Cultura

Una visión descarnada y lúcida sobre la familia

  • Entrevista a Álvaro Uribe sobre Autorretrato de familia con perro
  • La novela propone un acercamiento descarnado a las rivalidades familiares, las disputas, los entresijos de esa institución respetadísima en nuestro país

El escritor mexicano Álvaro Uribe (México D.F. 1953) ha sido catalogado por la crítica como un estilista. Pero sin duda una de sus mayores virtudes como narrador radica en la inteligencia de sus construcciones narrativas. Autorretrato de familia con perro (Tusquets, 2014), su más reciente novela, es una historia circular y dramática en donde conocemos los entretelones de la familia Urquidi a partir de las dos versiones que los hermanos, Alberto y Adán, tienen sobre su madre, Malú, mujer singular a quien conoceremos a partir de las dos versiones que sus hijos enfrentados durante toda su vida por la atención y el amor de su madre escribirán a la muerte de ella. Un “informe” que el menor de ellos, Adán, historiador, insiste en escribir para poner al tanto a todo el mundo de las profundas desavenencias que construyeron la relación entre los hermanos, siempre propiciadas y alimentadas por una madre caprichosa e infantil, que conoceremos a partir de las voces de sus hijos, de sus amigas más cercanas, de su sirvientas, de sus nietas.

Autorretrato de familia con perro se convierte así en un acercamiento descarnado a las rivalidades familiares, las disputas, los entresijos de esa institución respetadísima en nuestro país que es la familia. Una visión descarnada y lúcida sobre la familia a partir de la obra de un escritor que como Uribe ha sido galardonada varias veces por la profundidad de su visión literaria. Autor de El taller del tiempo, ganadora del I Premio de Narrativa Antonin Artaud, La lotería de San Jorge, Expediente del atentado, merecedora del I Premio Iberoamericano Elena Poniatowska de la Ciudad de México en 2008, Morir más de una vez, además de la biografía Recordatorio de Federico Gamboa, entre otras obras.

“Hace ya un tiempo, en 2003 publiqué El taller del tiempo que es una novela que trata, entre otros muchas cosas, de la relación y la rivalidad entre los varones miembros de una misma familia, incluso para exagerar se llaman todos igual, entonces la rivalidad que de manera natural tenemos todos los varones ahí se acentúa, pero para poder escribir esa novela, para pensar incluso en pensar esa novela, no sólo escribirla, tuve que esperar a que falleciera mi padre, porque me parece que si quieres escribir sobre la familia es muy ingenuo pensar que no vas a reflejar a tu familia, porque es la que conoces más directamente. Por otro lado me parece inútil y vano que escribieras la novela para justificar a tu familia o justificarte a ti con tu familia y empezarás con las mentiras de que todos somos muy buenos y todos nos queremos mucho, creo que una novela de este tipo tiene que ser honesta y si me apresuras, tiene que ser brutalmente honesta, no le veo el sentido literario y yo como lector no me interesaría particularmente leerla, y si no me interesa leerla menos no me interesaría escribirla, entonces para escribir Autorretrato de familia con perro también necesité que falleciera mi madre, que efectivamente muere en la fecha en la muere Malú, no me hubiera atrevido por lo mismo pues aunque el personaje no es idéntico a mi madre, es obvio que se iba a ver reflejada en este personaje, y lo último que quería era escribir una novela para lastimar a mi madre. Cuando ella murió me sentí libre de escribir esta historia. Pero cuando fallece mi madre creo que para bien dejé sedimentar la emoción y como dice Horacio Quiroga que nunca se debe escribir bajo el efecto de la emoción, deja que se enfríe, y yo un poco involuntariamente la dejé pasar, estaba escribiendo otro libro y sólo cuando terminé ese libro me sentí con la capacidad de escribir esta novela. Pero todavía faltaba lo que para mí era fundamental, que es la forma. A mí me interesa contar una historia y me interesa fundamentalmente que me la cuenten, pero el problema no es la historia porque todos tenemos, particularmente en el caso de las historias familiares, no hay quien no tenga una historia que se puede convertir en una novela o dos o tres, dependiendo de la historia, pero lo que le hace falta al narrador es cómo la voy a contar, y a mí llegó la idea de por dónde voy a agarrar la historia, por dónde voy a tomar este toro por los cuernos, y la idea que pensé era que quién narrara la historia no tendría que ser un personaje parecido a mí, alguien que es escritor sino que tenía que ser el otro, el rival, y ése fue el momento en el que se fue formando en mi cabeza la estructura de la novela, la tenía que contar el otro hermano, el hermano que provoca las rivalidades, el hermano que termina triunfando en la lucha por el amor de la madre o el hermano más malo, porque los dos son bastantes malos.” Nos cuenta el autor en entrevista.

Javier Moro Hernández (JMH): Curiosamente en la novela las visiones más benevolentes sobre Malú, la madre, vienen de afuera, del ingeniero, de Margarita su amiga, personas que no pertenecen al entorno cerrado de la familia.

Álvaro Uribe (AU): Siempre es más fácil los que están más lejos nos pueden ver con mayor indulgencia, es más difícil que les pisemos los callos, pero yo ya sabía que Malú no debía contar la historia, pero pensé que si estamos en busca de Malú ella no debía favorecer a nadie con una versión de ella, lo que debe existir de ella son siempre versiones ajenas y que el lector vaya formándose la idea de que sí le cayó bien o mal, o que sí ella es culpable de cómo su familia se resquebrajó, supuse que era mejor estrategia literaria no darle nunca la voz y que hubiera un coro hablando de ella, y como ya tenía la dualidad de los dos hermanos pensé que era mejor hacer una novela binaria en la que existiera una versión o una confesión sobre Malú y después entrara la respuesta en la que hubiera una contraversión, lo que hace que sea una novela que polemiza consigo misma.

