Esfera Pública

Esfera Pública: Campañas y Elecciones

¿Qué podemos esperar de las elecciones? Lugares comunes

Francisco Aguirre

Justo ayer empezó la contienda por el voto, la lucha por el respaldo ciudadano para acceder al poder. Llevadores de nuestras injusticias, nuestros anhelos cívicos, nuestros símbolos de lucha para los que consideran lo público como fenómeno elemental para alcanzar la realización, o bueno cuando menos así parece en papel, los candidatos de diez partidos recorrerán calles, medios de comunicación, colegios, organizaciones, puestos de tianguis. Saludarán a muchas personas, las reconocerán como amigos, como si fueran conocidos de años y estarán atentos, pre y ocupados por sus palabras.

En el país se elegirán dos mil 159 cargos de elección popular, 500 diputaciones federales, nueve gubernaturas, 641 diputaciones locales y 993 alcaldías. En Aguascalientes, la saturación de personajes no será del mismo tamaño que muchos estados vecinos, acá, si las sorpresas no nos alcanzan, tendremos 31 candidatos por mayoría, que aspirarán a tres puestos por mayoría relativa. Tres diputaciones federales. Sobre las plurinominales sabremos hasta finalizar la elección. Diez partidos políticos intentarán representar a la ciudadanía y un candidato independiente, en la que tal vez se considere la etapa con menor credibilidad del sistema de partidos en la historia del país.

El lugar común del debate, dentro del terreno especulativo, inicia en la representatividad, quién o qué representa ahora a la clase media pujante y trabajadora, quién a los jóvenes, quién a las campesinos, cuándo y cómo hablarles, quién convence a la señora ama de casa, joven y no tan joven, de que, en verdad, salir a votar y participar es algo bueno y no una condición para ir a ver qué regala el candidato.

De los diez partidos, mucho que ver y escuchar. El PRI, el partido en el poder, federal y estatal, buscará no autoengañarse con encuestas y estrategias miopes y falsas, contrarrestar la macro tendencia digital anti-Peña Nieto y tal vez no subestimar los mensajes de una estirpe de “boicoteadores” electorales que lo único que pretenden alentar es al status no móvil. Ya ni dotes de creatividad existe en los promotores del voto nulo, que cuando empezó en México, 2009 aproximadamente, era una forma de voltear a ver el sistema y su funcionamiento. La utopía de que no votara nadie para resetear el sistema se consideraba un hackeo posible y por demás sexy, ahora ni eso.

El PAN, como artista sin fama, buscará recrearse, reencontrarse con los 90, un discurso cantando anti-PRI, anti corrupción, anti reforma fiscal. No darle la mayoría del Congreso a Peña Nieto a toda costa. En eso hasta el desgastado PRD se sumará, un partido de izquierda sin figuras emblemáticas ni representativas, las monedas de cambio estarán a la orden del día, como dirán una cosa dirán otra, en su semiótica de no haber votado por la reforma energética los encontraremos, que entendamos de qué nos hablan sin dispersar, otra cosa será. Si el petróleo es nuestro o no, cosa de muchos y de pocos.

Los partidos nuevos, Humanista, Encuentro Social, a la expectativa de su planteamiento, de sus candidatos, de su frescura, de su ánimo por deliberar y construir. Morena, “con la esperanza de México”, competirá por los mismos votos que el PT, o al revés, con la diferencia que sólo uno tendrá a Andrés Manuel López Obrador en sus spots. Alguno de estos muy probablemente se quedará sin registro.

Panal, con su plataforma abiertamente liberal (2012), desde lo económico estará a la suerte de la presidencia de la República y de los cacicazgos y caudillismos regionales. Querrán permear como la humedad, “ir desde abajo” y resultar caros en el Congreso. Movimiento Ciudadano, con su retórica, buscará afinar puntería en los estados y distritos más importantes para sus fines, Jalisco, Nuevo León entre ellos. Con un tono seco y directo desnudarán payasos, incapaces y paleros. Un discurso de hechos, de saber explicar, de comunicar mejor que ninguno otro partido en internet (según AdQat), no resulta despreciable en la escena, aunque en lo local pareciera una subestimación a lo que sucede en otros lados. Del Verde Ecologista, esperar lo que sea. Su concepción de derecha, su aspiración a patiño político y su cinismo frente a lo legal deberían provocar indignación, su rol frente al PRI de aliado en la mayoría de los distritos desnuda sus intereses. En Aguascalientes, no irán en alianza. Cuando menos en lo formal, quizá no de facto.

