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Ventilar las emociones y las grietas de una familia es un proceso auténtico de renovación

  • Entrevista a Patricia Laurent Kullick, sobre La giganta
  • Todos, de alguna manera, venimos de una familia disfuncional o con secretos que queman el mismo ADN de generaciones

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Un libro va más allá de sí mismo. Detrás de él está todo lo que ha llevado a su construcción. La exploración, el camino y todo lo que representa el instante de su escritura. Varias cosas más. Cargar un libro es llevar la conjunción de muchos instantes. Como una frase, se construye también de lo que no sé ve. Sin embargo, pocos libros nos llevan a preguntarnos todo lo que existe detrás. La giganta (Tusquets editores, 2015), la más reciente novela de la escritora tamaulipeca Patricia Laurent Kullick, es un ejemplo de esto. Sobre esta novela, que representa una exploración muy personal del esquema de la familia disfuncional, surgen varias preguntas. De inmediato, mientras se lee, se quiere conversar con la autora para saber qué tanto de todo esto es real y qué representa. Es una novela llena de tristeza, de miedo y de profunda ternura. Una historia donde la unión familiar y el amor permanecen pese a todas las vicisitudes. ¿Qué tanto de nosotros mismos está ahí? Mientras se lee nos preguntamos lo que es la familia para cada uno, cómo nos influye, pero sobre todo lo que representa la presión social de lo que debe ser una, cómo debe ser y cómo debe funcionar. ¿Si no cumplen con los cánones nos debemos sentir culpables? ¿Quién cumple con ellos realmente? ¿Para qué?

Sobre La giganta, que explora estos y otros temas, conversé con su autora, Patricia Laurent Kullik, quien accedió a responder algunas preguntas.

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Jonathan Minila (JM): Antes de La giganta, novela publicada recientemente por Tusquets Editores, publicaste cuatro libros de cuentos, entre ellos Estas y otras ciudades (Tierra adentro, 1991), y dos novelas, la última de ellas El camino de Santiago en 1999. Desde entonces han pasado 16 años. ¿Qué pasó este tiempo? ¿A qué se debió este silencio? ¿Lo fue acaso?

Patricia Laurent Kullik (PLK): No, no fue silencio como tal. Aunque he intentado dejar de escribir, no lo he logrado. Tengo dos novelas inéditas y una más que publiqué localmente en Ediciones Intempestivas que se llama El Circo de la Soledad, en el 2011. Además de un proyecto llamado Besario (de una coleccionista de besos), artículos y diarios. Pero si percibes un hueco, es que sí existe una lentitud. No soy una escritora de oficio, sino de necesidad. Me cuento mucho la historia antes de enfrentarme a la pantalla. Y varios de mis personajes salen expulsados, más que esculpidos. Además, no pienso en la creación literaria a nivel volumen, aunque sé que se necesita para premios y becas, sino la tengo bajo una fórmula de intensidad y brevedad.

JM: Hábleme de la giganta, del personaje. ¿Quién es?

PLK: La giganta es mi madre. Ella nunca tuvo reparos en mostrarnos el espectro de las emociones. Fue madre de diez (los otros cinco hermanos son del primer matrimonio, de la mujer que mi padre abandona para venirse con mi madre). Somos hijos de la pasión y el caos. Ambos de mis padres cayeron en el alcoholismo. Sin embargo, es importante aclararte que [la novela] no es del todo autobiográfica. En primera, pienso que la más grande ficción del hombre es la memoria. Dependiendo ésta de los cinco sentidos, y éstos a su vez de las capacidades físicas de cada quien y también de las capacidades intelectuales para abrir las rutas cognitivas cerebrales y archivar las memorias, por lo tanto, los mismos hermanos de una familia viven todo diferente. La imaginación infantil de cada quien es un embrión de la memoria que se desarrollará como única, íntima e irrepetible. Por lo tanto, lo que es más auténtico en esta novela, digamos más autobiográfico, son la emociones y algunas de las anécdotas.

JM: El libro se lo dedicas a tus hermanos. ¿Qué tanto hay de ellos y de ti en esta novela?

PLK: Bastante. Casi todos los personajes están diseñados como los reales y también un buen porcentaje de las circunstancias. Siento que de alguna forma quería hacer una ofrenda a mis medios hermanos y aunque en la novela no son más que fotografías, en la vida real aprendimos a quererlos mucho y a respetarlos por su jerarquía y media orfandad.

JM: En La giganta es muy clara la construcción de cada personaje. A pesar de las pocas páginas el lector puede involucrarse con cualquiera de los hermanos. ¿Cómo fue el trabajar con tantas personalidades? ¿Cómo lograste definir a cada uno de ellos y hacer que el lector los pueda identificar tan fácilmente, y hasta encariñarse con ellos, a través de un narrador que cuenta todo en segunda persona, pero que al mismo tiempo es una de las hijas, de las hermanas?

