Opinión

Civismo electoral / Tlacuilo

El engaño con el que el rector había querido presionar a la comunidad universitaria para que aceptara la celebración de ese acto de un partido político en el seno de la Universidad había quedado al descubierto públicamente, ya que el candidato López Portillo manifestó con toda claridad que no era cierto que él lo hubiera promovido ni solicitado.

Al hacer saber al candidato la convulsión que ese hecho había provocado en la comunidad universitaria, desemboqué en la siguiente proposición: “Estoy seguro de que se ganaría usted automáticamente la simpatía de todos los universitarios auténticos que hay en nuestra patria, si el día de hoy declarara su decisión de no visitar como candidato uno más de los recintos universitarios. Cuando usted llegue a ellos como presidente y con los honores que a su investidura debe otorgar el Consejo Universitario, recogerá usted una cosecha de solidaridad auténtica. Con esa misma disposición encontrará usted a los universitarios aguascalentenses”.

Continué mi exposición haciendo referencia al tema de la corrupción que el candidato había atacado enérgicamente al inicio de su campaña, manifestándole que nosotros estábamos haciendo lo necesario para evitar que esa corrupción continuara contaminando a las universidades, “a base de los golpes de audacia aprendidos en los sistemas norteamericanos de la sociedad de consumo y que anuncian los periódicos con la sugestiva frase de ‘cómo tener éxito en la vida en diez lecciones’”.

Pero también le sugerí que él -ya en su calidad de presidente- hiciera lo que le correspondía para evitar que los corruptos agazapados en el estado nos invadan: “…porque cuando la corrupción llega a la Universidad, el que peligra es el Estado”.

Entonces terminé mi intervención pronunciando el lema que empecé a utilizar el 24 de junio anterior en la revista Cátedra, órgano independiente de la UAA: Por la unidad en la diversidad”.

En ese momento ocurrió algo que sorprendió nuevamente a los presentes, pero en especial a los organizadores: sin dar tiempo a nada, López Portillo se levantó con un movimiento enérgico y pidió permiso para hablar, demostrando así un gran respeto por la Autonomía de la Universidad; con lo que se ganó, de golpe, la simpatía del auditorio al que dirigió un discurso improvisado de excelente factura en el que, entre otras cosas, expresó:

“Quiero dejar aclarado que recibí una invitación para visitar la Universidad, firmada por las autoridades y todos los dirigentes magisteriales y estudiantiles, a quienes yo suponía representatividad.

“…mi profunda satisfacción por este hermoso acto tan profundamente universitario que acabamos de presenciar. Esto que aquí ocurrió es la Universidad: o sea, la posibilidad de disentir tranquila, serena, reflexivamente… los felicito, universitarios de Aguascalientes, por este acto de disidencia ordenada, libre, responsable.

“Eso es la Universidad; eso es usar la libertad y correr sus riesgos.”

Termina su discurso y se produce la mayor sorpresa de todas cuando, sin volver a su asiento, se encamina hacia la puerta con la agilidad que le era característica cuando deseaba demostrar su buen estado físico y sin permitir, tampoco, comitiva alguna que lo acompañase a su autobús, que arrancó de inmediato.

Lo que quedó claro a todos los presentes fue que el violador de la autonomía universitaria había sido el propio rector, quien -se decía- tenía aspiraciones para llegar a ser senador por el PRI, partido en el que por cierto no estaban sus preferencias políticas; si eso fuese cierto, en ese momento esas aspiraciones se desvanecieron.

Repuesto después de sortear las airadas reclamaciones de los estudiantes que tuvo que resistir en su propio despacho, el rector inició una de las etapas de represión más obscenas de la naciente Universidad; a tal grado, que no conforme con aplicarla en el terreno interno, tuvo el atrevimiento de ir a la Ciudad de México para solicitarle a la profesora Griselda Álvarez, titular de los servicios de Prestaciones Sociales del IMSS, la destitución de mi cargo en Aguascalientes; y con Benjamín Wong Castañeda, de la Cadena García Valseca, para la del director de El Sol del Centro, por haber publicado el discurso.

(Continuará)

Aguascalientes, México, América Latina

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Llevado por la necesidad de opinar sobre acontecimientos actuales cuya crítica con sentido didáctico puede ser orientadora, inicié esta seccioncilla que debo cancelar por dos razones: la primera es el esfuerzo adicional que requiere y que resta potencial a otras actividades prioritarias; la segunda porque no debo ocupar espacio de la serie Civismo electoral, que es necesario concluir. No abandonamos la idea, pero la dejamos para un planteamiento posterior, mejor diseñado.


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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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