Opinión

¿Existe Dios? / Tlacuilo

“Ejercicios espirituales para marxistas”

Anuncio en el tablero de avisos

de un templo católico colombiano. 1962

 

Asistí a una sesión excepcional en Aguascalientes. En el pequeño espacio que la cafetería Casa Corazón había facilitado a los organizadores, algunos de los asistentes tuvieron que sentarse en el suelo y a los últimos sólo les quedó la opción de agolparse tras las puertas de acceso tratando de no perder el hilo.

Cuando recibí la invitación de profesores de la Universidad Autónoma de Aguascalientes para a asistir a un café filosófico en una instalación tan informal y ajena a las institucionales, acudí con una curiosidad que se convirtió en sorpresa cuando, al llegar, me enteré que la plática versaría sobre el tema filosofía de la religión. ¿En Aguascalientes, en plena cuaresma y en un lugar público que está justo frente al templo de La Merced? Pero lo más desconcertante fue cuando el expositor, profesor Pável Zavala, puntualizó que el tema específico era el de la existencia de Dios.

No podía creer que lo que hace no muchos decenios se hubiera considerado una herejía en esta provincia olorosa a incienso atrajera ahora a una audiencia tan numerosa, considerando que un auditorio de veinte personas en cualquier conferencia ya es multitud.

Ágil, bien documentado y objetivo, el conferenciante demostró su dominio del tema esgrimiendo tanto los argumentos de los más célebres representantes de las religiones y corrientes filosóficas occidentales que proclaman la existencia de Dios, como los que la niegan.

¿A qué conclusión se llegó? Obviamente a ninguna, porque independientemente de que siempre hay quien pretenda imponer su criterio personal, no se trataba de convencer a nadie sino de invitarnos a reflexionar sobre un tema en el que generalmente no se profundiza.

Ésa es precisamente la magia de la filosofía: ejercer la libertad de pensar, expresar y actuar a favor, en contra o no de cualquier propuesta pero siempre estimulando la reflexión independientemente de la pasión con que se discuta, pero con absoluto respeto a las ideas por divergentes que sean.

¿Cómo surgió este afortunado experimento? Al inquirir sobre esto, se me dijo que había aflorado por la necesidad natural de la comunidad filosófica de oxigenarse mediante el contacto con la sociedad, para no quedarse en la especulación estéril por mantenerse ajena a esa comunidad de la que la propia Universidad surge y a la que se debe. Y que el positivo resultado que está a la vista les estimula a continuar despertando inquietudes.

Anécdota filosófica. Termino con la experiencia curiosa a que se refiere el epígrafe del presente artículo. En el año de 1962 realicé un viaje por América Latina para conocer, sentir y aprender a amar nuestra región, sobre la que estaba trabajando mi tesis profesional.

Cuando llegué a Bogotá, todavía en cuaresma, recordé la anécdota que nos había contado el maestro Pablo González Casanova acerca de los ejercicios espirituales para marxistas que se impartían en aquél país hermano, hecho que tuve la oportunidad de confirmar y comentar con el doctor en sociología, Orlando Fals Borda, rector de la Universidad Nacional de Colombia. Y si bien discurrimos acerca de la influencia que podrían recibir los marxistas por parte de la doctrina católica, también tocamos la posibilidad de que los sacerdotes católicos recibieran influencia del marxismo, cosa que quedó en evidencia -seis años después de aquella conversación- con la amplia y profunda participación revolucionaria de los obispos latinoamericanos en el Concilio Vaticano II y en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano precisamente en Medellín, Colombia, ambos acontecimientos en el año eje de 1968 y de los que surgió, impetuosa, la Teología de la Liberación que impuso en América Latina la acción pastoral preferencial por los pobres y los jóvenes y la utilización de los recursos científicos humanísticos como la política, la economía o la sociología para alcanzar la justicia social equivalente al reino de Dios en la tierra, lo que en un momento dado hace aparecer no sólo expresiones como teología dialéctica, sino hasta sacerdotes en plena acción guerrillera.

Y si bien es cierto que cuando la Teología de la Liberación se expandió al mundo entero fue combatida ferozmente por el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe (la antigua Santa Inquisición), el hecho es que hoy por hoy un teólogo argentino de la liberación lleva las riendas del Vaticano.

No es extravagante, pues, afirmar que la colaboración entre religión y marxismo sea imposible, o que el estudio de la filosofía de la religión -o de cualquier otro tema- sea ocioso.

Así pues, compañeros filósofos, gracias por traer al pueblo la brisa refrescante del pensamiento que nos libera tanto a ustedes como a nosotros. Están ustedes cumpliendo con un elemento fundamental en la definición del concepto Universidad, que es el perfeccionamiento de la cultura.

“Por la unidad en la diversidad”

Aguascalientes, México, América Latina

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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