Opinión

Civismo electoral (Quinta parte) / Tlacuilo

Charlas cívico-culturales. Los Amigos de Jesús Terán realizarán esta actividad académica de carácter público, coloquial y gratuito el segundo martes de cada mes en punto de las 6:00 pm en la Casa Terán (Rivero y Gutiérrez 110 a unos pasos del Parián). La primera será el martes próximo (14 de julio) con el tema Jesús Terán y el Liberalismo. Le esperamos.

 

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Carlos A. Madrazo. Antes de continuar mis remembranzas -ahora sobre las elecciones de 1970- cabe recordar un hecho que ocurrió un año después del genocidio del 2 de octubre de 1968 que me provocó una profunda impresión por lo que le podía ocurrir en aquel tiempo a quienes se atrevían a desafiar al sistema.

Se trata del espantoso choque de un avión comercial contra el cerro del Fraile el 4 de junio de 1969, a unos minutos de aterrizar en Monterrey con 79 personas a bordo entre tripulación y pasajeros, uno de los cuales era Carlos Alberto Madrazo Becerra, político tabasqueño de ideología progresista, recia personalidad, amplia cultura y apasionada elocuencia.

Iniciado como camisa roja en las rudas luchas de Garrido Canabal, Madrazo llegó a ser honrado y capaz gobernador de su estado, cuyo progreso fue notable en su sexenio; terminó su carrera política oficial cuando al llegar a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional en 1964 pretendió democratizarlo mediante la selección de sus candidatos en elecciones libres para acabar con el dedazo impuesto desde la Presidencia absolutista por Miguel Alemán en 1946.

Como seguramente no le pidió permiso al dedo mayor para proponer lo anterior, pues en justicia no tenía porqué hacerlo puesto que jurídicamente hablando el partido no dependía del gobierno, en el terreno de la política real a la mexicana el dedo mayor, que era Díaz Ordaz, se opuso tajantemente, por lo que en 1965 Madrazo renunció y se fue; perdiendo la nación una oportunidad excepcional.

Para 1969 corría el rumor de que Madrazo pretendía fundar un nuevo partido cuando ocurrió la tragedia aérea. Por la deficiente y contradictoria investigación, cuya endeble conclusión fue en el sentido de que el hecho había sido un lamentable accidente, quedó en el ánimo público la idea de que pudiera haber sido provocado por un atentado, ya que según el dicho de testigos presenciales el avión estalló antes de chocar. Un tema para meditar.

Luis Echeverría. Del tema electoral es bien conocido que el aceitado sistema cumplió su fraudulenta función tradicional -si bien la más escandalosa de todas- cuando la Secretaría de Gobernación, bajo el mando del sustituto Bartlett, tuvo que improvisar la sorpresiva “caída del sistema”, para borrar de un plumazo la votación masiva que con la etiqueta del 2 de octubre dejó caer el pueblo como un mazo sobre las cabezas responsables: el saliente Gustavo Díaz Ordaz y su heredero Luis Echeverría Álvarez.

Echeverría siguió la escuela de la doble careta utilizada por otros gobernantes: izquierdistas hacia afuera y represores hacia adentro; con la agravante de que su juego fue el más complicado y cruel porque le tocó participar en lo más álgido de la guerra sucia organizada y fomentada por la Escuela de las Américas que el imperio tenía en Panamá y que reforzó con especialistas nazis desde la posguerra hasta desembocar en el plan cóndor, en el que se utilizó a los propios ejércitos latinoamericanos para aniquilar pueblos enteros o importantes sectores de ellos en América Latina, mediante el genocida terrorismo de estado que entre sus técnicas criminales incluyó los pavorosos vuelos de la muerte practicados por la culta Francia contra los movimientos de liberación en sus colonias de Asia y África, e importados desde 1973 por Juan Domingo Perón para reprimir a sus opositores en Argentina.

El caso es que Echeverría gobernó a matacaballo pero con una actitud tan autoritaria que en lugar de cerrar las heridas del 68 profundizó más aún la distancia con el pueblo, de tal manera que al final de su sexenio ese pueblo estaba atemorizado, pero por ello íntimamente inconformado con su gobierno. Y esa inconformidad se iba a manifestar en la siguiente justa electoral.

José López Portillo. La etapa de selección de candidato en 1975 fue un mero formulismo, pues todo mundo sabía que José López Portillo y Pacheco, gran amigo de Echeverría, era el ungido por el gran dedo para el siguiente sexenio. Pero precisamente por eso fue a él al que le tocó bailar con la más fea, pues el único partido que tradicionalmente podía calificarse como opositor, que era el de Acción Nacional (PAN), decidió no participar ante el escandaloso fraude electoral del sexenio anterior y porque en este tampoco existían las garantías mínimas de respeto al voto.

(Continuará)

Aguascalientes, México, América Latina

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Nuestra solidaridad con Itzel Acero por la firme defensa del estado laico en su artículo De regreso a la época medieval en pleno siglo XXI publicado el miércoles 8 de julio en la página 4 de este diario.


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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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