JMH: Justo uno de los elementos más interesantes de la novela es esta dualidad entre las dos versiones de los hermanos, lo que la hace ser una novela binaria, como dices, pero también una novela de espejos, en la que los dos hermanos se reflejan y se reconocen al mismo tiempo.

AU: El primer espejo es el de los hermanos, por supuesto, que se reflejan el uno al otro incluso según avanza la novela. Adán, el historiador, va poniendo en duda lo que dicen los demás, empieza a poner en duda lo que hace su hermano y se está preguntando continuamente qué es verdad y qué mentira en esta novela, y cuando por fin toma la palabra el otro hermano, el novelista, dice “¿Qué tal sí nada de esto es cierto? ¿Qué tal si todos somos falsos?” Entonces partiendo de este argumento hasta los hermanos podrían ser falsos, hasta uno de los hermanos podría ser el desdoblamiento del otro, y ojalá, a mí me encantaría que la novela fuera espejo para que el lector se viera reflejado en ella, me encantaría que uno de los efectos de la novela fuera que quien la lea se pusiera a ver a su familia y la vea de otro modo, claro que las familiar nunca son iguales, pero compartimos muchas características y las viéramos de otro modo, porque en México tendemos a ver a las familias con muchas benevolencia y creo que está bien ponerle este espejo al lector para que se pregunte si de verdad somos tan buenos hijos como decimos o pertenecemos a una familia tan maravillosa como creemos.

JMH: La estructura de la novela hace que la novela vaya interpelándose a sí misma, cuestionándose a sí misma.

AU: Existe toda una genealogía de estas novelas y la primera que se me ocurre, la más obvia, es El Quijote, en la segunda parte todos salvo el Quijote ya leyeron la primer parte y eso permite que todos lo cuestionen, se burlen, lo critiquen, y en ese sentido es una idea muy eficaz que yo tomé prestada del pasado y que te permite prácticamente ver la novela, lo que yo quiero es que el lector no tenga una certeza de lo que está leyendo, y al final cuando interviene el narrador es cuando eleva a la máxima potencia esta interpelación y le dice al lector que sí, tal vez está inventando al hermano y qué tal si estoy inventando al propio lector, que es un poco para contrarrestar el realismo de la propia historia, finalmente es una historia que sí puede pasar, que sí pudo haber pasado y es la historia de una familia en particular que es perfectamente identificable y posible, en ese sentido la historia es realista y por el tipo de drama en el que se enfrasca la familia incluso roza deliberadamente lo melodramático, y la manera de contrastar, compensar y darle forma artística a estas emociones es ponerlas en cuestión dentro de la misma novela, preguntarle al lector, decirle al lector que si te quieres emocionar debes de tomar en cuenta de que tal vez no existió Malú, no existió Alberto, no existió Adán, no existió nada, esto es una pura construcción verbal.

JMH: Otro de los temas centrales de la novela es la rivalidad entre los hombres, en el caso de Alberto y Adán se pelean por la atención de su madre durante toda la vida.

AU: Se pelean por el amor de Malú, por su atención y al final de su vida se pelan por su herencia, se pelean por todo lo que les puede dar, y además Malú juega con eso, algo que no ocurre en todos los casos, la novela dice una verdad obvia cuando te dice que es muy difícil que conozcas a dos personas, aunque sean tus hijos, y pienses exactamente lo mismo y sientas exactamente lo mismo de ellas, lo natural es que hay preferencias, que alguien sea más cercano por determinada actitud, pero se espera de un padre sensato o de una madre sensata que oculte al máximo estas preferencias, estas diferencias, pero Malú no es sensata y con su insensatez provoca que la rivalidad, efectivamente natural entre varones, se exacerbe y prácticamente la historia de sus vidas, o la parte de sus vidas que conocemos, es rivalizar con el otro y ver quién gana.

JMH: Estaba pensando en esta frase muy socorrida, que toda historia tiene dos caras o dos versiones, pero creo que en realidad Malú tiene muchas más caras.

AU: Sí, creo que para ser optimista Malú tiene tantas caras como personajes hablan de ella, los personajes que en el orbe de la novela son personajes que la vieron, pero en el orbe literario funcionan cada uno como un espejo de Malú, cada uno habla de una parte de ella y el lector tiene que completar el rompecabezas.

JMH: ¿Cuánto tiempo te llevó escribir esta novela?

AU: Me tomó dos años y medio la ejecución, pero siempre insisto que tuve que vivir cincuenta y ocho años con mi familia, y haber visto a muchas familias para poder escribir esta novela. Terminé la novela Morir más de una vez y ya sabía lo que venía, pero siempre entre novelas para quitarme presión y descansar y combatir el desgaste de la narrativa escribo ensayos, y eso hice entre estas novelas, hasta que me sentí otra vez cargado, ya sabía de todas maneras lo que venía, tenía muy claro que quería escribir esta novela y justo cuando tuve claro quién iba a narrar la novela, entonces pude empezar la novela.

 


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Javier Moro Hernández

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