Opinión

¡Fuerza Rayos! / H+D

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(o narrativa de por qué Necaxa

nunca será un equipo de clase mundial)

 

Se puede dejar de correr,

de entrar en juego durante largos minutos;

lo que no puedes es dejar de pensar

César Luis Menotti

 

No sé si escogí ser hincha del rayo por mi afición al fracaso o a la desilusión constante. Tal vez por segregarme a minorías de pocas pasiones o simplemente porque hubo un tiempo que fue hermoso y con eso me ha alcanzado a cuenta gotas para llegar hasta el día de mañana.

Crecí viendo al Necaxa de los noventa “el equipo de la década”, no encontraba mejor espectáculo que ver a once tipos queriendo meter un gol tras otro, pasados los años la locura se transformó en sensatez y con un gol alcanzaba, los once tipos ahora tenían la misión de no recibir gol y la somnolencia llegaba a la poca tribuna, el brillo se cubrió de polvo. La maldición familiar llegó con el saqueo de jugadores a mansalva, el refugio para viejas glorias y chispazos de alegría para muy pocos. Así tocó la mudanza a la provincia y rentabilizar el negocio, los malabares entre televisión y política, y una noche Caín mató a Abel. Se bajó. Se subió. Se volvió a bajar. Haciendo honor a su legado de desapariciones y reencuentros del siglo pasado.

Tal vez por esto soy hincha de los electricistas, por ser una historia de desencuentros, de saqueos, de subsistencia, orígenes, de inmensas alegrías, de héroes olvidados, extinciones, de migración, nostalgia y esperanza constante. Si bien la memoria es corta y el mexicano tiene la enfermedad del olvido, en el futbol se potencializa. Necaxa fundado en 1923 ha tenido dos grandes épocas de gloria; la de los “Once Hermanos” y la de final de siglo. Todo el demás espacio está más lleno de pena y de olvido que de alegrías.

El equipo surgido de la compañía pública de Luz y Fuerza del Centro toma su nombre por el río y la presa Necaxa generadoras de energía distribuida por la empresa, ubicados en el estado de Puebla al sur de Huauchinango. En la década del treinta los electricistas construyeron con su juego hermanado y su mística de equipo el sobrenombre de los once hermanos, el ídolo indiscutible fue Horacio Casarín, los varios torneos y copas ganadas le dieron el sobrenombre por primera vez a algún equipo de “Campeonísimo” así como popularidad entre el pueblo, los sindicalistas y los obreros, que conservarían al equipo en su desaparición de 1943, ya en la Liga Menor alejados de la “profesionalización” del futbol nacional en donde el monstruo televisivo y empresarial nacerían siameses.

Los rojiblancos durante esos años no eran propiedad de los dueños de la Compañía, eran de los empleados y su cooperativa, logrando el Sindicato de Electricistas volver a ascenderlo. En 1955 deudas, problemas económicos y laborales obligan a los sindicalistas a vender el equipo a manos privadas, el sueño comunitario de los trabajadores electricistas había llegado a su fin. Ya en manos privadas, después de dieciséis años, su dueño lo vende a empresarios españoles. El destino del equipo sería también décadas después el destino de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, también la deshonra del equipo sería la deshonra del sindicato de electricistas.

Los nuevos dueños extranjeros, ajenos a todo arraigo, inmediatamente desaparecen el nombre Necaxa y lo sustituyen por el de Toros del Atlético Español. Las ironías no terminarían aquí y el equipo daría tumbo tras tumbo en los años siguientes.

Una noche el Estadio Azteca que arropo a Pelé, a Beckenbauer, Platini y Maradona, arroparía también a Nico Navarro, Chema Higareda, Vilches, al Picas Becerril, Nachito Ambriz, Herrera, el Matador Hernández, García Aspe, Peláez, al Ratón Zarate, Basay y a la gran figura Alex Aguinaga -nunca te olvidaré corriendo al banderín con los brazos abiertos esa tarde cayendo el sol, la sonrisa ecuatoriana y te arrodillaste en el pasto del estadio como si este fuera una mezquita-. Mi afición genuina se la debo a ellos y su futbol. Ese día, después de 56 años el equipo volvió a ser campeón. Vendrían años de gloria, juego brillante, ofensivo, el rescate por las posiciones de antaño, los carrileros, el contención, el centro clavado, los defensas férreos, muchas glorias para tan poca gente, tanta alegría en tan poco tiempo, esta camada de jugadores se vaciaron encima el elixir del buen juego y sólo dejarían gotas que contadas aparecerían casi dos décadas después. El brillo siempre es asalto. La ley del hermano torpe y fuerte se impuso. El estruendo del rayo se apagaría en la oscuridad del poder, la ineptitud y la corrupción.

En 2003 Aguascalientes recibiría al equipo engendrando el monstruoso hidrorrayo, el capitalino altanero no sería del todo bien recibido. Detrás la empresa monopólica de multimedios Televisa, en nexos no muy claros con el Gobierno Estatal, privatizan el Estadio Municipal, ya convertido en propiedad de particulares lo concesionan por 25 años a un grupo cervecero, la burbuja se infla, el deporte y el futbol son lo de menos y el desastre sería inminente. La historia es caprichosa y volvería a unir a los electricistas y a sus queridos rayos, el 2009 marcaría el primer descenso del equipo Necaxa en décadas y Luz y Fuerza del Centro sería por decreto presidencial extinguida y desmembrada de manera vergonzosa y ruin para posteriormente ser operada por la Comisión Federal de Electricidad “una empresa de clase mundial” a la que sólo le falta, según advierten los últimos gobiernos federales, inversión privada, preferentemente extranjera, para operar de manera eficiente.

El rayo se ha iluminado un poco, tiene algunos destellos nuevos que ilusionan y hacen volver a verlo, mañana será un día para recordar cualquiera que sea el resultado, estaré ahí hinchando, más por volver a la nostalgia de las alegrías que por volver al mafioso mundo de la Liga MX, aunque hay veces que me da el romanticismo de querer más a mi equipo lejos del estadio, lleno con multitudes que van por el visitante, los villamelones y la alzada de precios y el negocio en donde el futbol es lo que menos importa, no me viene tan mal la calma y la ilusión constante de la liga de ascenso, es como perseguir la utopía en la cronología de las decepciones.

 

Dedicado en memoria de Julio Sotelo “El rayo mayor”

y por la lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas.

 

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