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Entrevista a Bef sobre Uncle Bill

  • Sobre la imposibilidad del diálogo entre mexicanos y estadounidenses
  • Burroughs pasó por México como un hombre invisible, no se vinculó con lo local

Figura fundamental de la llamada contracultura norteamericana del siglo XX, William Burroughs (Bill para los amigos) es famoso en el mundo entero por sus prácticas literarias revolucionarias, por su visión poco ortodoxa de la vida, por su cercanía con el núcleo duro de la llamada Generación beat, pues junto con Jack Kerouac y Allen Ginsberg formaría una especie de trinidad en la que la literatura y el consumo de diferentes sustancias cimentaría su amistad. Una amistad, que por lo menos por parte de Kerouac y Ginsberg se forjó en la admiración que sentían en un primer momento por Burroughs, ese hombre alto, delgado, de rostro cadavérico que conocía los flagelos y los bajos fondos de la ciudad de Nueva York como pocos. Un hombre sabio, a su extraña y personal manera. Así era William Burroughs.

Enigmático como era, Burroughs despertaría en el escritor e ilustrador Bernardo Fernández, mejor conocido como Bef, una fascinación que lo llevaría a tomar cinco años de su vida para preparar la novela gráfica Uncle Bill (Sexto Piso, 2014). Una obra que aborda el periplo de William Burroughs por la Ciudad de México, a la que llegó huyendo de la justicia norteamericana en 1949 y en la cual asesinaría de manera desafortunada a su esposa Joan Vollmer. Hecho determinante para que Burroughs se decidiera por fin a escribir esa obra que lo haría trascender y convertirse en el ícono de la contracultura que es hoy.

El autor de, entre otro libros, las novelas Tiempo de alacranes (2011) ganadora del Premio de novela Vuelta de Tuerca, Hielo Negro y Cuello blanco y de las novelas gráficas La Calavera de cristal en colaboración con Juan Villoro y la adaptación de la novela Los bandidos de Río Frío con el guión de Francisco Haghenbeck, decidió su obsesión como lector de la obra de Burroughs, a quien curiosamente conoció a través de una pequeña mención a su nombre en la desaparecida revista Conecte. en donde se le nombraba como el creador del término “Heavy metal”. A partir de esta obsesión es que nació Uncle Bill:

“Al principio la idea era hacer un webcómic y tenía la idea, muy ingenua, de escribir una página todos los días, pero descubrí que la novela gráfica no es cómoda de leer en la web, es muy frustrante ir de página a página, tiene diferencias con la tira, y además descubrí que me iba a tardar un año pero al final fueron cinco años trabajando, desde que dibuje el primer cuadro hasta que termine el último”, cuenta Bef en entrevista.

Javier Moro Hernández (JMH): La figura de William Burroughs es central dentro de la literatura contemporánea, sin embargo, poca gente conoce sobre el periodo que Burroughs estuvo en México, a pesar de que es muy importante para su desarrollo como escritor.

Bef: Es que es un periodo del que se habla muy poco, la mayoría de los biógrafos norteamericanos no lo cubren porque hay poca información, el que lo hace maravillosamente es Jorge García Robles en su libro La bala perdida en donde explora el periodo mexicano de Burroughs, que para mí fue una inspiración y una gran fuente de información, pero cuando Jorge escribe el libro todavía logró entrevistar a Burroughs, a mí ya no me tocó y tuve que echar mano de muchas fuentes y hay un par de biografías que me sirvieron de mucho, la de Ted Morgan y la de Barry Milles, entre otras muchas fuentes que hubo que revisar y cruzar para poder hacer una investigación histórica que me permitiera contar el asunto del asesinato de la esposa de William, Joan Volmer, que era una parte que me interesaba mucho contar, pero la razón de este libro es que a mí me interesaba contar la relación que tuvo Burroughs con México y la imposibilidad que existe entre mexicanos y norteamericanos de entablar diálogos, creo que es uno de los temas centrales del libro, somos dos culturas muy distintas, una es muy pragmática y austera, y está enfrentada permanentemente con una cultura ritual y barroca como es la nuestra.

JMH: La fascinación que tienes con la figura y con la vida de Burroughs porque resulta muy interesante y muy llamativo que en Uncle Bill Bef sea también un personaje dentro de su propia obra.

Bef: Quería que el personaje de Bef funcionara como un lector genérico, la de un lector que se enamora de la obra un autor, algo que digo, con cierta ironía, como una historia de amor, porque creo que como lector puedes establecer una relación muy intensa, muy importante pero que casi siempre está condenada a ser unilateral porque cubrir ese abismo es muy difícil, aunque en estos momentos con las ferias del libro, las redes sociales, este abismo que hace unos años era prácticamente de cruzar, ha adelgazado, pero lo que pasa es que mientras más avanzaba contando la historia se me fue de las manos el personaje autobiográfico y terminó siendo una cosa muy confesional de mi relación personal con él como lector que acaba filtrando la novela con la historia de mi abuelo paterno.

