Opinión

Sin Maniqueísmos / Goldman y la capital de los dolientes

En 2007 el escritor norteamericano Francisco Goldman se encontró repentinamente viudo cuando su joven esposa mexicana sufrió un accidente en la costa de Oaxaca. Tras ser golpeada por una ola gigantesca, Aura Estrada fue trasladada en helicóptero a un hospital capitalino, donde murió un día después. Lejos de abandonar el lugar de su pérdida, Goldman continúa viviendo en la Ciudad de México, poco a poco resucitado por su sinfín de posibilidades y su espíritu de resistencia comunal: posibilidades de amistad y aventura, resistencia a la violencia arbitraria y al carro completo del PRI.

Estos tres estados de ánimo -pérdida, posibilidad y resistencia- forman los hilos con que Goldman entreteje El circuito interior (Turner Publicaciones). En parte, una crónica de dos años en la vida del DF: 2012 y 2013, en parte, una memoria personal sobre las últimas etapas de recuperación emocional. La narración es un ejemplo más de una creciente tendencia por parte de autores extranjeros a explorar la mezcla de fascinación y morbo que genera la metrópolis mexicana.

Para el recién fallecido John Ross, el DF era El monstruo. Para David Lida, es The Capital of the 21st Century. Para Daniel Hernández es la ubicación, sobre todo para los jóvenes, de El bajón y el delirio. Para Goldman, el DF es una ciudad de un movimiento constante y hasta circular, como sugiere el título de su libro, una metáfora que opera en múltiples niveles desde el vehicular hasta el psiquiátrico. Como un Jack Kerouac cincuentón, canoso pero temerario y ferviente, Goldman se muestra una energética guía a esta energética ciudad.

Empieza con sus vanos esfuerzos de aprender a manejar, vanos porque nunca logra graduarse. Desde dominar un coche automático a uno de cambio manual, y porque frecuentemente se pierde en el laberinto chilango. Este tema, que se vuelve recurrente, lleva un tono gratamente autodespectivo y ofrece observaciones agudas sobre los defeños, que a menudo manejan “en un arrebato casi festivo de inocente infracción del reglamento de tránsito”.

Pero su tono predominante es uno de preocupación. La ciudad que tanto ama -aunque sea neoyorquino se siente más en casa en México- la ve amenazada por el regreso al poder federal del PRI, trayendo consigo el semiautoritarismo de siempre. Goldman no es para nada el primer periodista en escribir a profundas sobre el movimiento #YoSoy132, pero lo hace con un notable entrega y simpatía, tras pasar varias semanas asistiendo a marchas y reuniones y haciendo amistades entre los participantes.

Este tono se vuelve aún más grave en la segunda mitad del libro, que trata de una minuciosa crónica investigativa del “caso Heaven”, cuando trece hombres y mujeres de Tepito fueron desaparecidos afuera de un bar de la Zona Rosa en 2013. Haciendo mancuerna con Pablo de Llano, corresponsal de El País, Goldman dedica meses a visitar Tepito y entrevistar a las familias de las víctimas. Logra desmitificar la idea implícita en las declaraciones de las autoridades, mientras investigaban el caso, de que si uno es tepiteño uno es criminal.

Logra también cuestionar la versión oficial de que el destino de los trece fue meramente consecuencia de una lucha entre pandillas. Por un cuidadoso análisis de los hechos y las distintas declaraciones de la policía, los testigos y las familias, deduce que el incidente evidenció la presencia del Cártel de Sinaloa en el D., algo repetidamente negado por el regente Miguel Ángel Mancera y su procurador de justicia, Rodolfo Ríos Garza.

No todas las deducciones de Goldman convencen. Al hablar de la devoción tepiteña a la Santa Muerte, reflexiona que para algunos el crimen “puede ser espiritual”, deducción que muestra un relativismo al absurdo. Más seriamente -como él mismo más o menos admite- permite que su aversión hacia Enrique Peña Nieto lo conduzca a creer en teorías de conspiración, como la que el PRI piensa que saldría ganando por fomentar violencia en el DF ya que eso socavaría el régimen capitalino del PRD. Además, varios trastornos cronológicos y repeticiones sugieren que al texto le faltó un repaso más.

El mejor periodismo, sin embargo, no siempre es el que hace mayores revelaciones. También consiste en una empatía que permite el escritor entrar países o barrios lejanos de los de su propia procedencia y ganar la confianza de sus habitantes. Goldman no lo dice explícitamente, pero uno puede inferir que la experiencia de su propia pérdida le ayudó a comunicar con las familias dolientes de Tepito. He aquí el mayor logro del libro que bien cumple con la exhortación de Proverbios: “Levanta la voz por los que no tienen voz”.

 

@APaxman

www.andrewpaxman.com

Historiador, CIDE Región Centro

 

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Andrew Paxman

Andrew Paxman

Historiador, CIDE Región Centro

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