Opinión

Una Feria para no olvidar / H+D

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Dicho de dos o más líneas o planos:

Equidistantes entre sí y que por más que se prolonguen

no pueden encontrarse.

Paralelo

 

La Feria no pasará desapercibida, ha sido una Feria trascendente, llena de propuestas, ocupando más de 45 mil metros cuadrados, la más concurrida en el mundo de habla hispana. La Feria es un escenario privilegiado al que al menos una vez en la vida hay que asistir. Llena de gente ávida, de cientos de stands todos con una propuesta interesante, divergente, clásica, inclusiva y diversa, con pasillos interminables en horas y horas de recorrido. El auge ha sido todo un éxito con más de un millón de asistentes, a veces difícil de recorrer por tantas personas en busca de historias. La Feria es un lugar de encuentro y gozo, de deleite, de éxtasis, reuniendo a los protagonistas en uno de los eventos más importantes y esperados de cada abril conformando un espacio único de intercambio. La Feria con su propuesta reivindica la diversidad y la tolerancia, desde el hedonismo hasta el compromiso. Llena de color y algarabía. La Feria es considerada a nivel mundial una proyección por su alto valor y trascendencia, robándole reflectores a cualquier feria en otra parte del mundo, según sus organizadores es un verdadero orgullo para Latinoamérica. La Feria representa aquel espacio en donde miles de personas se pueden reunir para intercambiar ideas y donde las ideas pueden ser presentadas. No importan las altas horas de la noche, los asistentes no dejan vacío el lugar y las colas para entrar se vuelven largas, la espera siempre vale la pena. La Feria, que para esta edición tuvo como invitada a la Ciudad de México durante sus tres semanas de duración, ha superado todas las expectativas.

 

La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, inaugurada el pasado 23 de abril en su edición 41, comenzó con toda la emotividad posible durante el primer minuto, minuto de silencio en homenaje al fallecido Eduardo Galeano y el recuerdo de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Todos somos Ayotzinapa es el título de la muestra fotográfica de Marcelo Brodsky -artista visual, fotógrafo y activista de derechos humanos- en el Pabellón Rojo de la Feria, en donde se exhiben conmovedoras imágenes de solidaridad y apoyo a los padres de los estudiantes, en particular una fotografía en donde 43 alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires sentados en cuatro filas, tienen pintado en el pecho; “Vivos se los llevaron. Vivos los queremos. Ayotzinapa. CNBA. UBA”.

La muestra fotográfica se ha desarrollado durante más de cuatro meses en diversos lugares, con imágenes de 20 países distintos realizadas por estudiantes, organizaciones, asociaciones civiles y artistas visuales, la muestra presentada en la Feria es uno de los puntos más visitados, contando con el apoyo de organizaciones de derechos humanos de Chile, Buenos Aires, Nueva York, Londres y otras ciudades.

Brodsky le cuenta a Luis Hernández Navarro en la columna “El Eco de Ayotzinapa en Argentina” (La Jornada, 05/05/2015) que los argentinos “hemos tenido una sensibilidad particular con Ayotzinapa por muchas de las cosas que pasaron aquí”; mientras caminaban juntos por el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado.

Recordar que desde los primeros días de la tragedia de los estudiantes normalistas las incansables Madres y Abuelas de Plaza de Mayo han estado cerca con los padres y familiares de los estudiantes, cercanía hermanada por el dolor, la angustia y el cinismo de los tecnócratas del poder, sin ambigüedades muchas señalaron al Estado como responsable de la tragedia. A su vez gran parte de la sociedad argentina se ha sensibilizado con este otro México, el país de la desigualdad, la exclusión y la marginalidad, el de la tragedia que acaba en muerte, el de la algarabía que acaba en olvido. Parte fundamental para mantener la memoria viva y combativa en el sur del continente son el Equipo Argentino de Antropología Forense, quienes han trabajado con la plena confianza de los padres de los estudiantes y han informado del caso constantemente. La hermandad y la solidaridad se han enlazado en la historia cultural de México y Argentina desde décadas atrás.

“Los profesionales del libro latinoamericano estamos con Ayotzinapa”, se lee en la fotografía de los libreros de América Latina reunidos antes de comenzar la Feria, la campaña de solidaridad desde Buenos Aires ha sido acompañada por el desembarque de mexicanos escritores, poetas y referentes de la cultura como Margo Glantz, Paco Ignacio Taibo II, Fabio Morábito, Carmen Boullosa, Ana García Bergua o Daniel Saldaña, por mencionar algunos. La feria ha tenido a México en un sitio especial; en el Salón Haroldo Conti se realizó la presentación del libro Posada, mito y mitote. La caricatura política de José Guadalupe Posada y Manuel Alfonso Manilla, con Rafael Barajas El Fisgón. También en el Salón Alfonsina Storni se realizó un homenaje a Julio Scherer a cargo de Luis Hernández Navarro, Sanjuana Martínez y Fabrizio Mejía Madrid.

En el stand de la invitada Ciudad de México se encuentra gran parte de la obra de José Emilio Pacheco, Elena Garro, Alfonso Reyes, Efraín Huerta, José Revueltas, Juan Rulfo, entre otros, así como la vinculación de Octavio Paz con Jorge Luis Borges.

La realidad es tan cruenta y tan cruda que necesita de la fantasía, la fantasía de las novelas, la poesía, los cuentos, las palabras que vuelan de los libros. En su conferencia Las palabras habitables (y las que no lo son), dentro de la Feria del Libro, la socióloga y antropóloga francesa Michèle Petit analiza: “Somos animales poéticos; desde la más temprana edad necesitamos del arte y la literatura para habitar el mundo que nos rodea”. “Necesitamos el arte porque no somos solamente variables económicas más o menos ajustadas a un universo productivista. Más que ver en los libros y en la lectura una inversión para futuros más rentables, veámoslos como espacios en los que vivir, de tanto en tanto, un presente más vasto, más intenso, donde conciliarnos con el mundo y con los otros”.

Desde el predio de La Rural en pleno barrio de Palermo en Buenos Aires, Ayotzinapa está latiendo fuerte e incansablemente, a miles de kilómetros de Iguala hay líneas que se conectan y que convergen para escribir en el libro de los días; “Memoria, Verdad y Justicia”.

 

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