Opinión

Calentamiento islámico / H+D

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Por Néstor Damián Ortega y Juan Manuel Campos

 

Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos

o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres,

las ropas, las ideas, al patrón del grupo, estoy salvado;

salvado de la temible experiencia de la soledad.

Los sistemas dictatoriales utilizan amenazas y el terror

para inducir esta conformidad; los países democráticos,

la sugestión y la propaganda.

Erich Fromm

 

Necrología de estos días. El alma de la humanidad y el cuerpo del que forma parte, el planeta, están enfermos, graves, exánimes; ambos en llamas, ambos recientemente diagnosticados en París. Ni el “choque de civilizaciones” de Huntington ni la negación del “fin de la historia” de Fukuyama pueden explicar ya gran cosa por separado.

En una realidad alcoholizada por los extremismos religiosos y por cierta concepción de la economía como fin último, un siniestro ajedrecista ofrece variantes y contrajuegos a las explicaciones que la lógica da a nuestro tiempo; inútil que hoy día poseamos más información que la que hubiéramos podido soñar en el pasado, si nos falta a cada paso la piedra angular; el eslabón perdido que nos ayude a dar sentido al resto; nuestras percepciones fragmentadas degeneran en miedo y nuestro exceso de datos en desinformación. Así desde cualquier lugar del urbe se puede ver a Miley Cyrus meneando el culo, a un periodista inglés ser decapitado o al youtuber de moda con chascos raciales u  homofóbicos, la realidad se difumina entre la banda ancha de la virtualidad, y aunque todo se conecta la perversa paradoja es la inconexión, en una aldea que cada vez tiene más humo y desconcierto.

En este mundo confuso y en fiebre, Rusia y China, potencias de un oriente geográfico, declaran la guerra de influencias a las potencias de occidente estableciendo protectorados de facto en fallidos y petroleros estados como Irak o Siria, compitiendo con ellas por el monopolio de la lucha contra un pseudo estado islámico, extorsionador local, aspirante a un nuevo califato, traficante de petróleo robado y dedicado al terrorismo en sus ratos libres. Oriente Medio y Turquía, que sueña con ser admitida en la Unión Europea algún día, son el tablero de esta partida de ajedrez geopolítico, el escenario actual del espectáculo de magia; el truco nunca se realizará en el lugar en el que el público lo espera y la población inocente recibe amargamente las balas y los bombardeos. La galera del mago asoma pasado, miseria y un conejo ensangrentado que no hace reír a los niños.

Mientras Daesh, diligente y emprendedor, coordina una serie de feroces ataques en París, jóvenes franceses y, en general, occidentales, continúan engrosando las filas de este grupo terrorista (y no ajeno al business). ¿Hastío o vacío de su realidad? ¿Cortina de humo de intereses rusos o chinos? ¿Coronación del wahabismo? ¿Lucha de los sistemas democráticos neoliberales contra todos los otros que los acusan de ser un mero framework del capital? ¿El dinero contra la fe? ¿El neoliberalismo contra la libertad del alma? ¿El derecho a la no intervención de la democracia occidental? ¿Las empresas transnacionales, el crimen organizado, los traficantes de armas y los agentes financieros, todos más poderosos que los actuales estados? ¿El lobby petrolero?¿El relativismo axiológico?¿La lucha del bien contra el mal? ¿Platón contra Aristóteles? ¿La explosión demográfica y el grueso de la humanidad como ganado o activos de ideales de consumo y producción a largo plazo? ¿La resurrección de Marx reconvertido al salafismo? ¿El capital como un ente supra humano que esclaviza la inteligencia? ¿O simplemente la hora de pensar en otro orden mundial por transposición de un nuevo tipo de guerra fría económico-religiosa basada menos en el high-tech que en el control de ciertas materias primas con el viejo telón de fondo de la confrontación nuclear?

Los líderes del mundo se descubren este año “consternados” por el aumento de la temperatura y la degradación del planeta, aunque desde hace cincuenta años sabíamos que esto iba a pasar. Decidimos no escuchar en su momento a quienes lo advertían, profetas malditos, lo mismo que no escuchamos ahora a los que condenan la proliferación y la venta incontrolada de armas provenientes de las potencias referidas; segundo plano y oprobio silencioso a quienes denuncian la miseria en gran parte de la población mundial en tanto que detractores de un supuesto desarrollo histórico bajo la premisa de que la felicidad en el hombre comienza al poder gastar más de dos dólares al día. A las voces más reflexivas que critican el sistema decadente y desgastado se les margina de los medios hegemónicos que son el guardaespaldas de los intereses militares, energético-empresariales y político-culturales de una élite cada vez menos ideológica, en donde su único culto es la economía y su única religión es el dinero. Si la hegemonía del poder fuera Al-lāh, Buda Gautama, Krishna o el Pato Donald, sobre su nombre defenderían sus intereses en pro del capital, a sangre y fuego, por supuesto de inocentes.

Remedando a Nietzsche, ¡el concepto actual de progreso, ha muerto!, tal cual fue concebido en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, mantenido en el periodo de gloria económica de los países poderosos y aún en los episodios de crisis petroleras y financieras del siglo XX. Si para McLuhan “el medio es el mensaje” y el mensaje no se limita a la información en él contenida, el hecho es que nuestra “aldea global” necesita examinar no sólo sus medios, sus mensajes y sus informaciones sino también sus interacciones, valores universales y prioridades de cara a un futuro no muy claro para las civilizaciones, futuro que se calienta lenta y continuamente, que arderá no en la temperatura sino en el núcleo mismo del pensamiento frío y calculado del poder occidental civilizatorio que lleva la promesa de esperanza y progreso a los pueblos que él autodetermina atrasados y bárbaros, antidemocráticos o populistas, presentándonos a los espectadores la simple dicotomía; ¡civilización o Barbarie!

 

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