Opinión

De Murphy y de refranes / Enredos financieros

Estimado lector, esperando que esta Semana Santa haya sido de descanso, reflexión y renacimiento en todos los sentidos, hablaremos de la ley de Murphy y los refranes mexicanos.

¿Qué tienen en común ambos? Que creemos a pie juntillas que es la verdad absoluta ambos casos, que la ley de Murphy es tal, una ley, y que los refranes mexicanos son la sabiduría popular, una verdad absoluta que se aplica en la realidad y una vez que haces el traje a la medida no puedes salir de él.

La ley de Murphy dice que cuando algo tiene que salir mal, saldrá mal, y lo creemos de tal forma que muchas veces cuando despertamos y tenemos una noticia imprevista, adversa a lo que necesitamos o queremos, pensamos inmediatamente que Murphy va a hacer de las suyas en ese día, y seguimos nuestras tareas de forma tal que esperamos catástrofes, malas noticias y cualquiera de las noticias o eventos del día los vemos de la peor forma posible para que encuadre en nuestro pensamiento.

Lo mismo pasa con los refranes mexicanos, cuántas veces vemos a alguien de edad queriendo aprender algo y comentamos “chango viejo no aprende maroma nueva”, o a alguien que no puede salir de un obstáculo se le adjudica el refrán de “el que nace para maceta no sale del rincón”; lo peor es que hacemos hasta la corrupción parte de ese refranero, con “el que no es transa no avanza”.

Todo esto es debido a que queremos un mundo perfecto, donde no tengamos que enfrentar cambios o contratiempos, donde lo planeado se dé por hecho y que lo mejor sería si todo ocurriera como lo tenemos previsto.

Se nos olvida que existe la incertidumbre. Y cuando llega muchas veces la odiamos.

La incertidumbre puede aparecerse desde el momento en que despertamos y recibimos una llamada no esperada de un familiar para dar una noticia de cualquier índole, hasta recibir algo inesperado.

Y no nos gusta. Cuando suena el teléfono temprano, lo primero que pensamos es negativo cuando puede ser para una buena noticia.

Si todo saliera como lo planeamos, es como si supiéramos el futuro, la vida sería muy aburrida, en extremo, no podríamos crecer como personas y todo se haría de forma cuasimecánica.

La incertidumbre es lo que da sazón a la vida, lo que nos hace buscar ser mejores y hacer cosas que nos vayan ayudando en el futuro.

Pero pareciera que se les olvida la incertidumbre en el Gobierno Federal. Hacen un plan de desarrollo sexenal como el plan A, B y C. Se quieren ajustar a él cuando la realidad llega y los golpea de tal forma que no saben cómo continuar o modificar los mismos para lograr los objetivos planteados. Cuando Fox llega a la presidencia, la expectativa de un acuerdo migratorio y económico con Bush era muy grande, hasta que llegaron los atentados terroristas del 11 de septiembre. ¿Qué hizo Fox? Tardarse mucho en dar condolencias, no supo cómo continuar y navegó en la oscuridad el fin de su sexenio.

A Calderón le pasó algo similar, pero con la crisis del 2008, que le explotó a todo el mundo en la cara. ¿Qué hizo Calderón? Minimizar los daños, y México fue de los países que menos fueron afectados por esta mega crisis.

Llega Peña Nieto con sus reformas estructurales pero pensando sobre todo en que el capital tendría que salir del petróleo. Y llega la realidad dándole de golpe un precio al 50% de lo que el pensaba que estaría. Y ni con sus reformas hemos podido crecer y la economía nada más no va.

Parece que esta apenas reaccionando Videgaray diciendo que se hará un presupuesto desde cero para el 2016. Eso esperamos. Pero lo que esta incertidumbre nos debe enseñar es que debemos reinventarnos, no es posible que nuestros millonarios de la lista de Forbes sean casi todos beneficiarios de sus fortunas por HERENCIA. En México no tenemos la cultura del empresariado millonario. Caso totalmente distinto al americano, donde los millonarios se crean de la noche a la mañana. Aquí nuestros millonarios son de sectores que están cayendo y se les considera del siglo pasado, como telecomunicaciones, monopolios, minería, principalmente. No tenemos un millonario que se haya autogenerado, salvo el caso de Ricardo Salinas Pliego, aunque siempre estará la duda del apoyo de Carlos Salinas para que su negocio creciera.

El país, así como el presupuesto, debe reinventarse. No es posible que se piense que para ser millonario debe hacerse uno político. Las políticas gubernamentales, empresariales y educativas deben llevarnos a mejores ámbitos de desarrollo de empresa para ahora sí pensar en millonarios nuevos en nuestro país que generen más riqueza.

Comentarios a finanzasmodernas@gmail.com

 

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José de Jesús González Serna

José de Jesús González Serna

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