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El miedo es algo que ha ido moviendo a la humanidad

  • Entrevista a Jonathan Minila, acerca de Lo peor de la buena suerte
  • Una serie de cuentos que giran en torno al miedo o a los miedos contemporáneos, por ejemplo, el miedo a desaparecer o a no ser algo, el miedo al éxito o el miedo al otro

 

Cuentos sociales que caen en el campo de lo fantástico, cuentos que nos reflejan el filo de la soledad a la que muchas personas se ven condenadas a pesar de vivir en megaciudades donde millones de personas se pelean diariamente por acceder a los medios de transportes para poder llegar a su destino. Personajes que se confunden y que la pasan buscando, persiguiendo sus recuerdos, personajes que van desapareciendo poco a poco, lentamente, hasta que lo único que les queda es su voz para contarnos su vida, su desaparición. O personajes que entran al metro para no volver a ser encontrados. Estos (y otros más por el estilo) son los personajes extraños, sufridos, que pululan en las páginas del primer libro de cuentos del escritor mexicano Jonathan Minila (Ciudad de México, 1980), Lo peor de la buena suerte, recién publicado por la editorial Tierra Adentro.

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Personajes que se buscan a sí mismos en una extraña fuga hacia adelante, personajes que desnudan sus miedos, sus compulsiones, sus arrebatos, sus manías, para demostrarnos que en esta vida contemporánea quedan pocas cosas por ver, por conocer. Personajes, en fin, con una alta carga de extrañeza ante la realidad. Personajes solitarios, que tienen que sobrevivir en esta jungla egoísta en el que los seres humanos han convertido las sociedades que habitamos. Sin embargo, los cuentos reunidos en el primer libro de cuentos del también colaborador de La Jornada de Aguascalientes y promotor cultural, lleva a sus personajes hacia realidades más extrañas, más caóticas, y lo hace con una leva vuelta de tuerca que sorprenderá y descubrirá universos aún más extraños, aún más complejos:

“Tenía cuentos que caían más en el territorio de lo fantástico y lo que quería con estos cuentos era que el lector tuviera una identificación muy clara y muy cercana con los personajes, y después que fuera siguiendo el ritmo de la cotidianidad del personaje, algo que puedes ver en el cuento “Siguiente estación” en donde el lector puede seguir a los tres personajes en su vida diaria, en su ritmo cotidiano, eso tal vez los hace cuentos un poco largos, pero buscan seguir y palpar el ritmo cotidiano para después algo pase para que algo la trastoque y la convierte en un caos, quería que el lector sintiera el ritmo tal cual lo está sintiendo el personaje, para que cuando se diera este trastoque, esta transformación, se diera de manera casi imperceptible, digamos que ya la carga de la irrealidad o del caos ya está ahí desde el principio, pero quería que la forma de llegar a ellos fuera muy sutil, que no surgiera desde el principio, sino que todos fueran personajes muy normales, muy de la vida diaria, que de pronto algo les sucede y entra el caos”, nos dijo el autor en entrevista.

Javier Moro Hernández (JMH): Hay un proceso en donde se trastoca la realidad, como dices, pienso en el cuento que mencionas, “Siguiente estación”, el lector no sabe qué está pasando hasta que los personajes no se lo dicen, pues empiezan a preguntarse por qué dura tanto el traslado, y el lector no sabe en qué momento todo se convirtió en caos, es una transformación que no es abrupto, que no busca sorprender.

