Opinión

Editorial: Colectivo

Ante la boleta electoral se multiplican las preguntas que el ciudadano debe responder antes de elegir dónde cruzarla, desde las razones por las que mira por primera vez el nombre de alguien que quiere representarlo, o si ya lo ha visto en muchas ocasiones sólo lo puede ligar al gasto excesivo de las campañas; por supuesto, enfrentará nuevos colores y logos que llevarán al recuerdo de la multiplicación de promesas y discursos huecos de los que se vio preso durante estos meses; sin embargo, creemos que antes de esas preguntas, hay otras en las que se puede detener y que se relacionan con el contexto en que vota, estos días de ira e indignación, pero sobre todo de olvido.

¿Dónde están los 43 normalistas de Ayotzinapa?, ¿cuántas más desapariciones seguirán ocurriendo en el país?, ¿a qué niveles descenderá el peso frente al dólar?, ¿dónde quedaron los cambios prometidos con la Reforma Educativa, hoy en suspenso?, ¿cuántos narcobloqueos se tendrán que sufrir?, ¿cuántos feminicidios?, ¿cuántas violaciones a los derechos humanos?… A ese desastroso estado de la República, a las preguntas sobre nuestro entorno más cercano: el pésimo servicio de agua potable, la incapacidad de las autoridades para brindar y regular un servicio público de transporte digno, las obras inconclusas que afectan el tránsito diario, la falta de oportunidades para jóvenes y adultos mayores.

¿Dónde quedó la indignación y la ira que ha caracterizado al país? ¿Se agotó en unas cuantas marchas y movilizaciones? Ante la constancia del deterioro hemos asumido que no hay otra salida que la manifestación pública de nuestro desencanto, se culpa al sistema, a los poderes fácticos, al Estado (con razón) pero se olvida que no basta con la rabia y señalar al culpable, que concentrados en condenar responsables se dejan a un lado los mecanismos de participación que nos vuelven ciudadanos y que en el desuso tienden a corromperse.

Antes de votar, al momento de preguntarse por el estado de la Nación, no se trata de menospreciar la protesta pública como método de acción, pero tampoco se le puede entronizar en nombre de la libertad de expresión, cuando a esa desaprobación no se le suman propuestas. Tampoco se puede descalificar la crítica simplificando con la exigencia de propuestas concretas desde el ámbito personal. Ninguno de los extremos, ni la culpa colectiva ni la superación personal como salida.

¿Tenemos los gobernantes que nos merecemos? La respuesta es simple: sí. Votamos por ellos o dejamos que alguien más decidiera por nosotros.

Relacionado con esa respuesta, antes de votar es indispensable reflexionar también sobre el papel que han jugado los medios de comunicación y los llamados líderes de opinión, porque no hemos estado a la altura de los retos que implica el acceso libre, múltiple e instantáneo a la información; en el afán de conseguir audiencias, de atender al mercado y ver al público como consumidores, olvidamos la función social con la que estamos obligados, con el pretexto vil de “al cliente lo que pida”, cambiamos información por banalidad, chismes, rumores, memes… Sin el menor respeto a la inteligencia del lector apostamos al adoctrinamiento, a dictar órdenes, no a explicar y exponer los hechos. Permitimos y fomentamos que desde nuestras páginas cualquiera asuma el papel de profeta o mesías para predicar sobre cómo tiene que actuar la ciudadanía.

Con un falso afán de pluralidad escondemos la irresponsabilidad de promover las voces que tratan como menores de edad a la ciudadanía, ordenando qué es lo que deben de hacer: romper la boleta, anular, abstenerse, hacer útil el voto o inutilizarlo. Damos por descontado que la sociedad necesita que le diga qué debe y cómo debe de hacerlo, llenamos de epítetos a quienes no piensan como nosotros; usamos la indignación para provocar sus pasiones y hacerlos actuar de acuerdo a la conveniencia de uno u otro grupo, ya no contrastamos, en la persecución del dinero que permita la circulación de los medios, dejamos a un lado los matices, como si sólo hubiera una ruta a seguir.

No estamos aportando a la participación ciudadana porque tratamos a los lectores como menores de edad, cuando deberíamos ampliar los cauces para que se involucre, creamos vallas para dirigir su decisión, menospreciamos la capacidad de análisis, damos sólo unas pocas opciones en vez de intentar abordar el mayor número de alternativas y que sea el ciudadano el que elija.

Quienes elaboramos La Jornada Aguascalientes creemos en la inteligencia de nuestros lectores, en su responsabilidad para elegir, en su capacidad para determinar qué es lo que más le conviene; por eso invitamos a que este domingo ejerza su ciudadanía y vote, como usted guste, de la forma en que quiera manifestar su desencanto o afinidad, con la acción que considere mejor refleja su sentir; creemos que votar es uno de los pasos para el ejercicio pleno de nuestra libertad porque nos involucra, porque nos integra a la toma de decisiones e incluye de la mejor manera en la búsqueda colectiva de soluciones.

Hemos realizado nuestro mejor esfuerzo para presentarle las diversas opciones durante esta elección, apelamos a su inteligencia para elegir; creemos, sí, que sólo el pensamiento colectivo se traduce en acciones que beneficien a la comunidad que podemos ser.

Apelamos a buscar, con nosotros, la solución mejor a las preguntas sobre el estado del país, a encontrar las respuestas a esos cuestionamientos y en esa medida, decidir qué hacer con su voto, consideramos que formar parte y pensar en colectivo es el camino hacia el ejercicio pleno de la ciudadanía, por eso, hoy, necesitamos que vote.

Francisco M. Aguirre; Edilberto Aldán; Raymundo Tamayo González; Cristian de Lira Rosales; Sarahí Cabrera Zamora; Claudia Castro; Itzel Acero; Carlos Alonso López; Mónica Cerbón; Alejandra Huerta; José Fermín Ruiz E. Muñoz; Tania Magallanes Díaz; Guillermo Rivero Mata y Francisco Trejo Corona


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