Esfera Pública

Esfera Pública: El mayor desafío del sindicalismo

El mayor desafío del sindicalismo

Jesús Medina Olivares

Agua que no se agita, se corrompe

Ovidio

En la actualidad el sindicalismo en México requiere de cambios drásticos. Las nuevas exigencias sociales demandan aplicar profundas transformaciones en su forma de organización. Emplear fórmulas más eficaces de intermediación y representación. Asumir un compromiso abierto con la transparencia y rendición de cuentas. De repensar su papel en el contexto de una nueva estructura económica dominante.

El sindicalismo es un fenómeno complejo y hasta cierto punto paradójico. Considerado como un instrumento de acción colectiva para proteger y mejorar el nivel de vida de los individuos que venden su fuerza de trabajo (Allen- 1968).

Surge bajo las líneas teóricas marxistas (lucha de clases y teoría del cambio social) y como reacción a las condiciones en que se encontraban los trabajadores en la industria capitalista, pero también, como una fuerza de cambio de toda la sociedad.

Con estas bases el sindicato, por una parte, dirige y alienta el conflicto dentro y fuera de las empresas, pero también encauza la protección social y política de amplias masas integrándolas a la sociedad.

En México, los sindicatos en su origen, influidos por el anarquismo, no sólo fueron organizaciones mutualistas y de defensa laboral, sino en buena medida sirvieron de foros de lucha por la hegemonía política.

En su larga evolución los sindicatos han utilizado sus formaciones con finalidades tanto económicas como políticas.

En determinados momentos se han caracterizado por su organización y participación intensa, constituyéndose en instrumentos de consenso político para la gobernabilidad y estabilidad del sistema político, conformando auténticas aristocracias obreras.

Un elemento característico que ha influido en el comportamiento del sindicalismo en México ha sido el corporativismo. La Ley Federal del Trabajo tuvo efectos relevantes pero contrapuestos. Pensada como factor de justicia y paz social sustentada con la interlocución legítima de sindicatos para realizar las garantías constitucionales de salario, jornada laboral, permanencia y seguridad en el trabajo, entre otros, también provocó una práctica de afiliación forzosa de los trabajadores al partido hegemónico sujetándolos al control corporativo del voto y de sus sindicatos.

Esta circunstancia también tuvo efectos en el ámbito empresarial, en 1936, se legisló instituyendo como un solo organismo funcional la cámara de industria y del comercio y funcionaron como colaboradoras del Estado.

De esta manera los sindicatos establecieron pactos fácticos de subordinación a los intereses políticos y proyectos ideológicos del Estado y de lealtad al presidente y a la estructura del PRI.

Su rol estuvo orientado a mantener el orden social, la legitimidad y el consenso para el sistema. En reciprocidad el Estado creó instituciones para la protección de sus agremiados.

Estas alianzas, en términos reales, servían al gobierno para estimular y garantizar las inversiones de capital en el país, principalmente extranjeras, a cambio de una serie de estímulos y concesiones y especialmente un sindicalismo dócil y pasivo.

Los líderes, por sus servicios, eran ampliamente recompensados incorporándolos a los poderes públicos como senadores, diputados, munícipes y gobernadores.

Debido al alto nivel de centralización y al predominio de las confederaciones, se orientaron a obtener ventajas contractuales logrando, la propiedad de puestos de trabajo para distribuirlos entre sus miembros, acrecentando su poder.

En algún momento los sindicatos relevantes tuvieron un nivel de organización y mayor poder que muchos partidos políticos. Este dominio corporativo basado en el virtual monopolio de la representación política, incluyendo muchas veces los sindicales, por parte del partido hegemónico, llegó a constituir la base de estabilidad política y social del país.

De esta manera la peculiaridad del corporativismo mexicano fue su esencia autoritaria y vertical.

Al respecto Vargas Llosa acuñó la frase célebre “México es la dictadura perfecta”. La dictadura perfecta no es la Cuba de Fidel Castro: es México, porque es una dictadura de tal modo camuflada que llega a parecer que no lo es, pero que de hecho tiene, si uno escarba, todas las características de una dictadura”.

En otra ocasión abordaré el episodio y el contexto en que ocurrió el debate que protagonizaron, frente a millones de televidentes, Vargas Llosa y Octavio Paz respecto al carácter antidemocrático del PRI del cual se deriva esta frase.

