Opinión

Educar para lo diferente / Disenso

Recientemente creó eco en la sociedad la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de emitir una jurisprudencia para que el matrimonio igualitario sea reconocido en todo el territorio mexicano. Inmediatamente vino a la mente de los conservadores la temida idea de que luego de esto se allane el camino para la adopción en matrimonios del mismo sexo. Si bien constitucionalmente no hay nada que contravenga que se adopte y se dé una crianza en este tipo de matrimonios, en el desconocimiento de la ley aparecen los miedos de una sociedad que sin darse cuenta se ha quedado atrás no sólo en el dominio legislativo, sino en las políticas internacionales que han probado ser exitosas y benéficas.

¿Por qué hay tanto temor a romper esquemas? Cuando he preguntado sobre el tema del matrimonio igualitario o de la adopción homoparental las respuestas siguen casi siempre los mismos patrones: ¿cómo les explicaremos eso a nuestros hijos?, ¿cómo desarrollarán una vida “normal” los hombres y mujeres casados en esta modalidad, cuando como sociedad hay un rezago para su aceptación?, ¿cómo vivirán los niños en estos matrimonios expuestos al señalamiento y el escarnio público de una comunidad que aún no está preparada para estos temas?

A veces tengo la impresión que el principal contraargumento es la pereza. Los padres tienen como obligación capital tomar en sus manos la educación de sus hijos. Son ellos quienes tienen que adaptarse a las leyes y tomar la responsabilidad de explicarlas -las leyes no deben adaptarse en función de si les da flojerita o no-, sentarse algunas horas con sus hijos y platicar abiertamente de la libertad de los otros, el disenso y el respeto a la soberanía personal.

Hace poco, algunos padres de familia representantes de organización ProVida usaron a sus hijos para una manifestación afuera del Congreso local, donde los niños, cartel en mano, “exigieron” cosas como “educación de verdad” y “juguetes en vez de condones”. Evidentemente ningún legislador había propuesto nada relacionado con una ley que exigiera una educación de mentiritas o que sustituyera los divertimentos infantiles por una dotación de Profam, aunque su nombre también pareciera sugerir estar a favor de la familia.

Quien desee unirse civilmente para formar un núcleo social con obligaciones y derechos evidentemente debe ser amparado por la ley, y aspirar a que se use un nombre distinto es una minucia nominal que ni siquiera merece la pena discutir. Que los matrimonios entre personas del mismo sexo ponen en “riesgo” la “sagrada” institución del matrimonio no es sólo un grito vacuo y trasnochado, sino un reclamo de infinita ingenuidad o perversa hipocresía. Basta ver los índices de divorcio, infidelidad, violencia intrafamiliar, abandono de hogar y más para darse cuenta que salvaguardar la sacralidad de esa institución en manos de los heterosexuales no ha sido la mejor estrategia. Qué va: el matrimonio es un contrato legal que prevé seguridad civil para los involucrados y que siguiendo ciertos patrones puede anularse. Lo sagrado del matrimonio no está en el matrimonio civil, sino en la fortaleza resultante de la unión entre dos personas. Confundimos la gimnasia con la magnesia. Necesitamos tanto de nociones sagradas que hasta achacamos sacralidad a un proceso legal.

Que hombres y mujeres sea cual sea su preferencia sexual puedan asistir a ese trámite, que puedan educar a niños y niñas (por cierto producto de relaciones heterosexuales) que están en situación de orfandad parece, visto como un logro meramente civil, totalmente deseable. Cuando yo era niño era aún extraña la noción de las madres solteras ( insistíamos en apellidarlas “solteras” y no llamarlas sencillamente “madres”); también hubo una oleada de madres que criaban solas porque el padre había ido a los Estados Unidos. Los niños tampoco estábamos listos para eso. Los niños hacían burlas feas hacia los distintos. Nos educamos poco a poco para lo diferente. Aprendimos. Probablemente a veces dé miedo o flojera hacerlo, pero no podemos conformar una sociedad con base en nuestros temores y perezas.

Facebook.com/alexvazquezzuniga


Vídeo Recomendado


The Author

Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

No Comment

¡Participa!