Opinión

Civismo electoral (Séptima parte) / Tlacuilo

 

SINOPSIS. En la parte anterior de esta serie de remembranzas sobre los procesos electorales que dejaron huella en mi memoria, mencionamos la denuncia que hiciera en contra de los rectores de todas las universidades del país el altamente respetado maestro emérito Mario de la Cueva, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de la cual había sido rector, por haberse presentado todos los rectores universitarios del país, incluido el de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) ante José López Portillo, en cuanto fue designado como candidato a la presidencia de la República por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) para manifestarle el apoyo de todos los estudiantes y profesores universitarios que evidentemente no representaban. Era la primera vez en la historia que ocurría un hecho tan insolente con la participación de los propios directivos.

No sé si la iniciativa partió de algún rector, del PRI o del propio candidato, a pesar de saber que las leyes orgánicas de todas las universidades públicas mexicanas prohíben expresamente la propaganda política y religiosa en su ámbito; el caso es que para recalcar la ofensa a las universidades, aparte de la descocada auto descalificación de los rectores se programó como parte de la campaña en forma por demás desatinada, un mitin en cada universidad del país seguramente con el ilusorio afán de ganarse la simpatía del pueblo universitario, perdida en 1968.

López Portillo en Aguascalientes. Ya en campaña, el candidato llegó a Aguascalientes el 5 de diciembre de 1975 para celebrar, entre otros, el mitin anunciado por el PRI en el edificio central de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, ubicado en el Jardín del Estudiante frente al Parián, a partir de las 20:00 horas. El rector nos había enterado el día anterior, por medio de una invitación personal que envió a nuestros domicilios.

El kilométrico mitin, disfrazado de sesión académica, se desarrolló sin tropiezos hasta que, aprovechando un paréntesis entre el final de un número y el principio de otro, me ubiqué a unos pasos de quienes presidían el acto para solicitar, respetuosamente, el uso de la palabra; de inmediato el conductor me la negó, diciéndome que no era posible modificar el orden establecido; instantáneamente surgió un cuchicheo entre los invitados que llenaban las sillas ubicadas en el patio (políticos, empresarios y periodistas) y un barullo más intenso en la planta alta, donde fueron ubicados los escasos estudiantes y profesores que se apoyaban en el barandal del corredor.

Yo, simplemente, dije que esperaría mi turno y me quedé allí, plantado frente al candidato, al gobernador, al rector y demás integrantes de la mesa y vi que, en cuanto me negaron el uso de la palabra, López Portillo le dijo algo al rector.

“…pidió la palabra y le fue negada, hasta que López Portillo intervino enérgicamente para que dejaran exponer al catedrático sus puntos de vista.” (Diario El Día, México, DF, 07-12-1975).

Después de aquellos tensos momentos en los que crecía el rumor creado por el desconcierto, el conductor corrigió su negativa al notificar que, al concluir la participación ya anunciada, se me otorgaría el uso de la palabra y así se hizo.

Como no dispongo del espacio necesario para reproducir la alocución completa, me limito a lo esencial: en primer término le di a López Portillo el familiar trato de maestro porque me identifiqué con él al ubicarlo a fines de la década de los años 50 como profesor (en la materia de Teoría General del Estado) de la entonces todavía Escuela de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, y yo como presidente de la generación graduada y apadrinada por el general Lázaro Cárdenas del Río el 21 de diciembre de 1959.

En segundo lugar le sugerí ordenar una investigación acerca de las misteriosas actividades de Rudolph P. Atcon, a quien califiqué como “cabeza visible de una conjura del imperio para colonizar nuestra educación universitaria, es decir, para domesticar el centro neurálgico de nuestra nación” y de América Latina entera, en la que tenía ya cerca de veinte años de estar destruyendo nuestro sistema universitario de servicio, para imponer el peor modelo estadounidense que se conoce como departamental, que es de hecho mercantil y que dos años antes el rector nos había dicho que era un invento suyo, cuando yo había conocido la nefasta obra de Atcon en Centroamérica desde 1962 (y el profesor José Antonio Chávez Paura el caso de Concepción, en Chile).

(Continuará)

Aguascalientes, México, América Latina

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Dar la nota:

“Se creará la Universidad Naval, anuncia Peña Nieto” (La Jornada, 24-07-2015) ¿Hasta cuándo se interesarán los presidentes “universitarios” por investigar qué es una Universidad?

“Abrirán escuela para niños con alto coeficiente intelectual” (La Jornada Aguascalientes, 24-07-2015) ¿No es más urgente para el Estado, como tal, atender primero a los niños que no van a la escuela porque son pobres?

 


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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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