Esfera Pública

Esfera Pública: Independientes y Ciudadanos

Independientes para oxigenar nuestra democracia

Gilberto Carlos Ornelas

Es posible que para muchos analistas y estudiosos de los procesos electorales, los resultados alcanzados por los candidatos independientes en su primera incursión en las elecciones del México actual, parezcan pequeños y escasos, casi anecdóticos. Sin embargo, la importancia de esta nueva forma de participación en la competencia política no debe medirse por esos números, sino por toda su significación política que es tal, que puede transformar mucho de nuestra actual democracia que ha estado supeditada a las opciones partidistas, tanto así que cada vez hay más consenso en aceptar la existencia de la “partidocracia”.

No es cosa menor que Jaime Rodríguez El Bronco, haya ganado la gubernatura del estado de Nuevo León. Por el contrario, tal vez ejemplifique mejor la trascendencia de las candidaturas independientes. Nadie puede dudar que esa elección fue una dura lección a los partidos grandes y pequeños, viejos y nuevos, por más que hoy digan que el gobernador “independiente” tendrá que pactar con un congreso bipartidista. Eso es cierto, pero que los ciudadanos y el electorado hayan descubierto que hay vida después de las decisiones cupulares de los partidos, eso ya es un camino que mucho habrá de andarse. Incluso los partidos políticos de escasa votación han visto en esa elección que su “franquicia” de exclusividad para postular candidatos, sirve ahora menos que antes para salir del papel de testigos marginales. Algo similar se pudiera decir de los otros independientes triunfadores: el Maquío hijo, como diputado federal de un distrito en Sinaloa y Pedro Kumamoto, diputado local de un distrito de Zapopan, Jalisco, así como varios alcaldes en municipios en todo el país.

La primera importancia de las candidaturas “independientes” radica en que rompieron el monopolio de las postulaciones que han tenido los partidos políticos y que algunos han manejado casi como si fueran “concesiones” y que hace que cualquier ciudadano que tenga aspiraciones políticas, deba pasar por los filtros de las respectivas tribus, clanes y nomenclaturas partidistas. Cierto es que será difícil para el común de los ciudadanos lograr registro como “candidatos independientes” por las propias dificultades que entraña documentar el apoyo ciudadano y porque los requisitos y candados que pusieron los partidos en la ley, y en el caso de Aguascalientes son tan arbitrarios y ofensivos que los presuntos diputados demócratas debieran explicar su aprobación, no son nada generosos. Aún así, cada proceso de selección de candidatos estará condicionado a la existencia de liderazgos y grupos sociales y políticos capaces de construir alguna candidatura sin partido y eventualmente ganar o influir de manera determinante en los resultados. La sola posibilidad de candidatos independientes cambia las reglas de la competencia.

Si las candidaturas independientes son un derecho de todos los ciudadanos en general, también es cierto que, en la práctica, son un posibilidad específica para los grupos sociales organizados formalmente o no. Seguramente puede ser otra conclusión de la pasada elección: no basta un ciudadano voluntarioso para construir una candidatura; la nueva figura de participación necesita que el competidor independiente tenga presencia en el imaginario social o la estructura de apoyo capaz de colocarlo en ella. Por ello no es casual, que además de algunos ciudadanos entusiastas, a quienes simpatiza la posibilidad de competir sin partido sea aquellos que han creado un liderazgo en la opinión pública, en el mundo empresarial o el campo de las organizaciones sociales. Cierto es que las candidaturas independientes no serán para tener un candidato en cada vecino, pero el solo hecho de que liderazgos y personalidades destacadas puedan buscar esa posibilidad es una ampliación de las opciones políticas y de alguna manera oxigenan nuestro sistema electoral.

Nos ha tocado leer y escuchar de todo en crítica abierta o velada a las candidaturas independientes. Algunos opinadores han sacado del desván del viejo nacionalismo y el lombardismo, la idea del riesgo de que “oscuros intereses”, “grupos de presión” y “poderes extraños” operen a través de los “independientes” y los patrocinen con fines perversos y apátridas. Argumento que mueve a risa, primero porque parten de la idea de considerar a la ciudadanía menor de edad que debe ser tutelada y protegida de las malas influencias y enseguida porque se ha demostrado que las trapacerías y toda clase de infamias se pueden realizar en todos los partidos políticos, y que ante la permisividad de la autoridad los ciudadanos las debemos sufrir cuando no pudimos castigarlas con el voto.

Es posible que surjan candidatos independientes cuya experiencia política sea cuestionable y aún más su experiencia en la función pública, aunque vale la pena recordar que el valor principal que se requiere en la representación popular, es la confianza ciudadana que motiva a delegar la potestad en el electo y si el ciudadano decide con su voto dar su confianza a un lego de la política por encima de un culmen de la sabiduría, debieran ser los postuladores y gobernantes quienes se preocupen y escuchen la sonora crítica que el elector les propina y que les demuestra que el papel de los partidos como antesala del ejercicio del poder público está muy devaluada.

Las candidaturas independientes no son ni serán la panacea del sistema electoral mexicano, pero deben ser bienvenidas, pues constituyen una nueva forma de participación política de los ciudadanos y sus organizaciones formales o no, significan la posibilidad de ampliación de las opciones políticas para los electores y sobre todo es una crítica sólida al sistema de partidos políticos que en cada elección, a la hora de postular candidatos coloca los intereses de las cúpulas, burbujas o nomenclaturas, por encima del interés ciudadano de tal forma que con demasiada frecuencia elige a personajes incondicionales y algunos realmente impresentables. Las candidaturas independientes no son una bronquitis para nuestra partidocracia, mucho menos una pulmonía; esperamos que sea un descongestionante de las vías respiratorias de nuestra aún precaria democracia para que entre más oxígeno con más opciones y mayor participación activa de los ciudadanos.

