Opinión

Galeano / H+D  

By  | 

Publicidad

Yo creo que fuimos nacidos hijos de los días,

porque cada día tiene una historia y

nosotros somos las historias que vivimos…

Eduardo Galeano

En la genealogía del apellido Galeano -que aparece en el libro de oro de la nobleza- se muestra una línea que data su origen en Génova, Italia, el cual prosperó en las sociedades europeas alrededor de los años 1200. Por siglos este apellido fue uno de los de mayor elite en Francia, Alemania, Austria, Italia y España.

Se sostiene que el umbral del apellido proviene del emperador romano Galieno (Publicio Licinio Ignacio Galieno). Sin embargo a lo largo de la historia, dependiendo de en qué parte de Europa se naciera, el apellido variaba en función a la gramática y la fonética, así como escritura de cada idioma. Si se nacía prósperamente en regiones de Italia como Génova, Liguria, Piemonte o Ventimiglia el apellido podría ser: Gallieno, Gallieni o Galleano. Sin embargo si se nacía acomodadamente en Aviñón podría ser; Galliens o Galléan, o si se nacía en una familia noble y acaudalada de Austria o Alemania el apellido sería Galen o Galien.

Simón Galleano es registrado como el primer noble procedente de Génova. El apellido se fue dividiendo en diversas ramas sobre todo en territorios de familias poseedoras de tierras y que sometían pueblos enteros mediante alianzas de poder con la monarquía y la iglesia, a su vez perpetuando su poderío con matrimonios arreglados en diferentes casas reales europeas, destacándose por ser familias ricas e influyentes asociadas a reyes, reinas, duques, condes, archiduques, etc. ya fuera en Milán, regiones de Francia o en la Casa de Habsburgo en Austria.

Los poseedores de este particular apellido ejercieron en países centrales de Europa Occidental el patriciado -los patricios-, aristócratas dentro del sistema social, los señores y amos del feudo, la burguesía de la revolución industrial y la clase alta de las sociedades cosmopolitas.

A América el apellido hace su arribo con todo los honores, por un matrimonio Genovés radicado en Valencia, España, mediante uno de sus hijos; Martín Galeano, que fue uno de los feroces conquistadores en el Nuevo Reino de la Granada -hoy Colombia-, destacado fue Galeano en las nuevas tierras de nadie, de indios sin alma y salvajes adoradores del sol y la luna, según la corona española, como capitán de infantería tuvo a su cargo campañas militares de conquista y exploración del territorio para su saqueo, dominio y genocidio. La conquista dejó a su paso 60 millones de muertos, la población originaria de América se redujo un 95% los primeros 130 años después de la llegada de Colón en 1492.

El apellido, ya ahora en los territorios colonizados variaría en Galeana, Galiano y Galeano. Más de cuatro siglos después del choque de dos mundos, nacería en Montevideo, Uruguay, en el seno de una familia acomodada, católica, de clase alta y de ascendencia italiana, galesa y alemana, un nuevo habitante de las tierras americanas llamado Eduardo Germán María Hughes Galeano, al crecer tomaría el apellido de su madre y su primer nombre, todo indicaría seguir con el linaje del apellido, sería; Eduardo Galeano. Pero a partir de aquella decisión el apellido Galeano cambiaría su genealogía en América y tendría en Latinoamérica su territorio, haría un acto de creación.

El apellido en estas tierras cambió su línea, la reescribió, la mutó, es antónimo, antítesis de su origen europeo, lo impregnó de tierra, de lucha, de combatividad, de pasión, de amor, de historias, cicatrices y caricias, de soles y lluvias, de corazones palpitantes, de diluvios de lágrimas y puestas de sonrisas, de geografías, naturaleza, sueños, destrucciones y construcciones, de selvas, sierras y desiertos, de insurrección y rebeldía, de compromiso social y lucha ideológica, de ternura y erotismo, de narrativa y magia, de cuentos y literatura, de memoria, de pluma encendida sin complacencias, sin canonjías, sin elitismos. El apellido Galeano acompañara a los más humildes, a los sin voz, a aquellos que están oprimidos y sueltos de esperanza, llenos de fuego. “No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.” Eduardo Galeano (Galeano de Latinoamérica).

 

¡Participa!