En los ochenta, en un contexto de crisis que representó la política de los “topes salariales”, el despido de miles de burócratas federales y estatales, los recortes presupuestales y la inflación descontrolada se convirtieron en el escenario de fondo de las políticas neoliberales.

En este contexto el papel de los sindicatos frente al gobierno, más que de negociación en favor de los trabajadores, fungió como fuente de legitimidad a cambio de mayores prerrogativas para sus líderes.

Con la consolidación del modelo neoliberal el sindicalismo transita en la llamada era postsindical, donde la acción colectiva basada en la movilización gremial ha sido sustituida por el cálculo racional individual de los líderes y las altas burocracias en sus propio beneficio.

Sin duda los tiempos actuales son difíciles para los sindicatos. Han sido años largos de resistencia y parálisis. No se ha planteado una agenda que vaya más allá de la remembranza de sus conquistas pasadas, de la negociación rutinaria de prestaciones o de los exiguos incrementos salariales anuales.

No se vislumbra ninguna estrategia de reivindicación en la cual el sindicalismo ponga en el eje de su actuación a los auténticos intereses sindicales articulados a un proyecto de transformación general de las condiciones laborales de las clases trabajadoras, mucho menos el interés de crear contrapesos eficaces que permitan a sus agremiados, y a los ciudadanos, controlarlos y someter su actuación a escrutinio público.

Lo anterior aunado a la percepción de desprestigio que ha conformado un clima, casi hostil al sindicalismo, reacio al reconocimiento de las funciones sociales y políticas de las organizaciones sindicales.

No se puede negar que los sindicatos han sido piedra angular del sistema político mexicano. Es por ello que se hace necesario repensar la forma de organización y representación de cómo han venido funcionando en México

Se hace necesario reivindicar el papel decisivo e importante del sindicalismo como herramienta de transformación social. Mejorar la calidad de su representación. De reinventarse para responder a la nueva realidad. No puede seguir con la lógica que refiere una máxima del maestro Cosío Villegas: “México está viviendo las ideas viejas en un mundo nuevo”.

Con todos sus errores y sus virtudes, el sindicalismo mexicano tiene ante sí el mayor desafío en toda su historia; su propia transformación. Ni más ni menos.

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El mayor desafío del sindicalismo

Omar Williams López Ovalle

 

Agradezco a La Jornada Aguascalientes la oportunidad de colaborar en este ejercicio de conversación entre connotadas plumas de nuestra patria chica, el cual está inscrito bajo las reglas de la normalidad democrática, iniciando con el respeto hacia el que propone el tema, lo cual hace por demás interesante al dejar de lado las loas y los panegíricos, dejando además la idea de pensamiento único, y pasar al proceso dialógico, para recordar las sabias palabras de Aristóteles: “soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad”. Aunque, en estos tiempos, creo que nadie tiene la verdad, es más ideas originales.

Si tomamos como válida la conclusión final de don Jesús Medina, en el sentido de que el sindicalismo mexicano tiene como el mayor de los desafíos su propia transformación, cuestión que deja planteada con un condicional “si”. Tenemos como punto central de arranque, sobre la mesa, el qué del asunto. Hay que partir de algo para evitar irnos por la tangente y falsos espejismos. Pero, a partir de esta afirmación, me parece que caben algunos cuestionamientos que ayudarán a enriquecer y darle sustancia a esta charla periodística: transformarse, ¿para qué?, ¿cómo?, ¿hacia dónde?

Sin duda alguna, los ejercicios de transparencia y rendición de cuentas llegaron para quedarse en nuestro país, a pesar de la fuerte oposición de los actores políticos que la ensalzan sólo de los dientes hacia afuera, y ni que decir de los enormes bloques burocráticos de este país, que en la práctica tienen como enorme factor cultural el esconder y hacerse como propios la documentación, información y recursos económicos. Suena lógico preguntarse cuál es el camino a seguir, ya no digo para obligar, sino para convencer a los líderes sindicales de este país a transparentarse y rendir cuentas, ya no digo a la sociedad sino a sus propios agremiados, sobre todo y coincidente con la línea argumentativa de don Jesús, quien nos da una verdad de a kilo, cuando nos señala, sobre el amasiato entre el poder político y los líderes sindicales, a través de la recompensa y los estímulos, de ser senadores, diputados, munícipes y gobernadores. A esta historia creo que no se le puede agregar más, es conocida por los estimados lectores sobremanera.

