Cultura

Un acercamiento a cómo se tejen las redes de corrupción y el crimen organizado

  • El gobierno de Peña Nieto no sólo está replicando el modelo de combate al narcotráfico, además, lo está endureciendo

Entrevista a Juan Carlos Reyna sobre El Extraditado

“El cártel Arellano Félix fue crucial en la historia del narcotráfico en México. Sentó precedentes que agudizaron problemas sociales y de convivencia que hoy en día están presentes en la frontera de Baja California”, aseguró alguna vez al director del Centro Binacional de Derechos Humanos, Víctor Clark Alfaro. Y poder conocer a uno de sus primeros líderes fue el motivo que impulsó al periodista y músico Juan Carlos Reyna para escribir, junto a la abogada Farrah Fresnedo, esta crónica descarnada de la Tijuana en la que ellos nacieron y crecieron, una Tijuana en donde el nombre del “Min” era la ley, un personaje central de sus vidas a pesar de que el capo se mantenía en esa lejanía que el poder y la violencia entabla con los ciudadanos de a pie, esos que nada tienen que ver con el negocio, pero que de alguna manera disfrutan y sufren con su cercanía

Juan Carlos Reyna es autor de Confesión de un sicario (Grijalbo), además ha trabajado en la producción de los documentales Se presume inocente y Confesiones de un sicario. Textos suyos sobre violencia y cultura han aparecido en el periódico Reforma y en las revistas Gatopardo, Esquire, La Tempestad, entre otras; como músico ha trabajado desde hace una década como colaborador del Colectivo Nortec. El Extraditado representa una visión descarnada del otrora poderoso capo de Tijuana, una crónica que nos presenta los diferentes ángulos del auge y la caída de una de las organizaciones criminales más implacables de los últimos años que creció al amparo del poder político local y federal hasta convertirse en una de las organizaciones que cambiaron las formas y estructuras del millonario negocio del tráfico de droga.

Javier Moro Hernández (JMH): ¿Hasta qué punto los narcotraficantes como Benjamín Arellano marcan un periodo de la historia en México?

Juan Carlos Reyna (JCR): Pues, justamente lo que estamos viviendo ahora en Guerrero, en Estado de México, en Tamaulipas, es imprescindible que reconozcamos que no son hechos aislados, que lo que sucede hoy en día, este desgarramiento terrible del tejido social, este recrudecimiento de la violencia, es parte de un proceso que México viene acarreando desde hace décadas, lo que yo intento hacer es recuperar esa historia de la década de los setenta, cuando todos esos líderes narcos eran socios, amigos, compadres, y narrar cómo esa misma hegemonía se va desmoronando, por un lado, y después revelar cómo la violencia es un producto directo de la corrupción, creo que el objetivo del libro es mostrar la urdimbre entre las élites políticas, las élites empresariales y las élites delincuenciales, y hay momentos en el libro que podrían aplicarse perfectamente al día de hoy, por ejemplo cuando nos damos cuenta de que al narcotráfico le conviene controlar las policías municipales y queda claro que el crimen organizado instrumentaliza, como un brazo armado a las policías municipales como paso en Iguala hace unos meses, pero hay momentos en los que podemos ver que la red incluye facciones completas de los gobiernos municipales, estatales y federal que son cooptadas completamente por el crimen.

JMH: Una de las cosas más importantes del libro es justo la forma en que vas narrando el proceso de cooptación del crimen organizado al interior de Tijuana, darles voz a personas normales, como Sandra, o a Everardo Kitty Páez, socio de los Arellano, lo que nos permite ver cómo el crecimiento y las acciones del cártel de Tijuana afectó a toda la ciudad de Tijuana, no sólo a una parte, a un grupo.

