Esfera Pública

Esfera Pública: Elección extraordinaria

Apuntes de la elección “extraordinaria”

Francisco Aguirre

 

Las segundas vueltas electorales siempre encontrarán per se una paradoja o varias, según sea el caso. Casi siempre confluyen en el sacrificio de algo preponderantemente menor para algo mayor. Sea el caso de cambiar el pluralismo por la gobernabilidad o la presencia de masa votante a cambio de corporativismo.

Sin embargo, por más común que nos parezca el paisaje venidero y la lógica optimista-pesimista advierta algún sentido para quienes producen esta obra, no existe fórmula o ecuación que derive del triunfo democrático. Es decir, y aunque parezca un lugar bastante común, el contexto hace la diferencia y los aliados se convierten en imperiosos.

Y aunque la relativa capacidad de agregación política de los partidos presente inconsistencia ideológicas o de pasados continuos en las cámaras estatales o de roce mediático nacional, no deja de sorprender el oportunismo electoral convertido en una especie de chantajismo electoral, que en el peor de los casos, en términos del Distrito I federal, alaba al tercero en discordia. No dejará de lamentarse que el pragmatismo partidista sea pura y llanamente electoral, desde el sentido cortoplacista, la vigencia de lo oportuno cumple con las medianas tareas.

Las elecciones no resuelven problemas históricos entre los partidos ni tampoco vaticinan la resolución de los mismos, sea la latitud que fuere. Menos una elección coyuntural. El tentativo presagio de que la elección del 2015 (la extraordinaria también) será un presagio de la venidera 2016, es absolutamente falso, sin embargo, hay cosas que se debería considerar al respecto:

1.- El costo de encarecer al Partido Nueva Alianza es tan peligroso como de igual forma perder la gubernatura el próximo año. Pareciera imprescindible, pero no a costo de todo, para el PRI y para el PAN. En muchos estados se ha visto el desgaste del ejercicio de gobierno y del establecimiento, diagnóstico, desarrollo y evaluación de políticas públicas (específicamente las educativas) en esos estados, llevando a la ingobernabilidad militante y a la querella por la irrupción.

2.- El PRI, y sobre todo los grupos que tienden a disputar las candidaturas internas, no deben de subestimar el ánimo del votante, en específico de su base crítica (voto duro). Otra derrota hará que el camino de la expectativa sea una curva más amplia que dominar.

3.- La alianza que propone el PAN tendrá que desmayar algunos mitos, sobre todo las estructura corporativa del magisterio en esa zona. Los enfrentamientos internos en el magisterio son más que evidentes, perder Pabellón es una muestra de ello. El PAN tiene más qué ganar que perder, el distrito, en lo formal, estaba perdido.

4.- La reestructura, reánimo y re reorganización electoral del PT en términos de candidaturas lleva consigo a que el alcalde del Rincón de Romos no vaya a trabajar al margen de su partido. Van por sus votos, la inflación del padrón electoral no les beneficia, no disputa votos más que con Morena. Estarán a la expectativa de que con más de diez mil votos pueden impugnar (otra vez) la pérdida de su registro.

5.- Movimiento Ciudadano sin candidato, Partido Humanista, Morena y Partido Encuentro Social con sus candidatos llevarán una carga de facto o militante para sumar o quitar votos, pero sobre todo a tratar de despertar algo de interés a una campaña corta y sin mucha expectativa.

6.- Urgen campañas de contraste, de poca dispersión y de mejoramiento del mensaje, que vaya de acuerdo al interés colectivo, la construcción de un personaje que represente ese interés y la expectativa que encarne el mismo para conseguir lo dicho.

En fin.

Los conflictos electorales son consecuencias y no causas, al inversa los acuerdos. Extrañó sobremanera la poco disposición local por construir alianzas políticas fuertes y visibles. La clase política local ha decidido ponderar los acuerdos tras bambalinas y de intereses opacos y eso ha llevado consigo derrotas y victorias pírricas. La poca conexión en falsas estratégicas y la encuestitis cuchareada, hace que la frivolidad impere, que los medios sean críticos y a veces absurdos no produzcan opinión crítica constructiva.

