Esfera Pública

Esfera Pública: Rumbo al Informe y Gobierno Federal

Rumbo al informe

Francisco Aguirre

 

La principal incapacidad de las tortugas como animales de carreras no estriba tanto en su lentitud como en su confuso sentido de la dirección.

Evelyn Waugh

El propósito de los medios masivos… no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo a las agendas del poder corporativo dominante.

Noam Chomsky

Se acerca la temporada de informes. El primero al turno será Enrique Peña Nieto. Tal recordé estas frases. La primera sin duda me resulta comparativa, el presidente no toma decisiones cuando la opinión pública se lo solicita, no es necesario mover muchas piezas, parece desconfiado y corto de miras, y siempre se espera para tomar las decisiones, las lleva al último momento.

Tampoco es que Chomsky sea clarividente, pero darle forma a lo que no tiene forma resulta de los trabajos más complejos. Y es que la percepción de incapacidad y de un gobierno que para nada se “mueve” ha provocado, otra vez, una situación crítica al cierre del año. Es más, ni con el pretexto del nuevo nombramiento del líder del PRI se prevé que se nombren las tantas subsecretarías federales vacantes, ni que se hagan cambios en las secretarías. Pareciera que no existe momento idóneo para decidir, para afrontar con coraje, ha privado la confusión tortuguezca haciendo parecer a esa compleja telaraña a un símil animal sin rumbo.

Y es que las últimas semanas y meses han sido por demás reveladores. La debilidad de la clase media y por supuesto, el crecimiento de la pobreza y el sistema general de justicia y seguridad, en dos ideas, en términos de eficiencia: investigación e inteligencia anti criminal y sistema penitenciario y, la segunda, la prioridad ante lo preventivo, han sido lo que más ha dañado la estructura mínima de trabajo de un Gobierno Federal.

Según el informe la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares se observa la segmentación de la distribución del ingreso en México. Ésta se divide en diez grupos iguales, en donde el grupo I representa al 10% de los hogares más pobres y el decil X a los más ricos. Los resultados son garrafales. Si consideramos a la mitad de los grupos, el V y VI, el ingreso promedio fue de 8 y 9 mil pesos al mes durante el 2014, lo que en términos reales, de acuerdo al mismo informe representa una disminución del 3% al ingreso real.

Y si además se considera la última medición del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social en donde se reporta que se sumaron 2.1 millones de personas a la pobreza y 100 mil personas dejaron la pobreza extrema en lo que va en esta administración federal, observamos que la transición de personas en vulnerabilidad a la clase media sigue siendo la gran tarea pendiente. La importancia de fortalecer a los deciles medios reside en su potencial productivo y sobre todo de consumo, provocando una fuente de ingresos vía impuestos y así crecimiento sostenible, reconociendo que aún es pronto evaluar la estrategia de la Cruzada contra el Hambre, están haciendo falta programas de corto alcance, de plazos mínimos y urgentes a la par.

Los 130 mil millones de pesos que ha invertido el Gobierno Federal (120 mil millones para Cruzada y 10 mil para implementación del nuevo Sistema de Justicia Penal) han fortalecido a ojos claros ninguno de estos dos rubros.

Más de 50 fosas clandestinas y más de 100 cadáveres sólo en Iguala, Guerrero son muestra de ello. A un año de Tlatlaya, 10 meses de Ayotzinapa, la corrupción en la fuga del Chapo, múltiples violaciones a los derechos humanos y demás hechos y elementos que siguen en exposición hablan sólo de respuestas inerciales por parte de las autoridades. Inercia sobre inercia. Probablemente el mayor pendiente es reconocer o evaluar de forma fidedigna la política anticriminal, hacerse las preguntas correctas (¿cuál es el fin de fragmentar organizaciones criminales?, ¿cómo se evitaría el flujo de narcóticos?, ¿cuál es el objetivo de disminuir los índices criminalísticos?), de cara a la ciudadanía y las fuerzas políticas.

Rumbo al informe, ¿qué va informar el gobierno ahora?, ¿lo que se haya hecho bien, supera lo contrario?, ¿de cada rubro, qué destacar?, ¿cómo se responde o cómo debería responderse?, ¿más voto de confianza y gramos de ingenuidad?, ¿qué opciones quedan?