JCR: La intención del libro era buscar un acercamiento afectivo con el lector, te podrás haber dado cuenta que yo, como autor, me desnudo, pues incluyo y hablo de consumos problemáticos e incluyo la historia de mi colega, de Farrah Fresnedo, como una protagonista del mundo narco, de tal suerte que el lector se vea invitado a leer el texto con ciertas reglas del juego muy particulares que yo planteo en la advertencia y todos esos objetivos que yo enumero es para buscar que el lector se involucre de una manera más humana y más cercana sobre la violencia, el pretexto es hablar de Benjamín Arellano pero para hablar de lo que está pasando ahorita en el país, y la aparición de estos personajes que mencionas, pero que también incluye a El Mayo Zambada, El Chapo Guzmán, Amado Carrillo, están ahí justamente para que la visión en torno a la problemática sea una visión coral, polimórfica, porque creo que ahora podemos ver estas costuras abiertas entre las redes de corrupción a nivel nacional y en El extraditado podemos ver cómo se van tejiendo esas redes, ver cómo es posible que un simple “fayuquero” se convierte en uno de los máximos líderes del crimen organizado internacional.

JMH: Pensaba ahora que dices “fayuquero” que a eso se dedicaba mucha gente en los 70 y 80 y pensaba en un símil entre Pablo Escobar y Benjamín Arellano, ya que Pablo se dedicó en algún momento a contrabandear whisky y cigarros en Colombia y pensaba que justo esas economías ilegales que ya existían ayudaron en muchas maneras a la consolidación de las redes del narcotráfico internacional.

JCR: Claro, aunque eso no tiene que ser una justificación para mostrar un comportamiento delictivo hiperviolento, pero es una de las cosas que pone sobre relieve los dos ejes sobre los que yo escribo este libro: desmitificar el narcotráfico y decir que no toda la gente se involucra por motivos aspiraciones o por motivos de clase social, por ejemplo está el ejemplo de los llamados narcojuniors, chicos de familia pudiente que se involucran con el narco, lo que me permite dejar en claro están operando otras formas de identificación y de deseos, que son básicamente el ejercicio del poder, hay una parte en el libro en donde uno de los narcojuniors está viendo a Ramón atacar a El Rayo López, socio y amigo de El Chapo Guzmán y piensa que ese tipo era un orangután, una bestia, pero había algo en él que lo seducía, que es la erotización del poder, ese ejercicio impune del poder es algo que opera en la delincuencia organizada, que muchas veces dejamos pasar por alto, porque reconocerlo sería reconocer que la política en México impera en ese mismo eje, en la impunidad, y eso me lleva a la conclusión de que el asunto de la violencia es un asunto relacionado al clima de impunidad que impera en México derivado de la corrupción en la que vivimos. El otro eje es que al paralelo a este ejercicio del poder opera otra dimensión de reconocimiento que es el del narcotráfico como un ejercicio puramente capitalista, algo que trato de dejar en claro en el libro para que el lector se lo formule. Hay dos cosas que el libro: la primera es cuando yo planteó los problemas personales de consumo u hago contraste con lo que dice el mismo Benjamín Arellano, que dice que las drogas destruyen, algo que al final nos deja claro que es un máquina capitalista, no muy diferente a cualquier otra empresa transnacional, se trata de hacer dinero y no hay ideología y no hay moral detrás de ese negocio. Entonces en esos dos ejes que propongo el libro nos ofrecen pistas para entender lo que sucede en nuestro país actualmente, ahora no se trata de darle voz a un delincuente, lo que se trata es de recoger el testimonio de una figura delincuencial y cortejarla con una investigación periodística, hemerográfica y judicial y narrarlo con recursos literarios para que el lector tenga una mayor cercanía, una relación más compleja con el fenómeno.

JMH: Una de las cosas más interesantes del libro es que dentro de toda esta visión sobre la narcocultura y sobre esa mitificación que se han hecho sobre los líderes de este tipo de negocio, en tu libro vemos que este mito, Benjamín Arellano, el gran narcotraficante, tiene pies de barro, es un hombre con muchos miedos, tiene miedo de que sus más allegados lo olviden, tiene miedo de que todo lo que hizo se olvide, y entonces lo que podemos ver es que por un lado desnudas al autor con sus problemas de adicción pero también al entrevistado, es un fenómeno de espejo que haces.

