Opinión

Necesitamos izquierdas (final) / Enrique F. Pasillas P.

Poder para beneficio colectivo se llama bien común. Poder para beneficio propio se llama corrupción.

Jorge Mario Bergoglio

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Anteponiendo una disculpa y agradeciendo la paciencia de mis amigos y colegas Jornaleros, anticipo que la presente no es más que la versión final de mi participación en el espacio Esfera Pública del pasado lunes 2 de marzo en La Jornada Aguascalientes, que por un error sólo imputable a mi persona se publicó en una versión de borrador. Aquí va pues la versión terminada.

Es tan compartible la posición editorial de mis colegas de LJA sobre la izquierda mexicana: Izquierda autista, la llaman en La Jornada, 17 de febrero de 2015, que difícilmente se puede discutir con argumentos sólidos. El problema es que México necesita con urgencia unas izquierdas serias, modernas y progresistas, con una agenda social enfocada a las necesidades de los ciudadanos y especialmente de los más humildes, que son la gran mayoría en este país; que sea además una alternativa de gobierno nacional, con un ideario político basado fundamentalmente en la búsqueda de la justicia social y de la profundización democrática desde abajo, donde las autoridades de todo nivel mandan obedeciendo.

Y lo grave es que por el contrario, sufrimos y padecemos (no olvidar que los partidos políticos, entre ellos los que se dicen de izquierda, consumirán, usarán y abusarán del presupuesto público con un gasto aproximado de 25 mil millones de pesos en 2015, según el INE, para hacer las elecciones más caras en la historia, con los márgenes de credibilidad y confianza ciudadana más escasos para los partidos y los políticos, probablemente con un alto grado de abstención) de unas izquierdas que en general se hunden víctimas de sí mismas y de sus evidentes vicios y contradicciones, que al parecer sólo sirven hoy en el mejor de los casos, para hacer de grotesca comparsa del poder “pactista”.

Así que tiene razón Leonardo Curzio cuando dice que ni un niño de pecho se cree el cuento perredista de que ellos pueden y saben gobernar de otra manera, porque la realidad de sus desgobiernos en Michoacán o en Guerrero, sólo por citar los casos más graves, los desmiente rotundamente y los pone al mismo nivel que los demás. Pareciera entonces sólo quedarles en su catálogo virtuoso la experiencia llena de claroscuros de la capital del país, mucho mejor con Cárdenas y López Obrador y bastante desdibujada con los que les siguieron hasta hoy. Pero aun así, la capital, siendo la capital, está muy lejos de Quintana Roo o de Baja California, y los logros de la izquierda mexicana con experiencia de gobierno relevante, arrastran con el desprestigio de personajes como los Godoyes, Bejaranos, Robles o Aguirres.

Pero eso lo que hay, coincidiendo con don Gilberto Carlos Ornelas, distinguido militante de la izquierda progresista en Aguascalientes. Sostengo, pues, que la izquierda de este país, incluso a pesar de ella misma y de sus regresiones y taras congénitas, ha jugado en papel clave en la incipiente y débil democratización de México, de manera que mucho de lo poco alcanzado en las pasadas décadas en progreso social contante y sonante, sería impensable hoy sin las luchas de las y los ciudadanos de izquierda. Lo que ocurre es que lo alcanzado no es ni con mucho suficiente ante los ingentes retos que encara el país. Ahí está el reto fundamental.

Sin duda ser alternativa real de gobierno en México, pasará en el futuro por la conformación de unas izquierdas vinculadas, posiblemente coaligadas y articuladas, que hagan oposición sólida y real a la manera chilena o brasileña hasta alcanzar el gobierno nacional; que sean alternativa real de gobierno en mayoría y que dejen el aldeanismo endémico al que somos tan afectos en México por igual a la izquierda que a la derecha. Necesitan con urgencia una agenda internacionalista, altermundista, ambientalista y pacifista que de momento no existe. Mientras, una forma sensata de invertir el voto en vez de desperdiciarlo anulándolo o votando en blanco como algunos insensatos vienen proponiendo el 7 de junio próximo, puede ser votar por aquellas alternativas de oposición reales aunque todavía marginales. Morena entre ellas, pues se trata de hacer algún contrapeso, así sea simbólico y testimonial, al despotismo desilustrado que padecemos.

En lo internacional, tiene mucha razón mi amigo y editor Paco Aguirre cuando apunta en Esfera Pública del pasado 16 de febrero en LJA a que Podemos, el movimiento social-partido español que ya cosechó sus primeros 5 eurodiputados el año pasado, es el fenómeno político del año. Puede serlo sin duda en noviembre próximo, después de las elecciones generales allí.

De momento, lo de hoy sin duda se llama Synaspismós Rizospastikís Aristerás: Syriza o en español: La Coalición de la Izquierda Radical, liderada por el joven primer ministro griego Alexis Tsipras, quienes fueron capaces de ganar el poder político a los dos partidos tradicionales que se repartían el gobierno en Grecia desde el final de la segunda guerra mundial. El programa de Syriza es muy sencillo: primero los ciudadanos, después los bancos. Y un terminante no al “austericidio” propugnado por la infausta troika que gobierna de facto en Europa: Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI. Así, es el pueblo y el nuevo gobierno de este pequeño pero valiente país, por lo demás germinal en la historia de occidente, el que nos marca la ruta de lo posible, que de eso se supone que se trata la política. Al tiempo, nos da muchas lecciones que pueden ser útiles a las izquierdas de otras latitudes. Con esa misma idea básica impulsada por Syriza; otro país de la periferia norte europea, Islandia, se salvó de la debacle económica a la que parecía condenarla la banca internacional hace pocos años sin imponer a su población sacrificios intolerables. Y eso mismo, con su propio acento, es lo que han hecho países tan diversos como Brasil, Uruguay, Ecuador o Bolivia, cuyas economías incluso crecen en tiempos de recesión por encima de la media internacional. Porque son posibles alternativas diferentes al “pensamiento único” que nos han aplicado los dirigentes tecnócratas hijos del consenso de Washington, con sus nefastas políticas de ajuste estructural, privatizaciones y cero déficit acompañados de sus aliadas oligarquías locales y foráneas.

Mexicanizándonos: ¿Qué ven en realidad mexicana personajes tan disímbolos como Fernando del Paso, Jorge Mario Bergoglio, Lula Da Silva, Pepe Mujica, Evo Morales o Rafael Correa?; ¿Qué ven medios prestigiados en el mundo como The New York Times, Los Angeles Times, The Washington Post, The Economist, Financial Times, o Instituciones como El Parlamento Europeo, el Comité de Derechos Humanos de la ONU, La CIDH o los cineastas Cuarón, González Iñárritu o Guillermo del Toro que nuestra autista clase política es incapaz de ver ni oír? Otra sí digo: agradezco a mi amigo y colega Ignacio Villa Rica de Camas por sus atinados comentarios sobre el significado actual de las izquierdas allá y acá.

@efpasillas


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Enrique F. Pasillas

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