Opinión

Los trabajos necesarios y rehuidos / Piel curtida

 

¿Quién jodidos soy para quejarme de mi trabajo?, exclamó un muy buen amigo al contarme la siguiente historia. Había regresado de presentar en Europa una conferencia sobre estudios del trabajo y se encontraba en el aeropuerto de la Ciudad de México esperando el vuelo retrasado que lo retornaría a Aguascalientes; agobiado se dirigió al baño a enjuagarse la cara y recriminar el porqué no había tenido tiempo de descansar en las últimas semanas. Uno de los intendentes observó y le preguntó por qué ese rostro. Le comentó sus extenuantes actividades y se detuvo para gritarse a sí mismo: ¿quién jodidos soy para quejarme de mi trabajo?

El domingo pasado se realizó la Feria Universitaria de la Autónoma de Aguascalientes y con más de 12 mil visitantes y mascotas durante todo el día, es de esperarse una gran cantidad de basura, pasto desaliñado y miles de tareas pendientes de aseo. Sin embargo, a primera hora del lunes, Ciudad Universitaria de nuevo se encontraba reluciente. Aunque estudiantes, docentes y administrativos de toda la Institución prepararon exhibiciones y actividades para dar a conocer la capacidad de la Universidad para potenciar diferentes sectores sociales y económicos, el personal de jardinería, mantenimiento y vigilancia son quienes ofrecen una gran cantidad de trabajo y esfuerzo físico para brindar seguridad, limpieza y un agradable ambiente para la realización de dicho evento. Pero quienes hemos participado en actividades de este tipo, pocas ocasiones nos ponemos a reflexionar, a reconocer la labor de este tipo de trabajos.

Más allá del discurso de compasión por un trabajo que por múltiples elementos es poco deseable, es necesario el reconocer la labor colectiva, la importancia de múltiples tareas que no podrían dar resultados sin las demás. Los diferentes tipos de trabajo, en teoría, reciben una remuneración de acuerdo a su esfuerzo, no sólo físico, sino que también según las responsabilidades que conlleva, la preparación que se requiere para su desempeño y los resultados que se esperan; pero incluso el más exigente y mejor pagado requiere de otras múltiples acciones de apoyo, vinculadas o circunstanciales; por lo que es necesario reflexionar en diversos espacios laborales la importancia de cada una de las tareas que se desempeñan.

Por otra parte, entre más amplios sean los alcances del trabajo que se realiza en algún espacio laboral, suele presentarse una mayor competencia que no en todos los casos estriba en la competitividad de cada uno de los trabajadores, sino que en otros tantos se sustenta en celos laborales que no aportan a la mejora de las actividades ni, mucho menos, al incremento de la productividad, como sustentan algunas viejas teorías económico-empresariales; sino que generan un ambiente de tensión y rencillas que sólo estancan las tareas cotidianas, las entorpece y, en la peor de las situaciones, terminan afectando a gran escala al funcionamiento de las instituciones o empresas.

Sin el afán de leerse populista, es necesario reconocer la existencia de la interrelación entre diferentes trabajos, su impacto en la vida cotidiana, así como su necesidad para la existencia de la sociedad. Más allá de los ascos, las condolencias, las vergüenzas, los yo lo haría mejor, es indispensable una consciencia para reconocer la labor de cada uno y cada una, de los demás y, en su caso, identificar sin la víscera por delante quién realiza de manera adecuada su labor.

Además de expresar un agradecimiento y solicitar el reconocimiento a quienes ofrecen un espacio limpio y digno de trabajo, a quienes brindan apoyo en las miles de tareas de mantenimiento, refacción y reparación que pocas veces vemos a los ojos o nos detenemos a preguntar cómo les va en su día; este texto también tiene la intención de hacer un llamado a revalorar la labor que desempeñamos cada una y cada uno de nosotros, a evitar la discriminación, la insulsa presunción y el deseo de vivir a través de las y los demás que consideramos inferiores o incapaces por el simple de hecho de, tal vez, estar inmersos en actividades que no soñamos al pensar en el proyecto de vida ideal.

¿Quién soy yo o qué privilegios creo tener para pensar que no necesito de las y los demás?

 

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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