Opinión

Tontos en tiempos de esmarfon II / Enrique F. Pasillas en LJA

La estadística disponible nos habla de una verdadera revolución de las nuevas tecnologías, donde por ejemplo, la mayor parte de las personas que accedemos a la internet para cosas tan diversas como radio, música, correo electrónico, fotos, videos, películas, chat y redes sociales; lo hacemos ahora a través de los denominados “Smart phone” o “teléfonos inteligentes”. Así, las computadoras fijas y las portátiles e incluso las llamadas tablet han perdido campo y cuota de mercado ante teléfonos móviles cada vez más potentes y sofisticados, capaces de hacer lo mismo o más que una computadora, pero al alcance de la mano en cualquier momento y lugar.

Así, no es raro ver por doquier a gente de toda condición social y económica, lo mismo empresarios que jóvenes, curas, mujeres y niños, e incluso ancianos y políticos conectados en todo tiempo y lugar a su esmarfon y desconectados de la realidad inmediata. Así, el esmarfon ha pasado a ser en poco tiempo protagonista indiscutible de nuestras vidas. ¿Hasta donde será tal cosa benéfica o perjudicial para una sociedad que históricamente carga con estigmas retardatarios asociado al consumo masivo de medios de más que dudosa calidad? en principio habrá que decir que las personas somos libres de enajenarnos tanto como queramos, y que ahora con el esmarfon vemos que la llamada “caja idiota” o televisión no es imprescindible para vivir alienados, que para eso llegaron los esmarfon. Y esto no es un alegato contra el uso de las nuevas tecnologías, sino contra el abuso indiscriminado que se hace de ellas.

De momento, veamos cómo incide ya este fenómeno en temas como la seguridad pública en materia de vialidad, donde según la Cruz Roja mexicana, textear es ya la primera causa de accidente vial entre conductores, por encima de la conducción en estado de ebriedad.

A falta de cifras precisas y actualizadas en el ámbito nacional y estatal, sabemos sin embargo que México, y deberemos presumir que Aguascalientes en consecuencia también, se encuentra en una situación crítica, pues la información disponible revela que al año se contabilizan más de 16 mil muertes por accidentes viales en el país, para ser la causa número uno de decesos por encima del cáncer o cualquier otra enfermedad crónica o degenerativa. Lo anterior tiene más impacto ante una revelación contundente: los accidentes viales son la principal causa de muerte entre los niños y jóvenes de entre cinco y 35 años. Indudablemente que esto implica costos sociales y económicos enormes para la sociedad mexicana, traducido en cerca del 2% del PIB. Pero las razones de tal desastre –uno más- en materia de seguridad vial son múltiples con certeza.

Viene a cuento lo reseñado en relación con el uso intensivo de nuevas tecnologías porque para desgracia social, se han ido extendiendo de manera asombrosa las personas, especialmente pero no solo jóvenes, usando su esmarfon, texteando o chateando y hablando por teléfono…¡¡mientras conducen!! Con el evidente y grave riesgo de todos quienes hacemos uso cotidiano de calles, carreteras y avenidas; hasta llegar al 40% del total de los accidentes viales.

¿Se vale ser tan irresponsables y tan tonto en plena era del “esmarfon”? porque hablar por teléfono, o peor, chatear mientras se conduce, es poner en verdadero riesgo no sólo nuestra integridad, que sería lo de menos, sino la de todas las personas que nos rodean, sean peatones, ciclistas u otros conductores.

En cuanto a las autoridades, mientras exista tal descuido y laxitud ante estas faltas en apariencia leves pero de consecuencias graves, poco avanzaremos en el tema de la seguridad vial, que es algo de evidente interés público por sus múltiples enfoques y repercusiones.

Algunas políticas necesarias son, entre otras: aplicar exámenes serios a quienes pretendan conducir vehículos de motor, implementar reglas claras para otorgar y retirar las licencias a los infractores reincidentes llevando un registro de todos los usuarios o sancionar severamente conductas de alto riesgo, como sin duda lo es conducir mientras se habla por teléfono o se textea. Hay que organizar campañas estatales de educación y reeducación vial, así como programas de prevención de accidentes que abarquen desde la inspección anual y obligatoria del estado físico y mecánico de todos los vehículos que circulan antes de otorgarles o renovarles las placas de circulación. Así se hace en todos aquellos países que han logrado avanzar en materia de seguridad vial, no estamos aquí descubriendo nada nuevo.

Aplicación estricta de sanciones ejemplares a los infractores, como ya sucede en los casos de conducción en estado de ebriedad, e implementación de normas que incluyan la contratación obligatoria de seguro contra accidentes a todos los propietarios de vehículos automotores, regulación estricta de motociclistas y sus pasajeros, inclusión expresa de los ciclistas en las leyes y reglamentos de tránsito. Entre otras medidas obligatorias para todos, nos darán algunas respuestas ciertas a los graves problemas de salud pública derivados de la seguridad vial. En ese sentido es muy plausible la campaña emprendida por el Ayuntamiento de Aguascalientes, pionera a nivel local llamada “5 hábitos al volante”. Muy necesario y bienvenido en una ciudad y un estado donde el automóvil es el absoluto protagonista del transporte, pero claramente insuficiente ante una realidad que nos desborda.

@efpasillas


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Enrique F. Pasillas

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