Esfera Pública

Esfera Pública: Endeudamiento

Ciudadanos endeudados, políticos acaudalados

Fernando Aguilera Lesprón

 

Rezan los capitalistas: dime cuánto debes y te diré cuánto tienes. La creencia tal vez es efectiva para las economías primermundistas pero nunca para una nación como México, con una sociedad en creciente pobreza y una clase política en ascendente riqueza.

En los años recientes, los gobiernos de todos órdenes y colores partidistas han vuelto el endeudamiento como alternativa para la fortaleza de sus políticas clientelares, la cristalización de proyectos faraónicos y, en el mejor catastrófico escenario, para el escape a sus limitaciones financieras.

El gasto que ejercen tanto la Federación como los gobiernos estatales y municipales se ha vuelto insuficiente por el inadecuado manejo de los recursos públicos y, con mayor gravedad, por su incontrolable sistema de nóminas, resultado de los compromisos partidistas.

Aunado a ello, tenemos organismos fiscalizadores cómplices de la corrupción y calificadoras internacionales que sólo emiten una buena certificación a las finanzas públicas en correspondencia a un costoso contrato establecido con los gobiernos.

El escenario del país en este momento debe ser de preocupación, pero sobre todo de prevención. El endeudamiento que sin excepción tienen los gobiernos podrá generar una crisis en el corto plazo, considerando que los ingresos petroleros se han reducido y por tanto afectarán las partidas económicas a las distintas entidades.

Gran parte de los endeudamientos contraídos se sustentan precisamente en las participaciones. Son innumerables los casos donde los empréstitos asfixian a los gobiernos incidiendo en la ausencia de programas que tienen que ver con la prioridad de los ciudadanos, como es responder a las demandas de seguridad, empleo, educación y salud.

Los síntomas que muestran la debilidad económica de México advierten que varias entidades podrán ingresar en el corto plazo a la terapia intensiva financiera.

La sobredependencia del petróleo y del respaldo de la Federación, podría hacer que no pocas localidades estatales y municipales requieran de un rescate financiero tipo Fobaproa, para poder seguir operando.

Les será más fácil recurrir a la piedad presidencial sin descartar la reestructura de la deuda, para hacer frente a los pasivos que para entonces, en varias cuentas, podría ser incontrolable.

Para la administración de Enrique Peña Nieto no será una tarea fácil, debido a que en apenas dos años de trabajo también le ha apostado al sobreendeudamiento.

El nivel de deuda en la gestión de Peña ha crecido en casi un 30 por ciento y hoy el monto alcanza los dos mil billones de pesos.

Si todos los mexicanos tuviéramos que aportar para pagar todo ese dinero que se ha solicitado a los organismos e instituciones financieras, tanto nacionales como internacionales, tendríamos que destinar cada uno más de once mil 800 pesos.

Eso implicaría que al menos el obrero de Aguascalientes entregara íntegro el raquítico salario que percibiría en más de tres meses.

El problema es más serio de lo que algunos suponen. Es necesario que quienes hoy son gobierno se moderen en el gasto y ejerzan los recursos en las prioridades del pueblo con absoluta transparencia y honestidad.

No podemos permitir que el sistema financiero de los estados y municipios colapse por culpa de la corrupción y la excesiva burocracia. Si bien el riesgo es inminente, nunca será tarde para evitar una catástrofe económica en la que, una vez más, el pueblo sería el que tendría que pagar.

@aguileralespron

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Endeudamiento e irresponsabilidad pública

Enrique F. Pasillas P.

 

La noción de deuda pública se refiere al conjunto de deudas que mantiene el Estado frente a otro país, países u organismos internacionales o particulares. Se trata de un mecanismo para obtener recursos financieros a través de la emisión de títulos de valores. El Estado, por lo tanto, contrae deuda pública para solucionar problemas de liquidez (cuando el dinero en caja no resulta suficiente para afrontar los pagos inmediatos) o para financiar proyectos a medio o largo plazo. La deuda pública puede ser contraída por la administración municipal, estatal o nacional. Al emitir títulos de valores y colocarlos en los mercados nacionales o extranjeros, el Estado promete un futuro pago con intereses según los plazos estipulados por el bono.

