Opinión

Bauhaus (3) / H+D

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Ninguna institución de la sociedad civil puede permanecer

ajena a su circunstancia histórica, en una aséptica e imposible

neutralidad, en especial si su quehacer está vinculado a la cultura.

Gustavo Valdés de León

 

La escuela de diseño alemana Bauhaus, un proyecto que diera origen a la enseñanza del diseño en occidente, hervidero de metodologías artísticas, arquitectónicas y de diseño mezclado con factores políticos, sociales y culturales que atraviesa la República de Weimar (Alemania) y cerrara en 1932 -tan solo trece años de experimentación-. La complejidad de su historia, las aportaciones pedagógicas, la tecnificación del diseño, lo multidisciplinario y la relevancia en su tiempo para su impulso, han hecho de ella un tema indispensable en la historia de la disciplina.

¿Realmente la Bauhaus fue clausurada violentamente por los nazis?, ¿sus alumnos y profesores fueron perseguidos y su diseminación por Europa y particularmente en Estados Unidos profundizaron el auge del diseño?, ¿por qué la escuela se convirtió en mito?, ¿se sacralizaron torpemente sus contenidos temáticos obturando la enseñanza del diseño en Latinoamérica?

Después de la expulsión de Hannes Meyer como director de Bauhaus -el periodo más “politizado” de la escuela- vendría en 1930 Ludwig Mies van der Rohe, diseñador industrial y arquitecto alemán, antiguo compañero de Gropius en el estudio Behrens. Van der Rohe modifica una serie de cursos y enfoques creando fricciones ideológicas con muchos de sus alumnos y maestros, Alemania atraviesa uno de sus periodos más violentos en su sociedad civil y la polarización de su sistema político, las huestes del nazismo ascienden como la espuma y un tal Adolf Hitler comienza a dominar la escena, los tiempos son turbulentos y la escuela no es la excepción.

La comunidad disidente de la escuela hacia la nueva visión del director de generar un ambiente aséptico, incontaminado y falto de compromiso ideológico -extirpando el socialismo- y queriendo desechar los cursos de Sociología, Psicología y Economía, se opone de manera tajante y se organiza, van de Rohe responde solicitando la intervención de la policía y clausurando temporalmente la escuela, basado en las presiones de la mayoría derechista que seguía viendo en Bauhaus un foco “socialista”.

Antes de reabrir la escuela en su nuevo ciclo lectivo, el director van de Rohe citaría de manera individual a los alumnos bajo el lineamiento de acatar las nuevas normativas o atenerse a la expulsión, dentro de ellas la más poderosa será la absoluta prohibición de cualquier actividad política y cada estudiante deberá firmar una “declaración” para ser readmitido: “El firmante se compromete a asistir a los cursos regularmente, a no permanecer en la cantina -el comedor- más tiempo del que dure la comida, a no acudir a ésta por la noche, a evitar discusiones políticas, a no causar molestias en la ciudad y a salir a la calle bien vestido”.

Así Bauhaus comienza rápidamente a girar a una visión lineal, poco experimental y propositiva, tan aséptica que salpulle. Sus docentes cada vez se comprometen menos a un proyecto de Diseño y Arquitectura sin ideología, diluido entre burocracia y temas clásicos, con un fuerte acento en lo teórico separándolo de la industria y las nuevas tecnologías alemanas, los talleres formales se paralizan, el Arte se ha relejado, los talleres experimentales de teatro y escenografía son cada vez menos frecuentes al no permitirse a los alumnos reunirse en grupos nutridos. La intolerancia en sí misma es una posición política.

A lo anterior se le suma la crítica situación económica de la escuela y un contexto político cada vez más opresivo, así el éxodo de profesores ya anteriormente iniciado se profundiza, de sus grandes camadas sólo le sobreviven a la escuela Gunta Stolzl y Paul Klee, quienes renunciaron para integrarse a la Academia de Artes de Düsseldorf, ya sólo queda Kandinsky en una función casi decorativa de subdirector -su asignatura de Pintura y sus talleres experimentales de color y forma han sido suprimidos-.

Para Hannes Meyer la etapa final obedece a los siguientes factores: “La influencia de los estudiantes en el estilo de vida de Bauhaus fue borrada. Todos los temas sociológicos desaparecieron. Otra vez ingresaron los hijos de las clases altas como estudiantes y en los laboratorios se producían muebles de lujo con materiales suntuarios. Entre los estudiantes aparecieron los primeros nazis organizados.”

Mientras tanto en la República de Weimar se desintegraba el sistema democrático, el parlamento paralizado, la socialdemocracia (SPD) impotente para movilizar a las masas y hacer frente a la imparable corriente nazi, y un Partido Comunista (KDP) fragmentado hacía imposible organizar un Frente de izquierda. Después de las elecciones de 1932 el nacionalsocialismo obtiene la mayoría y en 1933 Adolf Hitler es el führer de Alemania. Sin embargo en este clima político, Bauhaus debido años antes a la suspensión del subsidio por parte del Parlamento y las recesiones de contratos a varios de sus profesores, problemas económicos y logística administrativa; cierra sus puertas sin pena ni gloria el 30 de septiembre de 1932, antes de que el nazismo asumiera el poder en Alemania, sin necesidad de intervención policial la Bauhaus fue clausurada. Aquí se cerró el experimento y daría paso al mito.

Mies van der Rohe establecería en Steglitz, Berlín, un emprendimiento individual y de carácter privado apropiándose el nombre de Bauhaus -posteriormente clausurada por la policía de Berlín en 1933-, pero que en nada se relacionó con el proyecto original de la Bauhaus estatal. La emigración forzada de artistas, docentes y alumnos participantes de ambos proyectos debido al nazismo alimentaron el mito de la clausura forzada y la persecución. Bauhaus fue una experiencia alemana en un contexto único e irrepetible en medio de un periodo entre las dos guerras mundiales y el papel del pueblo alemán en ellas. Sus aspectos pedagógicos y académicos son absolutamente intransferibles, su análisis histórico valioso y su aportación fundamental para entender a las artes, el diseño y la arquitectura en un sentido social y académico que genere equidad y bienestar, así como la muestra que el instituto, la universidad, la escuela, en el aula, es un espacio político e ideológico, entendido éste como espacio simbólico en el cual los sectores y las clases se disputan la hegemonía del pensamiento que devendrá en acción.

 

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