@gilbertocarloso

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De candidaturas independientes, un poco de bronquitis

Francisco Aguirre

 

Y se sigue hablando de los candidatos independientes. Sobre todo de los que ganaron. Dos de los más populares, el gobernador electo Jaime Rodríguez El Bronco, en Nuevo León, y Pedro Kumamoto diputado electo por el distrito X local de Jalisco. Y claro, el payaso más triste, Guillermo Cienfuegos Lagrimita, candidato perdedor por la alcaldía de Guadalajara con menos del 1% del total de la votación emitida.

Últimamente, muchos de los analistas frustrados por la comentocracia ilustran y detallan de condiciones y estructuras demográficas validando esa forma de acceder al poder como si fuera un mapa de ruta, un diagrama de flujo continuo o ahora sí, el hilo negro para cambiar al país.

Tampoco rechazo las candidaturas independientes, inclusive desde 2013, estas páginas han pugnado por esta idea, por su consolidación, desde el debate hasta la aprobación del dictamen de ley en septiembre del 2013 (en el estado), donde se estableció toda la normatividad necesaria para sostener legalmente las candidaturas independientes en los procesos electorales que se desarrollen en el estado, tocando temas como los derechos y obligaciones de los candidatos independientes, los requisitos para el registro de los mismos, el financiamiento y la fiscalización de los recursos, así como su desempeño en las campañas electorales. (Rodríguez, 2015)

Asimismo, algunos personajes han defendido al sistema de partidos, le han impuesto adjetivos humanoides para describir la salud y sanidad de éste y lo cancerígeno que puede resultar la lucha independiente. Otros, lo ven como una epidemia. Las frases: puedo ser independiente, sí se puede ganar, es ahora y algunas otras sublimaciones y charreadas mentales han retumbado en las cabezas de muchos actores políticos del estado y del país.

La anarquía de los procesos democráticos se habría terminado, el monopolio del poder de la partidocracia se comienza a fracturar, y aunque fuera cierto, y ojalá la ruta no cambie de destino, la efervescencia por las candidaturas independientes empieza a convertirse en mal por exceso, cuando menos, por dos razones.

Primero, por una idea lógico-aritmética, porque bajo la gran mayoría de los escenarios político-electorales que se vivieron en los estados donde hubo elecciones locales y existieron candidatos independientes, el voto de la oposición sólo se fragmentó más, al dividirse en más opciones, y eso privilegió a los partidos con mayor peso relativo de votos en estado (sin importar si fueran candidatos a gobernadores, alcaldes, jefes delegacionales o diputados). La mayoría de los candidatos que no fueron registrados por el PRI o PAN y en algunos casos PRD, incluyendo por obviedad a los independientes, competían por la misma masa votante, por los primerizos electorales, switchers, libres, antipris, antipan, antipeñas, antilosmismosdesiempre.

Segundo, por la estructura ideológica-práctica. Si empresarios no se asumen representados por la preoferta electoral, no dudarán en apoyar e impulsar figuras de peso relativo en sectores específicos para representar sus intereses, ahora y a diferencia de antes, sin consultar a ningún partido. O los líderes de izquierda, sociales, caudillos o mesiánicos, locales o regionales, que por un sustento de una base social ya apoderada se enquisten como buenos representantes por naturaleza o añadidura divina. O presentadores de noticieros radiofónicos amarillistas medianamente famosos que por su espectro de radioescuchas perciban fidelidad y apoyo para construir una candidatura desde la sala de la casa o el hoyo 18 directo a las urnas. Esta supuesta polarización beneficiaría, casi de forma natural, a los partidos que se consideran de centro o centro-izquierda generando sólo más brechas entre las minorías, sus derechos y su representación.

El reto inmediato, no será construir la legitimidad de los próximos personajes que aspiren a ser candidatos independientes, cada uno de ellos gozará de su plena libertad para ejercer su derecho, sino será el ejercicio de gobierno o el ejercicio legislativo que se realice durante los próximos 3 o 6 años para esos independiente victoriosos.

Si el microondas de candidatos de partidos políticos apenas funciona para ellos, qué podemos esperar desde la visión independista. Tampoco soy oscuro y parco con el planteamiento, sólo intento aseverar que ahora el asunto no se trata de construir el testimonio de ser candidato independiente, sino viabilizar la opción, construir fórmulas y proyectos ganadores, con ímpetu, talento y equipo, pero sobretodo con representación colectiva de intereses y derechos, con agenda progresista, ciudadana y transparente.

Las historias de fracaso de los independientes son mucho mayores que las ganadoras. Para ilustrar, en Jalisco, los candidatos independientes a algunas alcaldías en promedio quedaron 34 puntos porcentuales debajo de los ganadores, aunque es de reconocer que algunos aseguraron ser regidores por la vía de representación proporcional, las expectativas quedaron muy diezmadas. De 145 candidatos independientes a jefes delegacionales del DF que emprendieron su camino, 14 lograron registrarse, ninguno acumuló victoria. 22 se registraron en Nuevo León, sólo dos ganaron (gubernatura y alcaldía de García). Así nomás. Ser independiente va más allá de un deseo ingenuo o una enfermedad respiratoria.

 


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La Jornada Aguascalientes

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