Jonathan Minila (JM): Es importante ir dejando elementos que después se rescatan pero que todo el tiempo te estuvieron diciendo que ahí estaba el elemento caótico, lo que iba a desatar el infierno, son juegos mentales, por decirlo así, que es lo que te puede suceder en la vida diaria, por ejemplo en el cuento que mencionas, “Siguiente estación”, los personajes están haciendo una introspección sobre sus problemas todo el tiempo pero empiezan a ver el reloj, tal vez el lector no se da cuenta de esto al principio, pues aparece muy poco, el primer personaje que es un chico que trabaja en una oficina y tiene problemas en su casa con su chica, se fija en reloj porque no quiere salir de la oficina y enfrentarse a ese problema, el segundo personaje es una chica que trabaja en una cafetería, que está terminando su trabajo y se tiene que apurar para no perder el último metro, el tercer personaje es un ama de casa que está al pendiente del reloj, pues tiene que regresar a su casa para preparar la cena, pero en realidad el cambio es justo eso, el reloj, el estar checando el reloj, la hora, en realidad lo que hace que gire la historia es el tiempo, y en un momento dado todos tienen miedo de decirse en voz alta que el metro ya se tardó mucho en llegar a la siguiente estación, como una especie de miedo a invocar las malas noticias.

JMH: La mayoría de las voces narrativas incluidas en Lo peor de la buena suerte son introspectivas, están pensando sobre su vida, sí están reflejando su vida cotidiana, su normalidad, pero desde el interior de los personajes, se emparenta con la reflexión, con lo ensayístico de repente, eso le permite al lector conocer al personaje desde su interior, desde la reflexión de lo que está haciendo.

JM: Es una formas que tengo para escribir, me suele pasar y de hecho con el tiempo me empezó a sucederme más, a poner a reflexionar, así sea que esté en primera, segunda o tercera persona el narrador. La perspectiva de los narradores va cambiando, pero a pesar de estos son narradores que van teniendo una perspectiva que se adentra en las sensaciones o en sus emociones. En estos cuentos los lectores tienen la posibilidad de conocer el pensamiento de los personajes, pero la razón es que creo que nosotros estamos todo el tiempo pensando, analizando nuestra vida, las situaciones, estamos en un instante en algún lugar y empezamos a reflexionar sobre algo pero al momento siguiente estamos en otro lugar pensando en otro lugar, y justamente con este efecto de que el lector pudiera estar muy cercano al personaje y a su realidad buscaba quería que los lectores también pudieran estar muy cercano a los pensamientos y sentimientos de los personajes.

JMH: Justamente el personaje del cuento “Bálsamo para curar el olvido” es un chico que se la vive persiguiendo sus pensamientos, sus ideas, un personaje que se le olvidan las cosas, que no recuerda dónde deja los objetos, y que empieza a desesperarse por ese olvido. Este personaje se encuentra persiguiéndose a sí mismo tratando de recordar cosas, lo cual le impide tener un contacto certero con lo que está pasando a su alrededor.

JM: Estamos, casi siempre, en la búsqueda de algo, sobre todo tratando de atrapar el pasado a través de los recuerdos, pero esos recuerdos no son lo que pasó exactamente, el pasado siempre es percibido de maneras diferentes, un mismo hecho percibido por muchas personas siempre será diferente, eso pasa también con los recuerdos pasa algo similar, nunca vas a recordar un mismo suceso de la misma manera, aunque hayas sido tú quien lo vivió, entonces este cuento es una reflexión sobre esta búsqueda constante y esta forma de estar perdiendo la vida tratando de recordar, tratando de que se no perder el pasado, pero al mismo tiempo siempre tienes que ir avanzando hacia algo que no sabes exactamente qué es, y ahora recordando el cuento de Edgar Allan Poe “La carta robada” eso que buscas puede estar en el lugar más evidente.

JMH: El hecho de que los personajes estén en un constante cuestionamiento de su vida, de su propio ser, me hace pensar que son personajes solitarios y enclaustrados en sí mismo, a pesar de que tengan una vida aparentemente productiva. Pero hay una separación con su entorno y de sí mismos.