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Non bis in ídem

Enrique F. Pasillas

Hoy me traigo prestado para el tema que comparto con el maestro Francisco Miguel Aguirre un latinajo de la jerga del derecho procesal; en este caso aplicado a la inédita y no suficientemente explicada ni explicable elección “extraordinaria” en el Distrito federal I de Aguascalientes por una supuesta e indebida intervención de la autoridad local en el proceso. Anticipo que se comparte el planteamiento del maestro Aguirre en cuanto al más que dudoso beneficio democrático que reporta a la ciudadanía la repetición forzada de esta elección distrital.

Non bis in ídem se refiere literalmente a la expresión: “no dos veces en lo mismo”; que en el derecho moderno alude a una garantía constitucional para los gobernados de que no serán juzgados dos veces por la misma conducta. De entrada digamos así entonces: ¿por qué los ciudadanos debemos literalmente “padecer” la repetición de una elección declarada nula?

Y viene al caso porque no acaba de quedar claro cómo es que inéditamente, como bien nos recuerda Gilberto Carlos Ornelas en su más reciente colaboración para este espacio, la Sala Electoral Regional y luego el Tribunal Federal en pleno, aunque en votación dividida que se verificó una buena madrugada de estas, bien lejos del escrutinio público, anuló una elección federal muy cerrada en el distrito que abarca prácticamente toda la zona rural del estado de Aguascalientes. Y no sobra recordar que es justamente en las zonas rurales del país donde mejor sigue funcionando el viejo corporativismo electoral, ahora copiado y perfeccionado por todo el arcoíris partidario, como bien señala el maestro Aguirre en su texto. Así que contra su inveterada costumbre, el tribunal de marras consideró que en este caso y no en muchos anteriores, que la supuesta e indebida intervención del titular del Ejecutivo estatal el día de la jornada electoral en Aguascalientes bastaba para anular la elección. Muy lamentablemente no lo ha visto así en un buen número de precedentes por todo el país, empezando por algunas elecciones presidenciales de resultados más que dudosos y de consecuencia nefasta para el país; como aquellas en las que un gris candidato de apellido Calderón resultó sospechoso ganador por una “mínima” diferencia.

Así que no es ocioso volver a la pregunta ya planteada por algunos de los propios actores involucrados: ¿por qué anular sólo ese distrito federal y no los otros dos? al fin y al cabo, el titular del Ejecutivo estatal fue a votar con “sus gallos” a los tres distritos. ¿En cuántos distritos de los 300 en que se divide el país se tendría que haber anulado la elección por razones análogas? Desde luego que a priori parece bien que se termine de manera contundente con prácticas electorales antidemocráticas. Pero parece mal que se haga sólo en algunos pocos casos con criterios nada transparentes.

Al respecto de la extraña sentencia del Tribunal Electoral en este y otro caso como el de la anulación de la elección a gobernador de Colima, el reputado jurista Pedro Salazar Ugarte nos aventura una explicación plausible en su artículo de El Universal del viernes 6 de noviembre: vistas las dos vacantes en la SCJN, varios magistrados electorales tienen su propia agenda política y le apuestan decididamente a su futuro. Así que como ya se ven siendo ministros y no quieren indisponer a los senadores panistas cuyos votos necesitarían por fuerza para llegar a la Corte; le entran gustosamente al cambalache político. Solución propuesta por el propio Salazar para evitar futuras suspicacias: los magistrados electorales no deben ser ministros de la Corte en ningún caso. Yo propongo un complemento: desaparecer el desacreditado Tribunal Electoral y crear una o dos salas electorales en la propia SCJN, previa reforma constitucional. ¿Porque después de tan pobres resultados institucionales en ya varias elecciones federales, qué objeto democrático tiene mantener separada la materia electoral?

