Opinión

Miedo a la carta / Cocina política

¿Le puedo ofrecer algo de beber?, preguntó la amable mesera al comensal. Tenemos sodas de todos los sabores. No me gustan las sodas, respondió él. Mire, la de naranja está bien fresquita. No me gustan las sodas, respondió él. Entonces le recomiendo la de uva ¡está deliciosa! No me gustan las sodas, respondió él. Bueno, está bien, ya entendí, le voy a traer una de cola. No me gustan las sodas, respondió paciente el ecuánime comensal ¿Entonces qué quiere para beber? Quiero un vaso con agua, tengo sed.

Tras beber apresurado un gran vaso de agua bien fría, el ecuánime comensal abandonó la ecuanimidad y se ordenó para sí un comilón de ¡Dios es padre! Con sus siete tiempos y hasta algún degustativo para limpiar el paladar. Pagó satisfecho su cuenta y dejó para la mesera una propina tan generosa como su propia satisfacción.

Conmovida por la propina, la amable mesera agradeció cumplidamente al otrora ecuánime comensal, y como respuesta obtuvo un no tiene nada que agradecer, si usted no hubiera tenido agua para saciar mi sed, que era más grande que mi hambre, yo, sin duda, me habría marchado.

Cuando el comensal se marchó, la amable mesera reflexionó sobre la importancia de ofrecer a sus comensales todas las opciones en bebidas con que contaba el restaurant, y no empeñarse en ofrecer las sodas que a ella tanto le gustaban. En adelante no sólo ofrecería las sodas, sino la leche, el café, el té y por supuesto: el agua simple y las de sabores.

La lección que la amable mesera aprendió es clara: a mayores y mejores opciones, clientes más satisfechos.

Más opciones: ciudadanos satisfechos. En Aguascalientes, como en todo el país, los ciudadanos adquieren cada vez más esa categoría en conciencia.

Hoy ciudadanía no sólo significa un número de cuenta en algún servicio público o un número de registro o licencia para contribuir al erario público. La ciudadanía se adquiere al pensar, al sentir y al necesitar más opciones para formar parte activa del sistema democrático mexicano. Podemos decir sin temor a equivocarnos que una buena parte de los ciudadanos tienen sed. Sed de opciones para ser representados, sed de opciones para ser escuchados, sed de opciones para votar y ser votados.

Carta completa. En la gran reforma electoral de 2014 se ampliaron legalmente las opciones para acceder a los cargos de representación popular: presidencias y gubernaturas en lo Ejecutivo, y sindicaturas, regidurías y escaños en lo Legislativo.

En un gran acuerdo entre los partidos mayoritarios en México se llegó a la conclusión que era necesario incorporar otras opciones de acceso al poder público, que no pasaran por los partidos políticos: las candidaturas independientes; se dio paso entonces al arribo de ciudadanos que nunca hubieran formado parte de algún partido político registrado en lo federal o lo local, o bien, de prestigiados militantes de partidos políticos marginados o excluidos de sus propias nomenclaturas.

Ya desde el 2008 se había “completado” (perfeccionado) nuestra Carta Magna incorporando el principio pro-persona y privilegiando el ejercicio de los derechos humanos.

En suma, los legisladores federales tienen rato ya dedicados a reconocer y poner al alcance de los ciudadanos mexicanos, más y mejores opciones de representación y participación democrática.

¿Miedo a la carta? En algunas entidades de nuestra República, tales como Aguascalientes, Chihuahua, Hidalgo, Puebla, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala y Veracruz se le tuvo miedo a la “carta” o bien, se incorporó como una opción local el miedo. El temor a los candidatos independientes. Así que sin más, le pusieron “letras chiquitas” a las opciones previamente reconocidas por el Congreso de la Unión y anularon las candidaturas independientes al volverlas materialmente imposibles a través de requisitos que ni los propios partidos políticos podrían cumplir.

Carta trunca. En materia de candidaturas independientes nuestra Carta Magna federal, fue truqueada y truncada por temor en algunas entidades, entre ellas la nuestra: Aguascalientes, al reconocimiento social de políticos excluidos de la vida interna de sus partidos, tales como el ingeniero Gabriel Arellano Rodríguez, que tuvo la hombrada de regresar al PRI al poder local; o como el señor José Luis Morales Peña, que al margen de su figura polémica ejerce liderazgo en un amplio sector popular.

#CanchaPareja. Le dejo aquí, apreciable lector, estimada lectora, lo que un grupo de líderes de opinión hizo público, respecto a los requisitos imposibles de cumplir para obtener una candidatura independiente en algunas entidades, entre las que lamentablemente se encuentra nuestro querido Agüitas.

“Las restricciones mencionadas constituyen retrocesos graves en el arduo camino de la democracia mexicana, pues limitan derechos que otorga la Constitución, contradicen fallos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y desoyen opiniones del Instituto Nacional Electoral. Nos oponemos a estas leyes discriminatorias. Exhortamos a las legislaturas estatales y al Congreso de la Unión a no aceptarlas. Hacemos, también, un llamado al TEPJF, al INE y a la SCJN para que, por la vía legal, apoyen la adecuación de las legislaciones estatales ampliando los derechos de los ciudadanos según el principio pro persona consagrado en la Constitución a través de las reformas de derechos humanos de 2008”.

Estos conceptos puede usted encontrarlos en el manifiesto Por una cancha pareja para las candidaturas independientes en las redes sociales. De paso podrá usted colaborar con su firma, si su deseo es recuperar las opciones para votar y ser votado, que ya le habían reconocido los legisladores federales.

Si usted, apreciable lector, querida lectora, gusta de las sodas ¡Sí! pero eventualmente antoja de un vaso de agua bien fresquita, o por lo menos quiere tener la opción de pedirla, busque y firme el manifiesto Por una cancha pareja, no permita que el miedo forme parte de nuestra carta.

Nos vemos en la próxima. En esta su cocina se beben sodas de todos los colores (a mí me gustan las tricolores); pero también tenemos opciones como leche, café, té y ¡por supuesto! Agua para los sedientos.

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Socorro Ramírez

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