La emisión de deuda pública, al igual que la creación de dinero y los impuestos, son medios que tienen los estados nacionales para financiar sus actividades. La deuda pública, de todos modos, también puede utilizarse como un instrumento de la política económica, de acuerdo a la estrategia elegida por las autoridades. Así tendríamos que hablar, por un lado, de tres tipos diferentes de deuda pública, aunque es cierto que hay diversas clasificaciones: a corto plazo. Dentro de esta categoría se encuentran las letras del tesoro y se identifica por el hecho de que tiene un plazo de vencimiento que no supera el año. A medio plazo, los bonos del Estado son, por su parte, los máximos exponentes de esta clase de deuda pública que se suele utilizar para hacer frente a lo que serían los gastos ordinarios que tiene aquel. O a largo plazo, que como su nombre indica, es deuda que tiene una duración muy larga y que puede incluso llegar a ser perpetua. En su caso, se recurre a aquel para hacer frente a lo que serían gastos extraordinarios o para situaciones especiales. También es posible clasificar la deuda pública de distintas maneras. La deuda pública real es aquella compuesta por los títulos que pueden ser adquiridos por los particulares, los bancos privados y el sector exterior. La deuda pública ficticia, en cambio, es la emisión destinada al Banco Central del país. De la misma manera, tampoco podemos olvidar que otra de las clasificaciones más importantes que existen en torno a la deuda pública es la que la diferencia en dos grandes grupos: interna y externa. La primera sólo hace referencia al país en cuestión y es la que adquieren los nacionales del mismo. La segunda, la deuda pública externa, es la que se suscribe por parte de los extranjeros y afecta, por tanto, no sólo a la economía nacional sino también a la de aquellos. Esto supone, además, que traiga consigo un importante número de beneficios en cuanto a amortización u ahorro nacional. Claro que todo esto es en el ámbito de la teoría económica. En la realidad recordamos frases memorables como la del expresidente López Portillo en 1976: “ya nos saquearon, no nos volverán a saquear”, decretando la nacionalización de la banca, o podemos ver situaciones actuales como la de Grecia, que no están tan lejos como se pretende, pese a lo que se repita machaconamente, de nuestras peores realidades más cercanas, como apunta mi colega jornalero Aguilera Lesprón en su texto de hoy para la “Esfera Pública”.

2009 es el antecedente directo del escándalo griego de hoy, al trascender por entonces que la deuda y el déficit público de ese país en teoría desarrollado y miembro de la Unión Europea desde 1985; eran mucho mayores a lo que durante años informó el gobierno neoliberal del partido de derecha Nueva Democracia a la Unión Europea. Luego, los bonos de deuda de Atenas fueron declarados chatarra por las calificadoras de riesgo. La Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI). “Ayudando” generosamente al país en apuros a salir del endeudamiento, la Troika ordenó después una de las más feroces operaciones de saqueo de una nación: pagar con altos intereses la astronómica deuda y déficit públicos acumulados a sus acreedores privados en Alemania y Francia, traducido en la rebaja inmediata de salarios y pensiones, supresión de derechos sociales, privatizaciones y subida considerable de impuestos, pero no a los ricos. ¿Suena parecida la receta a la de algún país que nos venga a la cabeza? En situación análoga y más o menos grave están casi todos los países mediterráneos, encabezados por Italia, España y Portugal. Pero también otros como Irlanda.

Como resultado del saqueo y la irresponsabilidad de sus políticos, la deuda pública griega, lejos de reducirse, se desbocó. El PIB cayó al 25%, el desempleo es el más alto de Europa y el paro juvenil alcanza casi el 60%. Así que no está claro ahora mismo cuál será el desenlace del pulso que enfrenta al gobierno de izquierdas de Syriza, encabezado por Alexis Tsipras; con los saqueadores neoliberales de la Troika. Ya algunos economistas reputados, como los nobeles Krugman y Stiglitz, afirmaron recientemente y de nuevo, porque ya lo habían avisado antes; por lo menos desde 2010, que la mejor salida para Grecia sería abandonar al euro sin salir de la UE y volver al dracma, pues su economía se vería beneficiada por la implantación de nuevo de su moneda ante el euro y el país retomaría el crecimiento económico en algún momento futuro. Como se ve, no es poco lo que se debate estos días en la cuna de la civilización occidental, y dice bien el primer ministro Tsipras cuando sostiene que el referéndum convocado el domingo por su gobierno no es contra Europa, sino contra el chantaje de la Troika.

@efpasillas


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