Luego está el tema de la responsabilidad de los servidores públicos involucrados. ¿Dónde estaban las autoridades locales y distritales del INE que nada vieron ni oyeron de las supuestas violaciones cometidas? ¿Se les sancionó o se les va a sancionar por su conducta legalmente omisa?, ¿y a las del gobierno estatal?, ¿cómo se previene legalmente que la causa de anulación no vuelva a ocurrir si no es mediante una sanción y un apercibimiento formales a los supuestos infractores de la normativa electoral federal? Nada se sabe al respecto. También es de llamar la atención que nadie dentro y fuera del INE o en la Cámara de Diputados conocía cuál era el procedimiento de repetición de la elección ni cuándo se celebraría la nueva jornada electoral ¿Tantos actores en tantas dependencias y organismos con tantos miles de pesos en presupuesto público para tan pobre trabajo institucional? ¿No sería mejor introducir una regla preventiva, para que cuando se invalide un triunfo electoral la victoria se conceda automáticamente a la segunda alternativa más votada en vez de repetir todo el proceso electoral? ¿Tiene sentido que vuelvan a contender partidos con una mínima representatividad y ninguna posibilidad de triunfo? Porque tal parece que así como están las cosas hasta los más “muertos” políticos pueden levantarse de sus tumbas y revivir.

Por último, pero no menos importante: ¿cuánto le costará al erario público la repetición de esta elección? ¿Quién lo pagará y de qué bolsa? ¿Cómo piensa garantizar la autoridad electoral que la supuesta violación no se vuelva a presentar en la elección repetida? Y dado el caso: ¿podría válidamente volver a sancionar y ordenar una nueva repetición de manera legítima?

Pero más allá de la desafortunada anécdota de coyuntura política local, dice bien Ignacio Ramonet: “En el marco de la globalización económica, el sistema democrático -o pretendidamente democrático, me permito apostillar- se enfrenta a una paradoja: los ciudadanos se desinteresan de la política, tal y como lo demuestra el incremento de la abstención en muchas elecciones (sólo 36% de los electores registrados votó en el Distrito I, según nos recuerda Aguilera Lesprón en la Esfera Pública de la semana pasada en LJA). Pero, por otra parte, esos mismos ciudadanos desean controlar mejor la acción pública y participar más en la elaboración de proyectos que les conciernen directamente”. ¿Cómo conciliar democráticamente estas dos tendencias?

Son preguntas…

Post scriptum. Parafraseando el título de reciente y divertido artículo aparecido en estas mismas páginas: no sólo hay besos de chamucos azules, visto está que también los hay de tres colores…

@efpasillas

 


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La Jornada Aguascalientes

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1 Comment

  1. José Chavira Carrasco
    10/11/2015 at 10:18 — Responder

    En mi humilde opinión, estoy totalmente de acuerdo con tu artículo.
    Como no hay nada escrito sobre segundas vueltas en nuestro empobrecido México, en todos los sentidos.
    En los países donde esta práctica es usual por las constituciones que las conforman, sólo dos deben participar, quienes obtuvieron la mayor cantidad de votos, NO TIENEN PORQUE PARTICIPAR los demás partidos, que sólo sobreviven formando alianzas (son como parásitos) y para el colmo formados por el partido gobernante, para formar democracia.
    También tantos recursos que cuestan nuestra pobre democracia dirigida por el voto duro y amenazas claro está, eso se sabe hasta en china.
    Que cada Partido pague sus elecciones, soy militante, me gusta la política, soy político, soy funcionario, estoy involucrado, entonces a cooperar, a tener una cuota mensual, a realizar rifas u que se yo, PERO QUE A TI CUESTE POLÍTICO, acaso no vives de serlo y no el pobre pueblo, y todavía sostiene a un INE que exige cantidades fuertes para su edificio, mobiliarios y pagar cantidades exageradas mensuales a todos los consejeros, que BARBARIDAD.
    SOLO CON LEYES Y LA APLICACIÓN DE ELLAS, QUE PORQUE EL NARCO INTERVIENE, LO HACE DE TODOS MODOS, es todos conocidos, el pueblo lo habla en todos lados.

¡Participa!