Hasta ahí los jugadores y los múltiples obviedades, pero y, ¿el árbitro-administrador de las elecciones?

El Instituto Nacional de Elecciones, a casi un año de su “nacionalización”, ante posiblemente la más cuestionada versión del órgano, por caro, “centralizador” y burocrático, enfrenta también la misma circunstancia de excepción, la falta de credibilidad. Un instituto único en el mundo donde los partidos no sólo son financiados por el Estado a plenitud, sino que además tienen voz. Un instituto que perdió la oportunidad de replantear un esquema de servicio profesional de carrera donde eligiera a sus líderes provenientes de esa idea, no dependerá de la calidad del material de la boleta, ni si es electrónica o no, tampoco de la obligatoriedad del PREP, ni de haber instalado todas las casillas sin conflicto, de haber convocado y capacitado satisfactoriamente a todos los ciudadanos funcionarios de casilla que donan su interés y tiempo, tampoco su credibilidad estará dada por el nivel de eficacia al entregar y procesar todas las actas de escrutinio.

Su credibilidad dependerá al terminar con el descaro y cinismo de los actores políticos, de hacer valer la ley, aunque sin inocencia, tampoco se espera que actúe con motu propio. Los afectados, los agraviados deberán ser puntuales en sus argumentos jurídicos para que en verdad, sin falsos discursos, se judicialice la elección, que las leyes imperen y dominen el marco de la elección y que nuestra confianza, a las elecciones en su conjunto, supere estos niveles de pre-democracia. Sí, judicializar la elección, desde el buen y estricto entendimiento del término. Eso es lo que desearía de la elección.

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Por sus campañas los conoceréis

Gilberto Carlos Ornelas

Es deseable que las campañas electorales que empezaron el día de ayer tengan como resultado, el 7 de junio, una nueva correlación de fuerzas en el Congreso de la Unión, una mayoría de nuevos legisladores y legisladoras que no regateen la transparencia, que no les tiemble la mano en el combate a la corrupción, que sean un contrapeso socialmente y políticamente útil y que tenga la visión clara de la necesidad de refundar las instituciones de la República convocando a un Congreso Constituyente. Para lograr eso, los ciudadanos tendremos que buscar entre las diez fórmulas que se registraron en nuestro respectivo distrito, la candidata o candidato que represente de mejor manera nuestras opiniones y reclamos. Los nuevos tiempos del país reclaman que la decisión del voto sea más informada y con compromisos claros de los candidatos. No se ve fácil cuando las campañas tradicionalmente han sido de mucho ruido y poca propuesta, de mucho marketing y pocos compromisos.

De entrada, los expertos encuestólogos y liderazgos políticos han pronosticado que por el desánimo y la crisis de confianza, habrá una baja en la participación electoral; que si en 2012 votó el 60% de los electores, en 2015 tal vez llegue al 40%. Y nadie ha considerado que los llamados de los promotores del boicot electoral, encabezados por Javier Sicilia y los movimientos radicales de Oaxaca y Guerrero, tengan algún éxito, aunque en los comicios de 2009 el voto nulo llegó al 9%, un porcentaje que ya quisieran asegurar los partidos pequeños y medianos.

Ese anunciado abstencionismo da pie a lo que seguramente será la principal táctica de los partidos y candidatos en campaña: los operativos de movilización de contingentes de votantes comprometidos que prevén, serán determinantes en los resultados. Surge una perversa ecuación: a mayor abstencionismo, mayor valor electoral tienen los grupos de votantes bajo control político o corporativo; a mayor participación electoral de los ciudadanos, menor peso electoral tendrán los grupos clientelares. No es cosa menor, por eso la salud de nuestra incipiente democracia reclama una copiosa participación de los ciudadanos.

En ese punto, no deja de sorprender el entusiasmo del PRI y del INE, porque han descubierto que los mexicanos tenemos una gran cultura cívica y no habrá distractor que nos aparte de la urnas en día de elecciones y que por ello debemos creer que no hubo mano negra ni intención de estimularnos a quedarnos en casa viendo el partido México-Brasil con chelas y botanas ese día. Los mexicanos estamos por encima de eso -nos han dicho- y ojalá así sea.

