Opinión

La fe de los chairos / Cinefilia con derecho

Regresa el hombre del cigarro, el Cigarrete Smoking Man (CSM),  ese oscuro y misterioso personaje que sirve de operador político del gobierno para ocultar cosas, controlar el poder, en general para tener en el anonimato situaciones de suma importancia o generar cortinas de humo en aras de evitar que la opinión pública se entere de otras tendenciosas y maquiavélicas acciones gubernamentales. Y no, no hablamos de un funcionario de alguna alta agencia mexicana, sino del personaje de Los Expedientes Secretos X, ahora que frente al fervor que las series han despertado, 13 años después de que se emitió su último capítulo, regresan Mulder y Scully en una miniserie de seis capítulos que los fanáticos de la serie, chairos incluidos, deseamos con ansia ya esté a nuestro alcance.  

Y es que en México tal vez no necesitemos de ese género de series, la vida real, según los chairos, es así: distractores, cortinas de humo, falsos huracanes, decenas o tal vez cientos de CSM que pueblan el imaginario colectivo, en los tres niveles y órdenes de gobierno; las teorías de la conspiración de un enorme conjunto de intereses siempre en contra del pueblo. El último caso hasta hoy es definitivamente mi favorito, y es que el gobierno tuvo la capacidad de crear el huracán más poderoso del mundo y así mismo tuvo la fuerza para desaparecerlo; pero más aún, y por eso me encanta, el gobierno mexicano con ese enorme poder manipulador o concertador que pudo echar mano para sus intereses de organizaciones internacionales ya no digamos de Estados Unidos y su Centro Nacional de Huracanes, sino de la propia ONU.

¿Cuál fue el pretexto para la creación de este huracán mediático? El que a usted le guste de toda la clasificación chaira: aumentar el impuesto a las gasolinas, quitar el IESP a bebidas azucaradas, perjudicar a AMLO, la fuga del Chapo, la tragedia de los 43, concertacesionar algún estado, en fin, distraer una vez más a la opinión pública para, línea en blanco, rellénela con lo que más le guste a usted. Es más no necesita haber motivo alguno, al gobierno simplemente le gusta, es su vocación, las cortinas de humo, los complots. Maquinaciones como éstas hay en todos lados, hasta en Proceso, para muestra el endeble y tendencioso artículo “El huracán mediático de Peña Nieto” de Arturo Rodríguez, a su vez en “El huracán desenmascarado” de Juan Carlos Ortega Puga de Letras Libres, se ha dado una lección de lo inútil de esa clase de periodismo y de cómo cada vez más el semanario mexicano se aleja de aquel medio crítico que era, ¿En qué momento se perdió Proceso? Su chairismo lo lleva a ver cosas que jamás nos pasarían por la cabeza, como el nombramiento de Fidel Herrera, que servirá para desprestigiar al consulado mexicano en Barcelona y entonces “restarle importancia a esa región española” (sic); a veces no sé si reír o llorar.

Los feligreses del sospechosismo mexicano siempre tienen fe en que hay algo más allá de la noticia común, después de todo la intriga es su mejor dios; y los culpables son siempre los medios masivos de comunicación, Televisa o TV Azteca (a pesar de que pierden vertiginosamente audiencia ambas empresas); siempre verán a los “mexicanos” como iletrados, tontos, manipulables, todos menos ellos, pues han roto con las cadenas del consumismo de masas, después de todo comprar cualquier producto de Proceso es culturalizarse, seguir luchando, ignorando que son parte de un enorme mercado que explota esta revista con decenas de productos y números especiales, algunos de una dudosa calidad.   

Y sin embargo, al final de cuentas son necesarios, ya encabezando la revolución de los hashtags y los memes desde la comodidad de sus sillones, o esperando con ansia la nueva temporada de X-Files, sacando desde lo más hondo de su ser teorías de complot, ideas macabras de cómo se mantiene idiotizado este país, desprestigiando el máximo o mínimo logro, porque son, parafraseando a Sabines, unos magníficos que no se toman en serio, les gusta jugar y juegan, y a veces se les pasa la mano y crean unas teorías totalmente jaladas de los pelos, a mí me encantan los chairos, que dios bendiga a los chairos.

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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