PLK: Al principio pensaba en una oda, un especie de canto, por eso la inicié en segunda persona, cuando la sexta hija ya es grande y le habla de Jerusalén, donde ella misma busca la madurez emocional. Pero se empezaron a agolpar los recuerdos, el DDT para los piojos y las caras amadas de mis hermanos, y pude ver que podía hacer una construcción un tanto caótica, nada tradicional para una novela, pues el DDT me daba cierto permiso para la incongruencia. La disfuncionalidad de la familia también me servía de sintaxis para una velocidad narrativa, que era lo que deseaba lograr, puesto que venía de la idea de un canto. Luego pensé en que la segunda persona es una conjugación muy cansada y traté, sin que el lector lo notara, que la adulta se volviera niña nuevamente y fungiera a su vez como narrador omnisciente. Trabajar a tanto personaje no me resultó tan difícil cuando escogí la edad de la narradora: once años. Esto me permitía un ojo observador más abundante para los mayores que ya tenían experiencias y cuitas más intensas, y apenas un soslayo para los menores.

JM: Además de la giganta, ¿no crees la Familia (así, con f mayúscula) pueda ser también el personaje principal?

PLK: Así es. Yo creo que todos, de alguna manera, venimos de una familia disfuncional o con secretos que queman el mismo ADN de generaciones, aunque los miembros no lo sepan. Ventilar las emociones y las grietas de una familia es un proceso auténtico de renovación.

JM: Al principio de la novela la giganta (el personaje) genera cierta “aberración”, es una historia fuerte que mientras avanza comienza a teñirse de ternura. ¿Qué es aquello que permanece?

PLK: Permanece el poder sublimar las emociones, por más azufrosas que sean, como el abuso sexual que al final termina salvando al padre de su infierno en México.

JM: ¿Qué palabra definiría a cada uno de los personajes que integran esta historia?

PLK: Para todos es el asombro y el desconcierto, a la vez que van desarrollando, mediante estas quebraduras, una capacidad de unión y amor.

JM: Ahora lo pienso. ¿La ausencia es otro personaje más?

PLK: Sí, porque Etienne estaba ausente por una nostalgia eterna por su otra familia y la madre, por buscar el sustento y el alcohol. Esto obliga al personaje de Efraín a madurar atemporalmente y a volverse padre de sus padres y de sus propios hermanitos.

JM: A veces me da la impresión que los hermanos, todos ellos, de una forma u otra forma huyen, están solos. ¿Cómo pueden sentirse así entre tanta gente?

PLK: Debido al mestizaje entre un francés y una indígena, se sienten diferentes y las personas los tratan diferentes, esto hace que te refugies con los de tu especie, que es la misma familia. Los hermanos se ven como ensayos genéticos, como borradores humanos porque sus padres no dan un sello de autenticidad a esta unión.

JM: Como la vida misma, como la vida de cualquiera, entre tanto caos suceden de pronto escenas de lo más enternecedoras. Aquí, por ejemplo, hay una donde una pequeña comitiva de los hermanos se sale de la casa para buscar el lugar donde se hacen los comerciales de niños bonitos. Ellos lo son. Quieren trabajar y por lo tanto poder comer. Aunque no llegan muy lejos, claro. Terminan dormidos, con frío y hambre entre unos árboles. Efraín, el hermano que hace la función del protector, los busca. Cuando los encuentra siente, junto al lector, una ternura profunda. ¿Qué tanto hay de amor entre ellos? ¿Qué tanto hay de amor a su madre? ¿Qué tanto de amor hay en esa pobreza y en el pensamiento constante de la muerte?

PLK: Por parte de Efraín, que es un chavo de dieciséis años, hay mucho amor hacia sus padres y sus hermanos. De hecho, lava coches para poder proveer comida y regalos. Y sin embargo, es el equilibrista que caerá en el abismo, porque hace demasiados papeles a la vez. Todos los demás aprenden de él, es el héroe, incluyendo su madre, por lo tanto, al final, es el amor que les enseña Efraín lo que une a esta familia.

JM: ¿Qué representa Etienne?

PLK: La frustración de estar atrapado en un estado mental, como él mismo le llama a México.

JM: ¿Qué es para ti la soledad?

PLK: Vivir en una familia callada, distante, apática, sin pasión. Todo lo contrario a la familia de La giganta.

JM: ¿Piensas en la muerte?

PLK: Siempre, eso me mantiene viva.

 


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Jonathan Minila

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