Opinión

Cuestión de Fhe / Cocina Política

¡A creer a la Iglesia! Nos decía aquel maestro de obligaciones jurídicas, Alfonso Pasapera y Mora (se lo juro que así se llamaba), y es que gustaba él de preguntar sin decir ¡agua va! a cuanto alumno sorprendía en el ensueño, el despiste o el relax. A ver, usted, González, ¿Cuáles son los sujetos de la obligación jurídica?- Esteee, pues, yo creo- ¡Nada de yo creo! Interrumpía Pasapera y Mora, ¡A creer a la iglesia! Aquí se habla con fundamento y argumento. Explique su argumento y deme el fundamento doctrinario o legal. Está por demás decir que “obligaciones” representaba el típico cuello de botella en el quinto cuatrimestre de la carrera de Derecho en la Universidad Tecnológica de México, campus Marina Nacional y que a mi querido maestro Pasapera y Mora, más de un resentido alumno habría querido preparar en un coctel de pasa, pera y mora ¡Hágame Usted el favor!

Con fundamento. Una carrera política con fundamento y argumento es sin duda la del panista Fernando Herrera Ávila. Hoy que se imponen los políticos instantáneos y que aquello de “dilatada trayectoria política” se interpreta como –bueeeno, tardó un poquito en decidirse, pero después de mucho pensarlo decidió que lo suyo es la política-. Hoy que para disfrazar el declive de sus negocios, algunos empresarios deciden “perderle” -¡Ja!- con tal de hacer el bien común o social para la ciudadanía, y que otros tantos líderes de opinión pervierten su propia colaboración en causas y organizaciones ciudadanas (que en esencia deben ser apartidistas) para vender caro su prestigio social al mejor postor; brillan excepcionales y dignas las carreras profesionales políticas como la de Herrera Ávila.

Con Derecho. “Si no participas, no te quejes”, retaba en los ochentas, una barda publicitaria sin autor, ubicada en calle Ignacio Zaragoza y Cinco de Mayo. Esta cocino-política, pasaba por ahí con frecuencia para llegar a casa de la abuela Juana Casillas y siempre llamaba mi atención esa propuesta de participación-exigencia; una incipiente invitación al cogobierno, mucho antes de que fuese un modelo democrático de dirección pública.

Años después, cuando Fernando Herrera fue compañero del cabildo 92-95, me enteré que el autor era él; un joven estudiante de la agrupación derechista DHIAC en Agüitas, y panista en los tiempos que era impensable su triunfo en lo local y ¡por supuesto! en lo federal: Herrera Ávila militaba en el Partido Acción Nacional cuando no había posiciones que disputar, ni prerrogativas que repartir; por eso hoy que se le ratifica como coordinador de los senadores del PAN en la LXIII Legislatura, en el que es el espacio político más importante que ostenta cualquier hidrocálido, ni duda cabe que tiene el mejor derecho: el que le da toda una vida de militancia política leal.

¿Cuestión de fe? El ascenso a la coordinación de sus correligionarios senadores panistas en la cámara alta, no es ninguna cuestión de fe; acaso lo será por las siglas de su nombre. Pero para acceder a ese espacio, al senador Fernando Herrera Ávila lo respalda no sólo la fuerza de su convicción de partido, sino una carrera en la función pública y la política que incluye el liderazgo de los jóvenes, la consejería estatal y la consejería nacional de su partido. Fue secretario estatal de Desarrollo Social y en el mismo rubro coordinador nacional adjunto de Vinculación Institucional.

No pierda de vista a este hidrocálido panista, estimado lector, apreciable lectora. Polemista natural, operador político eficaz y político tenaz, es un hombre que arriba en la mediana edad a un cargo clave en dos escenarios: el de su propio y poderoso partido y el del ámbito central que, nos guste o no, sigue siendo el gran crisol concentrador del poder en México.

Desde esta cocina política, veo incrustados en la vida pública nacional de primer nivel, a pocos hidrocálidos: Lorena Martínez y Óscar López-Velarde Vega en la función pública. El polémico Jesús Chucho Ortega (y señora) en la burocracia partidista y Fernando Herrera Ávila en cargo de representación política. Así que ya que hablamos de fe, puede ir usted meditando, como decía mi abuela Juanita (la de Cinco de Mayo) si alguno es “santo -o santa- de su devoción”, o bien puede usted exclamar como el maestro de frutal apellido ¡A creer a la iglesia!

Nos vemos en la próxima. Recuerde que en esta su cocina, no sólo se come, también se escribe, se lee y se conversa de todo, particularmente de política.

CODA. Fernando Herrera Ávila, contador público y licenciado en Derecho, es senador por Aguascalientes y coordinador de la fracción parlamentaria del PAN en el Senado de la República. Ha sido regidor, diputado local y diputado federal por el mismo partido.

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Socorro Ramírez

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