieron del lenguaje oficial términos altisonantes como revolución y nacionalismo.
  2. 2000. Luego llegaron los panistas neoliberales (?) impuestos por el PRI para satisfacer los deseos bipartidistas del imperio; pero como en 12 años no pudieron hacerle mayor daño a los puntos clave de la Constitución con lo que bautizaron con el hipocritón título de reformas estructurales, el imperio puso en práctica su famosa alternancia encumbrando al más agresivo contrarrevolucionario para desfigurar totalmente la Constitución de 1917: un destacado miembro de un partido “revolucionario” pero educado en empresas privadas y confesionales, nativo de Atlacomulco, que se dice admirador de Isidro Fabela pero que se escandalizaría si llegara a leer alguno de sus libros revolucionarios y antimperialistas, riesgo al que parece ser inmune por su escaso interés por la lectura.
  3. 2012. Con una total falta de respeto por los procedimientos legislativos que contradice lo que supondría su formación jurídica, vandalizó alegremente la Constitución en un santiamén con el aplastante apoyo de un Congreso santanero que terminó de entregar el país al extranjero, mientras el teatrito se le caía a pedazos porque en su mente no hubo lugar para todos los rubros del gobierno que debía atender.

Requiescat ¿in pace? Ahora, con una crisis económica aplastante y un país agobiado por la violencia generalizada que heredó gustoso de un drogadicto que en su delirium napoleónico “inventó” la guerra contra las drogas, el atlacomulqueño tiene en sus manos un caldo de cultivo para cosechar más y más violencia sin fin… y una Constitución descuartizada e inservible que no es por la que ofrendaron su vida por lo menos un millón de mexicanos.

El pueblo, por su parte, enajenado por las peligrosísimas armas tecnocráticas en manos de miopes mercaderes, poco caso hace de estos temas; pero la falta de trabajo remunerador, de seguridad social y el exceso de factores nocivos y ajenos a la justicia social, incrementan la miseria y el hambre que empuja a lo que sea para conseguir qué comer; el más peligroso detonador de las revoluciones en las que no hay ley que valga, hasta que se consolide una nueva Constitución… ¿que resistiría cuánto tiempo? Esto está para pensarse.

Aguascalientes, México, América Latina

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Nota: quedan en la alforja dos temas constitucionales más, que abordaremos en la primera oportunidad.


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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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