Opinión

Islam, Occidente y otras vomitivas diferencias / Piel curtida

Los sucesos violentos en París por el autonombrado Estado Islámico son muestra de los resultados de la aversión a la diversidad, y no sólo por parte de la organización fundamentalista, pues también lo fue la serie de hechos históricos de invasión y colonización por parte de Occidente en manos de sus potencias económicas que buscaron implementar un estilo de vida particular en diferentes regiones. A pesar de ello, los discursos de Putin, Hollande y de otras instituciones, e incluso del arzobispo de México, Norberto Rivera, han sido totalmente contradictorios, pues sólo reproducen el origen del conflicto mismo: la repulsión a la diferencia. Que en el caso del ministro católico ya es algo muy característico.

Ante la evidencia de lo que puede generar la intolerancia y el odio, es necesario impulsar acciones para fomentar y arraigar entre las sociedades la inclusión ante la pluralidad de pensamiento, religión, étnica, de identidad y orientación sexual, por sólo mencionar algunos ejemplos; pues sólo de esta manera se puede prevenir el germen del fanatismo, el odio y la violencia. Así como a Europa y a los líderes mundiales les preocupa el terrorismo islámico, también debería ser preocupante la criminalización de la homosexualidad impulsada en Rusia por su mandatario, la ablación genital femenina y las violaciones sexuales correctivas contra lesbianas y hombres trans en diferentes zonas de África, la explotación y discriminación de migrantes en Centroamérica y México, al igual que el aislamiento urbano de personas de color en Estados Unidos, pues cada fenómeno, con sus particularidades y procesos, radican en el mismo sentido erróneo de malestar: la diferencia, la alteridad que llega a ser vomitiva para algunos.

El terrorismo que el organismo de fundamentalismo islámico ha declarado a Occidente, particularmente a sus potencias político económicas, no puede enfrentarse como una guerra “tradicional”, como una declaración bélica entre estados con territorios determinados, pues aunque el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS, por sus siglas en inglés) declara tener una zona ganada en Medio Oriente, consiste en una organización integrada por varios fanáticos alrededor del mundo, que se nutren de la historia y las continuas acciones de Occidente por homogeneizar de manera acérrima el llamado “sistema-mundo”, con sus posibles virtudes -como la virtual democracia- y vicios -como la desigualdad económica-. Debido a esto, los ataques a Siria de manera indiscriminada, sin consideración a personas inocentes, únicamente fortalecen el imaginario del fanatismo islámico en el que se proclama hacer la “guerra santa” contra los malignos. Si bien es necesario implementar y generar acciones de protección, así como de confrontación al grupo fundamentalista, se requerirán trabajos titánicos de investigación e inteligencia táctica y tecnológica para lograr abatir las amenazas y evitar el desarrollo de más y nuevos movimientos bélicos, así como la pérdida de más inocentes.

La zona de Jerusalén siempre ha sido disputada por tres grandes religiones: la cristiana, la judía y el islam. Debido a esto se desarrollaron múltiples ataques y emigraciones, como la llamada diáspora judía; sin embargo, el cristianismo se logró consolidar como la religión del sistema-mundo durante la Edad Media. Por otra parte, tras la Primera Guerra Mundial se disputó Medio Oriente por potencias como Gran Bretaña y Francia, lo cual impulsó la indignación entre la población árabe. Sin embargo, no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando emergieron movimientos nacionalistas árabes, debido a que la ONU determinó la división de Palestina para generar una zona judía y otra para palestinos, así como la creación del Estado de Israel como “zona internacional”, que en realidad fungiría como un centro de colonización política, económica y cultural en Medio Oriente; debido a este embate y la incapacidad de los dirigentes de naciones como Egipto, llegaron al poder diferentes nacionalistas como Nasser, quien buscó un tipo de expropiación petrolera que alertó a Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, lo cual generó múltiples intervenciones e invasiones.

Al final, el nacionalismo árabe fue derrotado por Occidente, lo que permitió construir la base de encono y desesperación para el impulso de grupos fundamentalistas, como Al Qaeda e ISIS. El nacionalismo árabe buscaba unificar las naciones con esta idiosincrasia, bajo un esquema interindependiente, respetando rasgos y la diversidad cultural de cada nación; mientras que las agrupaciones de fundamentalismo islámico promueven la imposición de un Estado confesional como órgano de dirigencia moral, al igual que la violencia como recurso para “adquirir” territorio u obligar, a través de diversas acciones, que los dirigentes asuman la ley islámica.

Si bien la consigna del siglo XIX fue la libertad, la del siglo XX la individualidad, tal vez es necesario reflexionar si la del siglo XXI es la pluralidad, lo cual requiere cuestionar cómo la geopolítica implementa acciones para imponer estilos de vida y condicionantes de la propia libertad que se enarbolan en las llamadas democracias. Tras un considerable nivel de desarrollo educativo alrededor del mundo, así como una mayor consciencia sobre los grandes sucesos de violencia y odio entre la humanidad a causa de la diferencia, es necesario detenerse para reevaluar dichos procesos e impulsar una nueva visión sobre la alteridad.

Las historias sobre la persecución y esclavización de las personas de color o de los indígenas han logrado posicionar discursos contra la discriminación, pero aún existen prácticas cotidianas y sistemáticas que replican vestigios retrógradas; los nuevos “negros” perseguidos son las personas con orientación y/o identidad distinta a la heterosexual, los nuevos “indios” son las mujeres violentadas y Occidente es el nuevo diabólico pagano de la cruzada islámica. Si bien, la violencia terrorista debe ser erradicada, por medio de acciones que no comprometan a civiles inocentes, también es urgente una formación transversal, en la educación formal y entre las comunidades, para quitar de raíz todos los prejuicios, perjuicios, estereotipos e ideas retrógradas que estigmatizan e incluso criminalizan la diferencia, para así evitar que se desarrollen fundamentalismos y fanatismos tan omnipresentes y omnipotentes, que lamentablemente llegan a generar reflexiones hasta que han causado grandes daños y pérdidas humanas. El nacionalismo visceral no fue cuestionado hasta el holocausto nazi, el arraigo étnico no fue tan juzgado hasta el enfrentamiento entre hutus y tutsis, la imposición de un sistema-mundo, la colonización y la desesperación por un autogobierno nunca fueron importantes hasta el 9/11. No se necesitan más funcionarios, dirigentes, prelados y representantes de instituciones que enarbolen el ataque contra amenazas que se sustentan en su mismo virus de repudio a la diversidad, requerimos impulsar el respeto, el acuerdo, el diálogo y la inclusión para evitar que sea tarde y sólo queden las opciones de estar en estado de alerta e iniciar una guerra.

 

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@m_acevez

 


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Juan Luis Montoya Acevez

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