Otro aspecto pronosticado es la saturación del espectro electromagnético; en el país escucharemos y veremos 14 millones de spots; en Aguascalientes, nuestra ración será de 140 mil,  equivalentes a 46 mil minutos; más de 750 horas; más de 30 días de transmisión continua si fuera una sola estación emisora. Demasiado tiempo para transmitir anuncios de 20 o 30 segundos, intercalados a toda hora en la programación normal, jingles pegajosos, frases huecas y el mejor photoshop de candidatos y partidos. Algunos opinamos que se podría hacer más con menos tiempo de transmisión si en lugar de spots presentaran programas de diez o 15 minutos, respetando el derecho de cada espectador a cambiar la sintonía o que quien lo desee pueda escuchar propuestas más completas y serias.

También estará saturado el espacio físico; mamparas espectaculares contratadas en masa, tantas como se puedan justificar con la nueva fiscalización, según el poderío económico de cada partido y candidato. Las bardas de casas, edificios y baldíos serán cubiertas con propaganda política y competirá con la de la Feria de San Marcos, pero también esa gran fiesta popular será campo de reparto de todo tipo de propaganda -biodegradable dicen- en textiles y papel.

En los medios electrónicos e impresos se intensificará la creativa búsqueda de hacer propaganda disfrazada de información y cada contendiente afina ya sus tonos de indignación para pedir “tarjeta amarilla” y denunciar pudorosamente “guerras de lodo” cuando se divulgue información incómoda verídica o simulada.

Donde sí podrá haber de todo y sin medida, será en la campaña de “a pie”, donde los activistas visitan casa por casa, con lista en mano y marcador para señalar la posible lealtad y color de los compromisos de los votantes de cada vivienda; si están conscientes de quien los benefició o beneficiará con tal o cual programa o tal o cual “apoyo” en el pasado, presente o futuro. Sobre lo que se prometa, comprometa, otorgue, pida o se dé en el terreno del “tet a tet” electoral, no habrá autoridad terrenal que pueda tener control o fiscalización, salvo cuando el ciudadano o ciudadana denuncie si hubo cohecho, coacción o sólo un forzado intercambio de compromisos.

Los que dicen que quieren cambiar las cosas debieran evitar las campañas tradicionales y hacer  las cosas diferentes, más inteligentes, más creíbles, para comenzar con plena transparencia y compromisos claros y directos.

Lo leí y casi no lo creí: un presunto partido opositor está “pensándole con toda dignidad” si sus candidatos asumen el #3de3 que recientemente ha propuesto una ONG. Y si fue cierto. Pero, si en campaña un candidato no se atreve a decir cuánto tiene, a qué se compromete y cuáles son sus intereses, ya podemos saber cómo va a legislar: bajo consigna y en la opacidad.

Tienen razón los estudiosos de los procesos electorales que afirman que buena parte de la calidad de las campañas la determinamos los ciudadanos. Una ciudadanía exigente con los valores éticos de la política, con la transparencia, con la honestidad y con la democracia no debe dejarse aturdir por las campañas de contaminación por saturación. En medio del ruidoso marketing de slogans y spots, habrá que buscar a los mejores candidatos y candidatas y sólo a ellos darles nuestro voto.

Ojalá, entre las decenas de candidatos y candidatas, sí haya quienes respondan con claridad a los compromisos de transparencia y rendición de cuentas para terminar con la impunidad y el fuero a todos los niveles, a legislar de acuerdo con sus electores y no siguiendo consignas e intereses partidistas, a actuar en el Congreso como contrapeso democrático y republicano, a la necesidad de convocar a un nuevo Congreso Constituyente para elaborar la nueva Constitución y refundar la República.

Bien dice mi generoso amigo, Paco Aguirre, que cada partido político va a hacer campaña poniendo en práctica lo que sabe hacer y que el INE tiene el reto de hacer creíbles las elecciones justo cuando la confianza en el gobierno y las instituciones está por los suelos.

Aún así, lo que principalmente está en juego en estas elecciones es la situación política del país: o se integra un Legislativo que sea contrapeso al presidencialismo haciendo eco de los grandes reclamos populares y contiene el proceso de degradación institucional o una composición mayoritaria de legisladores comparsas del autoritarismo acentuará la descomposición de los poderes públicos.

Acorde a la Pascua que comienza, en los próximos 60 días aplicaremos una máxima bíblica modificada: “Por sus campañas los conoceréis”.

@gilbertocarloso

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La Jornada Aguascalientes

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