Opinión

Discurso para la ética en la política / Se busca gobernador

Por Ricardo Alfredo Serrano

Antes de introducirme a esta aventura que espero dure unas cuantas lecturas asiduas, quisiera agradecerle a mi amigo Paco Aguirre, director de este diario, por permitirme volver -aunque sea sólo esta vez- a mi casa La Jornada. Agradezco al director editorial Edilberto Aldán este espacio para dialogar con las ideas.

El propósito de mi visita es charlar entre los diálogos de Aristóteles y de Platón. Recorrer la mayéutica socrática y establecer un vínculo con la realidad actual, casi como intentando viajar en el DeLorean de Marty Mcfly, justo en este año y en este mes, en que se cumplirían las grandes proezas de la historia redactada en esa película de los ochenta en la que había que viajar al futuro.

Escribo preguntándome quién será el próximo gobernador. Los candidatos son vastos  y la silla sólo es una. Pero también a la luz de la propia filosofía -ya cité a quiénes vamos a atraer en esta charla- la pregunta debería ser una premisa, un imperativo: se busca gobernador. Uno que esté elegido en pos del apetito racional, más que de los apetitos sensibles. Proponer el modelo de un gobernador, no tanto encontrar un sujeto que más o menos se acomode.

 

La naturaleza humana

El ser humano está compuesto de dos facultades, la inteligencia y la voluntad. La primera, confundida entre una enciclopedia costosa de esas que se piden vía internet, y además propensa a llenarse de datos más que de reflexiones, busca la verdad. La segunda, vituperada por lo sensitivo, adormilada por un contexto erotizado, busca el bien. El sujeto es pues, un producto de dos formas: una inteligencia que busca abstraer la realidad para poderla subjetivizar al menos en el proceso, y la segunda que al tener el concepto claro ya interno, lo asume como una misión de vida. La explicación más simple se puede referir a un joven que conoce (con la inteligencia) a una gran joven y entonces decide que ella será su novia. En ese momento, la voluntad inicia un operativo majestuoso para relevar las variables y los posibles escenarios para poder conquistar esa cumbre. No cabe duda que en medio de esas dos capacidades superiores hay un cúmulo de sentimientos, el cuerpo siente. Pero con el tiempo, si el joven es capaz de desmembrar ese sentimiento y hacerlo una reflexión sobre esa joven, el momento pasa a otro nivel: esa mujer me conviene, de la conveniencia que significa buena para él, no tanto el convenenciero que se aprovecha de algo o alguien.

En ese tono de las condiciones superiores, quizá el gobernador que para 2016 más convenga a este estado, a este pequeño y aparentemente insignificante estado (para los partidos y sus componendas aéreas), es uno que comprenda esta naturaleza. Que no se deje llevar por sus apetitos sensibles, la ambición por ejemplo, y que a la luz de la reflexión gobierne a un pueblo pluricultural, lleno de diversidad y de contextos.

La necesidad de los valores

Se puede ser muy inteligente, estar muy preparado, pero a nadie le ha servido que nuestros gobernantes vayan a Harvard, si en la práctica el conocimiento “harvariano” no está apegado a una condición de valores suficiente para no renunciar a una forma de ser cuando se está en el poder. María Pliego afirma que hay una esfera de valores necesarios para que el sujeto encuentre su propósito vital (la felicidad), ha de estar asociada a una lista concreta, con la que quisiera hacer una comparación real ante la política:

  1. Valores religiosos. No se trata de únicamente ser “espiritual” tipo Arjona, ni tampoco imponer sus creencias desde la política, sino básicamente, la religión le da al sujeto,una agenda formativa que le permite tener prioridades, equilibrar su vida y cumplir con objetivos que van más allá de tener dinero y fama. Un gobernador necesita pensar así, ya si va a misa de 8:00 ese es su tema personal que no nos incumbe.
  2. Valores morales. Todo humano tiene una dignidad.  La dignidad óntica, referida a la que se tiene por el hecho de ser humano, la más conocida a la luz de los que hablan de filosofía. Y la dignidad ética, que se refiere al sujeto que conoce lo que hace y la voluntad de lo que se hace. Esto es, el sujeto que sabe lo correcto y además que lo hace, labor no fácil en el medio pragmático de cualquier empresa, incluida la política por supuesto.
  3. Valores intelectuales. Se refieren a esta construcción de uno mismo a partir de la inteligencia. Sí es conocer mucho, es decir tener muchos conocimientos, pero más que nada, es en desarrollar el músculo del pensar, del reflexionar.
  4. Valores afectivos. Es innegable a la naturaleza humana el tema de los afectos. La capacidad de demostrarlo es una virtud, un gobernante no puede ser de piedra, es más, hasta por estrategia demostrar los afectos provoca una cercanía con la gente, pero esos afectos se notan más en las cosas personales del gobernante que salen a la luz pública, si está casado, si tiene hijos, cómo es su vida familiar, ahí es donde se encuentra al verdadero sujeto que está detrás de un cargo.
  5. Valores sociales. Es la búsqueda del poder, de la fama, del prestigio. Es la relación del sujeto con la comunidad. Este valor cuando se confunde, puede priorizarse de manera radical, perdiendo el sentido de buscar el poder y desconociendo la naturaleza humana.
  6. Valores físicos. Aquellos relacionados con la salud, con el bienestar.
  7. Valores económicos. Los que estando en último lugar, casi siempre se priorizan en primero. Diría mi amigo Gilberto Carlos: “este modelo económico ya no sirve” y quizás tenga razón. Hoy la sociedad tiene una aferración fanática por tener dinero, porque además, el dinero lava nuestras tragedias. En fin.

