Opinión

Civismo electoral (Octava parte) / Tlacuilo

 

Continuando con la exposición del discurso que pronuncié frente al candidato José López Portillo, le adelanté que seguramente yo sería destituido por atreverme a denunciar la violación de la autonomía universitaria que significaba la realización de aquel mitin, de la misma manera que el profesor Chávez Paura fue expulsado junto con los estudiantes que lo invitaron a dictar una conferencia en la que calificó a la institución como universidad de mercado, basado en el hecho de que la ley orgánica que cambió el nombre del Instituto de Ciencias al de Universidad -por decreto y sin la participación de estudiantes y profesores- debe estar orientada hacia el desarrollo “socioeconómico” regional y nacional, de acuerdo con las demandas del mercado.

“Y nosotros nos preguntamos cuándo el mercado va a solicitar filósofos. Y nosotros nos preguntamos si alguien en el mundo conoce una verdadera universidad que carezca de filosofía. Y nosotros nos preguntamos cuándo la ‘Universidad’ de Aguascalientes llegará a tener por lo menos una carrera humanística. Y nosotros nos preguntamos si no será la influencia departamentalista norteamericana la que está provocando esa espantosa proliferación de ‘universidades’ tecnológicas, agrícolas y hasta militares en el colmo de la aberración de nuestro siglo.”

Hice mención de tumores antiuniversitarios impuestos desde Estados Unidos, como el caso del crédito universitario: “En tanto que el Servicio Social enseña al universitario la virtud de humanidad de que hablaba Confucio, el crédito educativo le enseña el vicio del egoísmo; en tanto el servicio social enseña al universitario que la mayor grandeza del hombre consiste en dar, el crédito educativo le enseña a vender caro lo que sabe para pagar lo que debe. Si el Estado abandona, así sea en parte, su obligación de atender las necesidades de educación superior con los recursos que el propio pueblo le entrega a través de sus impuestos, para trasladar esa obligación a otras responsabilidades ajenas al pueblo por medio de esa operación financiera y mercantil que es el crédito educativo, estará traicionando los ideales de justicia social de nuestros mejores hombres.”

Después de algunas otras consideraciones por el estilo preparé el final de mi intervención haciéndole la siguiente pregunta: “…maestro López Portillo, he de referirme a su presencia en este recinto universitario. Para ello quiero preguntarle, con todo respeto, si esta ceremonia se ha organizado a solicitud de usted.”

Al contestarla en sentido negativo el público prorrumpió en un prolongado aplauso, en virtud de que el rector había aducido que el candidato era quien había solicitado visitar la Universidad.

(Continuará)

Aguascalientes, México, América Latina

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Dar la nota:

 

El pasado domingo 2 de agosto aparecieron las siguientes notas sobre el tema de las cuotas estudiantiles en escuelas públicas:

 

Nota 1. Ex líder magisterial asegura que las cuotas escolares son un mal necesario. Además, afirma que los padres tienen que aportar” y califica de “irresponsabilidad anunciar algo imposible” porque “los gobiernos no tienen capacidad de subir el presupuesto.”

 

Nota 2. Pide agrupación estudiantil revisar a detalle las colegiaturas de la UAA. El artículo se refiere a la pugna de dos grupos que discuten si los incrementos a las cuotas deben ser fijas o variables, lo que hace suponer que ambos las consideran obligatorias.

 

Comentario: Ni la exlíder magisterial -además diputada integrante del Congreso del Estado- ni los estudiantes de la UAA -que confunden colegiaturas con cuotas- parecen estar enterados de que el Artículo 3º de nuestra Constitución Política establece que “Toda la educación que el Estado imparta será gratuita”. No pregunta ni solicita opiniones; ordena y punto. Por lo tanto, afirmar que “los padres tienen que aportar” o que hay que pedirle “atractivamente a la sociedad a que apoye” cubriendo una especie de impuesto adicional al que ya cubrió es, por lo menos, un despropósito; pero el colmo de los colmos consiste en calificar a nuestros Honorables Constituyentes de 1917 como irresponsables, por el hecho de plasmar ¿cándidamente? en nuestra Carta Magna, que la educación que imparta el Estado será gratuita. Los ciudadanos tienen todo el derecho de exigir a los gobernantes que respondan al juramento que hicieron en el sentido de cumplir y hacer cumplir la letra de nuestra ley fundamental. Si consideran que eso no es posible, pues… simplemente no la juren ni cobren por no hacer lo que consideran irrealizable. Para concluir, insisto: todo ciudadano que pretenda ser candidato a legislador debería aprobar un examen en el que demuestre que conoce y comprende no solo el texto, sino también el espíritu de la ley y la historia de nuestras constituciones políticas estatal y federal, todo lo cual constituye la materia prima de su función futura; pues ¿quién aceptaría consumir el pan producido por un supuesto panadero desconocedor de la proporción de los ingredientes, que jamás encendió el horno o amasó la harina?


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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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