JCR: Totalmente, lo que vemos en esta sobreoferta de literatura, pero no sólo de literatura, sino también en el cine, en la tele, nos conduce fácilmente a hacernos una idea que muchas veces dista de la realidad abismalmente, quise que el libro fuera un relato que también desnudará un fenómeno que mostrara una especie de lado b de la historia, porque Benjamín es un tipo en declive, un capo aislado, disminuido que está marginado, en el final de su vida acosado por sus propios fantasmas de una manera brutal, y entonces este efecto espejo que yo busco en el libro al involucrarme como autor en el texto es también para reconocerme en esos viajes de redención que uno emprende independientemente de las decisiones erróneas que uno toma, sé que es arriesgado en la coyuntura actual porque podría parecer que estoy justificando a un delincuente, pero este tipo de perspectiva la sumo porque creo que el problema del narcotráfico en México es un problema de todos tenemos que exigirnos y asumir una participación más activa, pero sí creo que esa participación debe darse a una reflexión crítica sobre nuestro presente, pero también sobre nuestro pasado, pasado que intento atrapar en El extraditado, en donde traté de hablar y poner de relieve esta complicidad entre las élites políticas y empresariales, y hablar cómo la sociedad se hace de la vista gorda por omisión, y quise poner eso usando el ejemplo de Tijuana para hablar de cómo las mejores familias de la ciudad se casaron y se acercaron al narco de una manera muy cínica, algo que me parece prostituir a toda la sociedad por una cooperación con unos criminales como Ramón Arellano, por ejemplo. Entonces quiero pensar que el despertar crítico se puede hacer desde un periodismo hecho de esta manera, desnuda, que quiere ir encaminado a buscar una conciencia más completa de lo que está pasando en nuestro país en este momento.

JMH: A Benjamín Arellano lo arrestaron en el 2001, pero algo que haces son los saltos en el tiempo, hay referencias a 2013, a 2014, referencias periodísticas, algo que nos hace entender que el problema continua, que no es arrestando a los capos y extraditándolos cómo se va a resolver el problema, es un problema mucho más profundo.

JCR: Por eso no me concentré en hacer denuncias puntuales, que sí las hay, sobre todo de políticos que se mencionan, muchos que están en libertad y algunos otros que están todavía en la función pública, me concentré en hacer una denuncia más amplia, creo que el problema de la corrupción en México institucionalizada por el PRI como se ve en el libro de Blancornelas El cártel, pero eso me hace pensar que el narco sí merecería un combate mucho más sofisticado, porque a pesar de que la experiencia de los años y la experiencia que se ha visto en otros países, de que la política de represión sólo conduce a un baño de sangre, el gobierno actual de Peña Nieto no sólo está replicando el modelo, sino además lo está endureciendo, creo que deberíamos tener mucho cuidado, por ejemplo, con el ejército, me parece muy extraño que un cártel como Guerreros Unidos pueda aparecer casi de la nada y ejerza una política de terror en localidades muy identificables como un ejército casi paramilitar y no pase nada. Entonces, no sabemos si exista una campaña de terror que busque militarizar el país, que busque negociar presupuestos para la Sedena, necesitamos ver más allá de lo que no están mostrando los medios y de lo que aparentemente es un hecho aislado, algo que no es cierto, pues todo es parte de un mecanismo histórico que por desgracia ha ido desgarrando a México lentamente.

 

 


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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

1 Comment

  1. 14/04/2015 at 13:10 — Responder

    Pues esta bien su libro Juan Carlos ojala también toque el tema de ( las traiciones dentro de los grupos que trabajan con la mafia) y de todos los abogados, políticos y notarios involucrados………….es un hecho que las drogas destruyen y también es un hecho que esos tipejos ya no tienen moral pero ellos creen que con donar dinero sucio al clero ya se borro todo lo malo que hicieron….no les importa que mueran los que los ayudan a delinquir los agarran de sus chivos expiatorios…aqui en Aguascalientes hay muchos narcos-emprtesarios y narcos-políticos por si quiere hacer una buena investigación

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