JM: Los cuentos intentan ser un reflejo de este momento que estamos viviendo, intentan ser un reflejo de una sociedad contemporánea, pero también intentan reflejar o hablar del sentimiento de soledad que nos agobia a pesar de vivir en sociedades masificadas, sociedades en las que sales a la calle y te encuentras con multitudes enormes al lugar adonde vas. Estar solo en medio de una multitud que se mueve, eso es algo que me mueve mucho cuando salgo a la calle e intento observar lo que sucede en la calle, hay muy poca consideración hacia los demás, mucha gente no se identifica con los otros, la gente se siente sola, entonces sí quería explorar este sentimiento de esta soledad que se siente en medio de la multitud, muchos de los personajes del libro, de los cuentos, se sienten solos, a pesar de que como dices, tienen trabajos, salen a la calle, tienen que convivir, comprar, hablar, pero se sienten relegados, dejados de lado.

JMH: Justo en este mismo cuento de “Bálsamo para curar el olvido” el personaje llega un momento en el que sale a la calle y se pregunta adónde va toda esa gente; “Los veo caminando todo el tiempo como si supieran adónde van pero yo no tengo la menor idea de adónde van”.

JM: Eso me lo preguntaba desde niño, y lo sigo haciendo, cuando veo una multitud de personas que se mueve en una sola dirección, y eso me hace pensar que la realidad es tan intensa en ocasiones que termina pareciendo una obra de teatro, un montaje, algo muy lejano aunque uno esté conviviendo en ese momento, eso es algo que me pasa mucho cuando llego al DF en un avión, que es algo impresionante, y esa distancia te hace pensar que tú estás ahí abajo, participando en la vida cotidiana de esa megaurbe, que eres parte de esa gran masa de gente, que también formas parte de ese teatro, aunque no seas significativo dentro de lo que pasa, pero estás complementando todo este gran movimiento que está sucediendo todo el tiempo, nos cruzamos todos el tiempo y todo el tiempo ves gente diferente, vidas diferentes que están girando en una realidad, y son preguntas que me hago todo el tiempo: ¿De dónde salió toda esta gente? ¿Qué están pensando todas estas personas? ¿Adónde van? Y puedes estar viviendo ese mismo espacio de realidad pero no todos ven lo mismo, ni piensan lo mismo, porque todos percibimos las cosas desde distintos ángulos, por lo que la realidad no se puede asir, por lo que siempre he pensado que no podemos percibir la realidad en toda su complejidad.

JMH: Pensaba que los personajes de los cuentos nos reflejan algún miedo, por supuesto está el miedo a las puertas que es uno de los más obvios, pero creo que también los personajes nos reflejan miedos más profundos y menos obvios. El miedo al éxito en el protagonista de “Lo peor de la buena suerte”, el miedo a la soledad, que se refleja en los protagonistas de algunos de los cuentos, pero también creo que podemos hablar del vacío, del sinsentido de la vida.

JM: Es un libro que gira en torno al miedo o a los miedos contemporáneos, por ejemplo el miedo a desaparecer o a no ser algo, el miedo al éxito o el miedo al otro, en este cuento en donde los roles masculinos y femeninos se trastocan y el chico es el que queda embarazado, por ejemplo, o el miedo al sistema o al poder, como en el último cuento donde se habla del insomnio, pero que en realidad es un cuento que quiere retratar el cómo los medios no nos informan de lo que está sucediendo a nuestro alrededor, en nuestro país, sino que en realidad nos desinforman, nos cuentan historias que no son ciertas para crearnos miedo, paranoias que no podemos contrarrestar con la realidad. Creo que el miedo es algo que ha ido moviendo a la humanidad, no siempre de una forma positiva, pero el miedo nos ha forzado a buscar cosas, a inventar cosas, a vestirnos, a comer, a buscar el fuego, por ejemplo, pero también implica ciertos patrones de conducta que está controlado por el miedo, por ejemplo al otro, a lo extraño, a lo que nos parece diferente, la sociedad ha creado pautas de conducta y mecanismos de defensa creados o propiciados por el miedo más básico, más primigenio por llamarlo de alguna manera, que en muchas ocasiones nos han obligado a tomar muy malas decisiones.


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Javier Moro Hernández

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