Opinión

Dioses, locos y piojos / Enrique F. Pasillas en LJA

 

Fuerte y claro. En un país donde un día sí y otro también la cruda realidad supera a la más disparatada ficción, ante el nuevo escándalo internacional de la semana por el múltiple asesinato en el DF; señala atinadamente Amnistía Internacional que “no se mata a la verdad matando a periodistas”. “Informar no es un crimen, asesinar periodistas sí.” Y 77 en menos de tres años son demasiados. Es imprescindible terminar con la impunidad, cualesquiera que sean los móviles del crimen y sean quienes sean los responsables.

No es dios. A pesar del exagerado calificativo con el que los hinchas y forofos del Barsa hablan de él con admiración casi fanática, Lionel Messi no es dios, sino solo un jugador argentino fuera de serie que a veces falla. Así, demostró una vez más su calidad mortal y falible en la final de la Copa América contra Chile, donde Argentina pudo pero no quiso igualar al Uruguay en número de trofeos conquistados (14 frente a 15 de los uruguayos). Pero ya había demostrado antes que es un mortal en el juego final del mundial de Brasil, donde ante su presencia física pero su ausencia anímica, por lo que recibió despiadadas críticas, Argentina fue derrotada claramente por Alemania.

Naturalmente que la nueva derrota en la final ante Chile no quita la gran calidad individual de los jugadores argentinos, a los que pareciera que en ciertas frías tardes de Santiago no se les da lo de jugar en equipo. Pero un reflejo de esa calidad es que Argentina encabeza hoy por hoy el ranking de la FIFA. Al final, la copa se la llevó simbólicamente el Loco Bielsa, del que Sampaoli, el técnico de Chile, es discípulo destacado. Y de todos modos ganaba el Loco, pues el técnico Argentino Martino, también pertenece a la loca pero efectiva escuela Bielsana. Es ese mismo Loco, actual director técnico del Olympique de Marsella al que ahora los iluminados federativos mexicas pretenden traer a dirigir a los muchachos del apocado y cuestionado Tri luego de la obligada salida del verde Piojo. Y ciertamente que un poco de la disciplina del Loco no les vendría mal a los verdes y díscolos jugadores del Tri si tanto ha servido a los argentinos y chilenos. Queda decir con todo, que no fue solo por un ausente Messi que Argentina perdió la final, sino porque al resto de sus jugadores le faltó coraje y determinación ante un Chile obstinado, ambicioso y obligado a ganar como local pero con poco futbol más allá de sus 4 estrellas para concretar el objetivo trazado. Luego, una vez más como durante el resto del torneo, los chilenos corrieron con mucha suerte. Allí estaba el heroico Bravo, compañero de Messi en el Barsa y sin duda el mejor jugador del encuentro, para dar fe de que en el futbol también decide la suerte, al detener dos claras jugadas de gol argentinas que además fueron prácticamente las únicas llegadas de peligro de la albiceleste durante todo el partido. Una vez más, la falta de determinación argentina quedó de manifiesto en los penaltis, con un Higuaín sobrecogido por la presión de no fallar y de la hinchada chilena que no dejó de apoyar a su equipo nunca. Chile no perdonó y es justo campeón por primera vez de la Copa América, mientras que Messi tuvo que aguantar, una vez más, las durísimas críticas de la prensa y afición argentinas por no haber sido capaz de echarse a hombros a sus 10 compañeros y conquistar el título sudamericano. Porque si bien es cierto que estuvo casi ausente, no menos cierto es que la excesiva crítica es injusta.

Tampoco es dios. Acá, más cerca de nuestra triste realidad futbolística, en ese torneo de mentirillas llamado Copa de Oro, donde la noble afición mexicana expatriada en el norte paga en dólares, llena estadios y hace feliz a la corrupta Concacaf, al duopolio televisivo y a las corruptas federaciones a evidentes costillas de la calidad del futbol, los pupilos del verde Piojo siguieron dando penas tras un breve bálsamo a la maltrecha autoestima goleando a una Cuba amateur y casi niña en futbol, último lugar en el ranking oficial de la zona junto con Canadá y de los últimos del mundo; para después empatar dificultosamente con Guatemala y dejarse empatar por una sorpresiva y garruda Trinidad y Tobago que bien pudo haberse llevado el juego. Con Costa Rica no se vieron mejor…lo de Panamá fue de verdadero escándalo y la final, el natural corolario de lo visto antes. Así que no es casualidad alguna que la final de la Copa de Oro la hayan jugado precisamente dos de los peores equipos que se presentaron en la Copa América, ambos de Concacaf, que fueron eliminados en la primera ronda. Dudas, malos planteamientos tácticos y técnicos y una plantilla desigual en actitud y rendimiento persiguieron al verde Tri del verde Piojo con sus “europeos” y sin pretextos en su nuevo periplo norteamericano, que volvió a exhibir lo mismo al seleccionador y a los seleccionados en todas sus carencias deportivas y humanas.

De destacarse, lo mucho que ha crecido el interés por el futbol en Estados Unidos de la mano de los inmigrantes latinos, así como la afición y la liga profesional estadounidense en los pasados años y la numerosa contratación de estrellas mundiales con que aderezan sus equipos, así que no es extraño ver al Gio Dos Santos fichando en muchos dólares para el L.A. Galaxy y compartiendo alineación con la estrella Gerard, de quien ya fue compañero antes en el Tottenham inglés.

Acá no se trata de hacer leña del Piojo caído, solo apuntar que sin duda alguna Herrera es un perfecto impresentable. Pero bien dice el dicho que la culpa no es del Piojo, sino de quienes lo hicieron compadre. Y así hasta llegar al incidente del aeropuerto de Filadelfia. Extraño negocio este del futbol profesional mexicano, donde sus propios dueños sabotean a técnicos y jugadores inflándolos en aras del lucro y haciéndoles creer que son falsos ídolos de barro. “El Piojo se creía dios”, declaraba en días pasados un enfadado Rafael Lebrija después de su remoción, al tiempo que votaba por Vucetich para el Tri. Mientras, el Tuca Ferreti -quien sin duda sería un buen técnico nacional si lo dejasen trabajar- y sus Tigres mantuvieron la honrilla en alto disputar la final de la Copa Libertadores con los millonarios del River Plate. Pero en el futbol gana el que anota, y River anotó 3 de las 4 que tuvo, mientras que Tigres ninguna de varias. Mención especial merecen las feas pifias de Aquino en el partido de vuelta en Buenos Aires. Aun y todo, el mérito del plantel de La UANL es notorio.

Post scriptum. ¿Quién se acuerda del futbol profesional mexicano viendo triunfar con oro a las clavadistas, las marchistas, las raquetbolistas, los arqueros y muchos otros jóvenes valores en los Juegos Panamericanos de Toronto? Ellas y ellos sí son deportistas de alto rendimiento con todas las letras, y mucha mejor sería la cosecha si se deja de centrar la atención en un espectáculo inflado, amafiado y corrupto y nos concentramos en los deportistas y en el deporte de verdad. He allí una invaluable herramienta de política pública para la reconstrucción de la cohesión y la paz social de las que este país está tan necesitado.

@efpasillas

 


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Enrique F. Pasillas

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