Con lo anterior, quizá podamos estar confundidos, quizá la gente que nos hace el favor de leer esto está pensando que nuestras expectativas son las de gobernantes perfectos, inmortales o, como dicen los creyentes, hasta santos. Pero no, esta pirámide de valores indica lo precisamente lo contrario, es una propuesta constructora para alguien que nunca deja de intentar mejorar su persona y su entorno, justo el tema que se supone debe buscarse en la política. Esto podría asemejarse con esta tan de moda ola de emprendedurismo, en que el emprendedor lo es hasta que ha fracasado suficientemente para triunfar en los negocios. El gobernante deberá entonces buscar mejorar en muchos aspectos profesionales para que progresivamente  logre vencer sus propios limitaciones.

 

Formarse en virtudes

Los políticos -y cualquier persona- tienen la obligación de formarse en virtudes. Una virtud es un hábito reiterado. El que llega puntual, tiene la virtud de la puntualidad, el que es honesto, tiene la virtud de la honestidad. Pero las virtudes tienen su antagónico: los vicios. No se refiere esto a los vicios conocidos del cuerpo como fumar o tomar alcohol de manera desordenada (que sí lo son), sino a otros hábitos nocivos como la corrupción y la mentira. Ambos, virtudes o vicios, son un logro individual, que hacen más sabio al sujeto (cuando se practican las virtudes) o que lo hacen más estúpido (cuando se practican los vicios), con el sentido práctico que esta palabra puede significar.

Como dice Gracián: “no se acreditan los vicios por hallarse en grandes sujetos, antes bien ofende más la mancha en el brocado que en sayal”, esto implica vaciar el contenido en frases y costumbres. Típicas frases de la política “así es el sistema”, “más vale ser cabrón que ser pendejo” y muchas otras que aplican, dejan de tener sentido cuando se entiende que por ningún motivo la política se ha de dejar de la ética. El sistema puede corromper a cualquiera… si este quiere, de otro modo, no será el sistema el que renuncie al sujeto sino el sujeto el que renuncie al sistema, sin salir de este, esta es la ganancia de las virtudes, tenerlas o no, no es un pretexto para dejar de hacer algo concreto como estar en el gobierno.

 

La justicia y sus caras

El problema de la justicia es que es adjudicada según los argumentos, no sobre la  balanza de la buena construcción. La justicia que se define según Ulpiano como darle a cada quien lo que le es suyo “constans et perpetia volintas ius cuique tribuendi”. Si pudiéramos conversar con los precandidatos, los interesados, los aspirantes y los suspirantes a gobernador, habría que recordarles que la justicia según Aristóteles se clasifica en: conmutativa, distributiva y legal. La justicia conmutativa regula las relaciones entre los ciudadanos, en el respeto que se deben unos a otros, y en la justa vida: si me deben cobro, si debo pago. El  castigo al culpable, ni más ni menos. La justicia distributiva es la que se da entre la autoridad y el ciudadano. Distribuir equitativamente los cargos y las cargas. Esta posibilidad permite una proporción de dignidad sin caer en un igualitarismo. La justicia legal habla de los ciudadanos a respetar y buscar el bien común. Se le afirma legal, porque cuando se da el bien común se respeta la ley, no hay porque violentarla.

 

Conclusiones

Si de por sí el cargo público es un honor, el puesto de elección popular es un honor democrático. Si el año entrante los ciudadanos recibirán otra vez la oportunidad de elegir a su gobernador, estos deberán revisar el perfil, el papel de dicho candidato, pero la gran oportunidad no será escuchar las propuestas (no importa que estén firmadas ante notario), sino de comentarle a cada candidato lo que se espera de éste, lo que esperamos del individuo y del puesto, del actuar personal e individual y el actuar público. Un candidato sí que sea honesto, pero también que sea capaz, que escuche, que se autogobierne para poder gobernar a un pueblo que lo que necesita es testimonio, no discursos.

En fin. Gracias por volverme a leer.  

 


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