 

 

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Restauración errática e ineficiente

Gilberto Carlos Ornelas

 

Llegando a la mitad sexenio casi hay consenso en la idea de que el actual Gobierno Federal encabezado por Enrique Peña Nieto ha sido errático y poco eficiente. Así lo dicen las cifras de la economía, del desarrollo social y la incidencia delictiva mientras los defensores del régimen dicen que las reformas estructurales darán frutos en el largo plazo. Con ese debate abierto, el próximo informe de gobierno parece que será más de justificaciones que satisfacciones. Según algunas encuestas, el presidente de la República está en su nivel más bajo de aprobación, y aun así llegará habiendo logrado en las pasadas elecciones que su bloque político tenga mayoría en la Cámara de Diputados.

Alguien declaró recientemente que la situación política del país había cambiado de junio para acá, y tal vez se refiera a los acontecimientos que han impactado a la opinión pública recientemente: la fuga del Chapo y los informes de Coneval e INEGI. Eso ha evidenciado aún más las debilidades del Gobierno Federal, pero el desastre en las políticas sociales, educativas, de seguridad, derechos humanos, transparencia y corrupción ya era público y notorio desde hace muchos meses pues han sido casi la constante en este sexenio.

Pero así viene gobernando Peña Nieto: por un lado, incapacidad para la implementación de políticas públicas y por otro, uso de la vieja ingeniería priista para asegurar el control del poder. Y mientras la oposición tradicional, el PAN y PRD, está empeñada ahora en convencer a los ciudadanos que son oposición verdadera, Peña Nieto cierra filas en su partido empoderando a un grupo político que marginado hubiera representado un conflicto. De esa manera le da continuidad a lo que ha sido el eje del sexenio desde el Pacto por México: control del aparato del estado para asegurar la base de legitimidad política.

Esa fórmula que prioriza el control político a pesar de la ineficiencia y los serios errores en la conducción del país, es lo que ya viene delineando el próximo informe de Gobierno: justificaciones un tanto cínicas, indefendibles pero con un gran aparato dispuesto a aplaudirlas. Así fue la justificación para el fracaso de las políticas sociales: “han sido insuficientes pero si hemos contenido la pobreza extrema”, o la más reciente respecto al mediocre desempeño de la economía nacional: “hay países en peores circunstancias que el nuestro”, y así pudiéramos encontrar las expresiones desafortunadas para cada uno de las grandes fallas que ha tenido este gobierno.

Tradicionalmente los gobiernos priistas habían generado el concepto de sí mismos como eficientes en el ejercicio del poder, “él sabe cómo hacerlo” dijeron de sus candidatos, y dominantes de las artes del poder. Así regresaron al gobierno después de que Fox y Calderón evidenciaron supuesta incapacidad para construir acuerdos políticos. Sin embargo, con Peña Nieto las expectativas creadas, primero con el acuerdo con su oposición leal y luego con las llamadas reformas estructurales, no han sido aterrizadas de manera que se perciba un mejoramiento en el rumbo del país, sino más bien lo contrario. A la ya ineficiente inteligencia policiaca y casi nula prevención se agregó el cuestionamiento a la más sólida institución del estado: el Ejército mexicano, pues si bien Calderón dispuso su incursión en labores de seguridad pública, el desprestigio derivado de Tlatlaya, Iguala y Tanhuato recae en el papel de Peña Nieto como comandante supremo. La Reforma Educativa avalada por el Pacto por México sólo vio la paja en el magisterio y olvidó la viga en la rancia administración y las carencias en infraestructura educativa. La reforma laboral afectó derechos a cambio de inversiones de saliva. La Reforma Electoral debutó demostrando que “quien hace la regla, hace la trampa” asegurando privilegios a los partidos cada vez más en función de franquicias. Ni que decir de la Reforma Energética que debilitó el patrimonio nacional, a Pemex, CFE y sus trabajadores a cambio de un inexistente crecimiento. Las reformas en transparencia y anticorrupción se asemejan a un “parto de los montes” cuando los groseros escándalos se quedan sin castigo ni aclaración, sólo esperando el olvido. El caso de la política económica y social es más grave aún y la desnudó Coneval: la Reforma Fiscal agudizó la injusta distribución del ingreso y los mecanismos de transferencia asistencial están cooptados por el clientelismo político.

Tal parece que esa realidad será ratificada en la “temporada de informes” que ya nos adelanta nuestro director, Paco Aguirre: administración sin rumbo claro y sin eficiencia en sus políticas públicas. Por eso hay que enfatizar el hecho que agrava el actual intento de reedición del viejo régimen de partido de estado: mientras se complica la situación social y económica de los mexicanos, la ruta de la restauración sólo ha sido eficiente en el uso de los mecanismos de control y cooptación política del aparato del estado, tal como se evidencia con la oposición política formal, exhibida y debilitada, buscando la salida de sus laberintos.

@gilbertocarloso


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La Jornada Aguascalientes

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