Opinión

17.30 / H+D

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Amo su inocencia, amo sus errores.

Es callada, tímida, inocente y tiene la mirada,

le tomo la mano y siente algo extraño,

la abrazo, me abraza y empieza a temblar,

a temblar de miedo diciéndome que nunca

había sentido sensación así en su vida.

Los Ángeles Azules (Fragmento de “17 años”,

Una lluvia de rosas, 1999, CD)

1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 1 peso + 0.30 centavos de peso = 1 USD -dólar estadounidense-.

El día que escribo esto -1 de septiembre, día de la entrega del tercer Informe de Gobierno de Peña Nieto- el dólar se vendió en 17.30 pesos en sucursales bancarias de la capital del país, en un nuevo máximo histórico. El peso mexicano está como la chica protagonista de la canción; callado, tímido y temblando de miedo. A su vez, como no soy un economista -le recuerdo que soy un diseñador- sería para mí bastante complejo y complicado hablarle seriamente de cifras económicas, fluctuaciones, depreciaciones, variaciones en los tipos de cambio, inflación, deuda externa, tasas de interés, bajas salariales, falta de divisas, fuga de capitales, disminución de reservas, desajuste de finanzas públicas, declaraciones de moratoria e inflación, pero intuyo torpemente que todos los anteriores términos y mi suma básica en el inicio del texto podrían resumirse con la palabra “devaluación”.

Aunque para la dupla de Agustín Carstens y Luis Videgaray, expertos y pródigos economistas especialistas en estos temas tan terrenales, la palabra devaluación es un término obsoleto y anacrónico, mal referenciado. Es decir, utilizar este término supone más o menos ser un analfabeta económico o bien un ochentero madridista melancólico o un noventero salinista frustrado. Para ellos el término ante el combo de situaciones económicas que atraviesa el país es: “depreciación”.

Para los economistas del establishment -y sus fieles seguidores- la “devaluación” es una palabrita del pasado, ya que la última gran devaluación en el país se dio en 1994, a la salida del sexenio salinista y el inicio de Zedillo, humorísticamente los perversos economistas le llamarían “el error de diciembre” (Millones de mexicanos pasaron a engrosar las filas de la pobreza, millones de familias perdieron su patrimonio, miles de micro y medianas empresas cerraron, los salarios se desplomaron, el nivel adquisitivo cayó dramáticamente, la desocupación aumentó drásticamente y la calidad de vida de una incipiente recién ascendida clase media enfrentó una dura y larga recuperación).

Desde entonces nuestras mentes brillantes y nuestros economistas premiados por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco Mundial decidieron dejar flotar el tipo de cambio libremente, para que sea el mercado el que determine su valor y no el gobierno o el banco central. Bajo este esquema neoliberal quedan atrás las obsoletas y pasadas de moda “devaluaciones” y la pérdida del valor del peso; ahora en la modernidad y el progreso de mover a México se le llama “depreciación”. Es decir, el mercado regula el precio del dólar y el Estado sólo observa ese fenómeno o participa mínimamente.

Seguramente el actual gobernador del Banco de México con doctorado en economía por la Universidad de Chicago -de donde egresaron los Chicago Boy´s-, presidente del comité del FMI y del Banco Mundial, secretario de Hacienda y Crédito Público de Felipe Calderón, nombrado por la revista británica The Banker banquero central del año 2012 a nivel global, tendrá con este nivel de estudios y experiencia una teoría económica de vanguardia y previsora del futuro económico del país, o en su defecto le dejará estos “detallitos económicos” al libre mercado que sabrá resolver la situación.

Y si no es él, está nuestro secretario de Hacienda y Crédito Público, graduado del Itam en economía con la tesis Fallas del mercado, regulación e incentivos: el caso de la privatización de los puertos mexicanos, por la que ganó el Premio Banamex de Economía en 1995, que se desempeñó como secretario de Finanzas del Gobierno del Estado de México con Peña Nieto como gobernador, y nombrado el año pasado como ministro de Finanzas del año por la revista Euromoney. El secretario ha declarado recientemente -en un evento del PRI- que las últimas medidas de venta de dólares buscan asegurar la liquidez del mercado cambiario, “no con el objetivo de defender un nivel particular del peso mexicano frente al dólar”. Agregó que “eso sería una reminiscencia de otra época, cuando el tipo de cambio era fijo. Se interviene hoy en el mercado cambiario para asegurar la liquidez del mercado, que funcione bien, que funcione ordenado”.

Pues reitero no saber nada de economía, una vez más le digo que soy diseñador, entonces no sé por qué la gente en el mercado -no económico- sino en donde se compra la verdura, la fruta, la leche, el pan, las tortillas, la carne, en las plazas, la escuela pública, con los obreros, los trabajadores y los sindicatos, los de las microempresa, los de las medianas, los jóvenes emprendedores, los recién egresados, los trabajadores informales, los beneficiarios de crédito -la gente de a pie, el pópulo, el vulgo, el pueblo- hacen tanto escándalo con la “depreciación” del peso mexicano, no sé por qué la gente anda tan asustada, temblando frente al dólar, gente seguramente poco preparada y estudiada en este complejo armado económico, la tranquilidad es tener a estas dos eminencias dirigiendo nuestra economía, esas sí son personas estudiadas, gente preparada, premiada internacionalmente en Europa y Estados Unidos, y sobre todo gente comprometida en Mover a México, comprometida con la libertad y el desarrollo; la libertad y el desarrollo del mercado.

 

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