Comentario aparte merece la proyección de los sindicatos patronales, que ejercen una enorme influencia económica y política al menos en nuestro país, diez empresarios son suficientes para que con sus decisiones desestabilicen al gobierno en turno, dejando ver a los gobernantes como simples marionetas del juego económico. Ya no digamos en el terreno político, el más claro ejemplo reciente de ello me parece que lo es el recién electo gobernador independiente de Nuevo León, conocido como el “bronco”, quien sin el apoyo de la cúpula empresarial su llegada al poder sería inimaginable, más allá claro de las visiones cortas, que afirman que este personaje llega por su hoja de vida, y por méritos propios, ¡vaya ingenuidad¡ de ver la política.

Los datos que nos ofrece don Jesús, para contextualizar, el tema de diálogo, son por demás interesantes. Muchos son los hechos, una la realidad, en este país, cuando nos recuerda la época en que gobernó el “partido de todos”, visto como fenómeno político, y más allá de las pasiones políticas, que usted, querido lector, pudiera tener, donde se aglutinaban, para decirlo en términos de los clásicos, “las fuerzas reales de poder”, el sindicalismo tenía objetivos muy concretos: justicia y paz social; lo cual se logró por varias décadas, sin embargo, como bien  se señala: “agua que no se agita, se corrompe”, y tras años de “justicia y paz social” se fue haciendo una aristocracia obrera, de tal magnitud que, para sintetizar el punto, baste con recordar los diferentes testimonios de fotografías que no han hecho conocer de los yates del líder petrolero y viajes de sus descendientes, por cierto senador por muchos años de la República.

Bajo este marcado corporativismo, con características de autoritario y vertical, funcionó por casi siete décadas el sindicalismo mexicano, del cual, por cierto, todavía no puede quitarse de encima. Es por ello que, frente a esta necesidad de transformarse, la pregunta que, insisto, debe hacerse es ¿cómo? y ¿hacia dónde?, esto es ¿cuál debe ser el norte hacia dónde dirigir la mirada y los pasos del nuevo sindicalismo que México requiere? Las respuestas no son sencillas.

Otro punto de abordaje que nos plantea don Jesús es sobre el sindicalismo burocrático, si bien como se apuntala que en los años ochenta las burocracias federales y estatales fueron diezmadas bajo las políticas de recortes presupuestales. Hoy en día esto no sucede así, los aparatos burocráticos, en todos los ámbitos del poder político, han crecido de manera exponencial, dejando a las recursos públicos, cual fantasma silencioso, sin recursos para poder ejercer las funciones primarias que deben cumplir como órganos del Estado. Ciertamente, el sindicato de los profesores se encuentra sujeto a una serie de presiones, a partir del encarcelamiento de su líder Elba Esther Gordillo, y, por el otro lado, a la sección 22 en el estado de Oaxaca, habrá que observar hacia dónde se transformará esta parte sindical en los próximos años, pues no hay que olvidar que hasta partido político propio tienen.

El sindicalismo burocrático si bien es más silencioso, no por ello requiere de una transformación importante, hoy en día los servicios del Estado, por más anuncios que nos coloquen en los medios de comunicación y ahora ya hasta en redes sociales, deja mucho que desear a los usuarios, basta con ir a cualquier hospital público en las mañanas para darse cuenta de que la realidad es muy distinta al mundo paradisíaco que nos pintan por la televisión. O bien a cualquier oficina de gobierno, y entonces verá los ejercicio de paciencia que el ciudadano debe tener para tramitar sus asuntos, ya no digamos de la justicia engorrosa que existe en los tribunales del país.

Dicho lo anterior, debemos cuestionarnos pues, para qué transformar el actual sindicalismo mexicano, cómo le vamos a hacer, existe voluntad de los actuales líderes ya no para cambiar sus sindicatos, sino para realizar ejercicios de diálogo entre sus agremiados para buscar una nueva dinámica de su vida interior, como para buscar una lucha para reivindicar la conquista de nuevas mejoras económico-sociales para sus agremiados. ¿Podemos recordar cuándo fue la última vez que se haya logrado una victoria sindical importante en nuestro país?.

Demos paso a dejar abierto este diálogo a las mejores ideas, que seguramente nuestro querido lector tendrá sobre el tema.

 


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