JMH: La imposibilidad de relacionarnos entre mexicanos y norteamericanos le afecta mucho a Burroughs, él nunca tuvo una relación cercana o amigable con la Ciudad de México.

Bef: Dice Jorge García Robles, entre otros, que Burroughs nunca profundizó su relación con México, él estuvo aquí como pudo haber estado en Panamá o en Bogotá, ahora él venía huyendo de los Estados Unidos, se establece aquí para según él estudiar, pero la verdad es que se la pasaba en la fiesta con los otros expatriados, pero el exilio gringo es así, es una cultura muy endogámica, pues la Ciudad de México debe ser una de las ciudades con más gringos fuera de los Estados Unidos, pero es un exilio invisible, no los ves, ellos van a sus propios lugares, van a sus restaurantes, a sus propios colegios, es decir es un exilio invisible y de ese modo pasó Burroughs por acá, como un hombre invisible que tampoco se vinculó con lo local, decía David Huerta que era como cualquier turista gringo que no era un conocedor de la cultura, aprendió un español turístico muy pobre, tenía una cierta fascinación por lo prehispánico pero tampoco ahondó en ese tema y cuando García Robles le pregunta, cuarenta años después, por las figuras fundamentales de la cultura mexicana como Octavio Paz, Salvador Novo, quién era Renato Leduc, él no tiene la menor idea, no le interesaba, entonces es una fascinación que se queda en la misma metáfora que la del lector, es una fascinación unilateral, él aquí vive ese episodio fundamental para su carrera pero nunca regresa a México y no tiene la intención de hacerlo, México era un lugar cargado de dolor para él.

JMH: Lo paradójico es justo eso que mencionas, que la muerte de Joan Vollmer sucediera aquí, pudo haberse dado en cualquier otro lugar, y que ese hecho haya sido lo que lo impulsaría a escribir, como él mencionó en varias ocasiones y que eso sea por lo que mucha gente lo admira, por su escritura, su obra literaria.

Bef: Él mismo dice que desde el primer día de la muerte de Joan él intentó escapar a través de la escritura, aunque yo estoy seguro de que si no hubiera pasado el accidente trágico y estúpido de la muerte de Joan, él no hubiera pasado de su novela de Junkie, que hubiera quedado olvidada entre las novelas pulp de la época, tal vez hubiera publicado Queer y hasta ahí se hubiera quedado, pienso que tanto a él creativamente como la anécdota lo catapultaron para convertirse en lo que terminó siendo.

JMH: Se convierte, además, en un ícono norteamericano pero la cultura norteamericana mantiene una relación muy incómoda con él.

Bef: Yo esperaba que en el 2014, cuando fue su centenario, se le hiciera por lo menos una estampilla y se la hicieron primero a Barry Manilow que a él, es decir, es un personaje sumamente incómodo a cien años de nacido, porque por un lado por su relación con el crimen, con las drogas, con el homicidio de Joan, y por otro lado era gay, o por lo menos bisexual, en un momento donde ser gay era un crimen y él siempre vivió su sexualidad de manera gay y a salto de mata, entonces es una relación muy complicada con la cultura oficial norteamericana, es un personaje que sigue siendo sumamente incómodo y eso me parece que está muy bien.

JMH: Pero tampoco para la cultura mexicana, pues el hecho de que haya vivido en México y haya pasado esta etapa en México no lo convierte en un escritor o artista muy reconocido en nuestro país.

Bef: No, no, hay extranjeros con los que mantenemos una relación más cercana, más cómoda, pienso en Malcolm Lowry, pienso en Edward Weston por ejemplo, Sergei Eisenstein, hay gente que sí llegaba y sí se enamoraba de México, pero nuestra relación con él es estrictamente geográfica.

JMH: Gracias a que él se instala en México es que el resto de los miembros de la generación Beat a visitan México, y obran tan conocidas como En el camino, de Kerouac, hacen una referencia directa a la Ciudad de México de aquella época.

Bef: Sí, claro, él llega aquí y gracias a que él vive aquí llegan Kerouac y Ginsberg, que creo que es el que más se enamora de México y entabla una relación luminosa con nuestro país. En medio quedaría Kerouac y su fascinación tumultuosa por nuestro país que nunca acaba bien, sin embargo.

JMH: Cómo fue el proceso de trabajo del libro, que como nos decías, te llevó cinco años.

Bef: Una parte fue la investigación de los hechos, se acercaba el centenario entonces pude tener acceso a las biografías, esa parte es algo que me gusta mucho, pues empezaron a aparecer datos nuevos, además, tuve que hacer una investigación visual de la Ciudad de México, porque mi dibujo es muy retro, muy de años cincuenta para que pareciera del periodo, es un tipo de dibujo que se llama línea clara que ayuda mucho para que se vea como de la época, pero sí tuve que hacer una investigación intensa sobre la vestimenta, la arquitectura de la época, que es una parte que me gustó hacer.


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Javier Moro Hernández

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