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De lenguaje sexista me echo un taco / Desde la redacción

Cuando nació mi primo el Pepo muchos en la familia dijeron que era un bebé muy curiosito. Es de esperarse que ese comentario no les agradara a mis tíos, pues todos sabemos que lo curioso es pariente de lo feo. Curioso, para no decir llanamente la verdad pero tampoco mentir, el eufemismo como una forma de corrección política.

Hemos modificado nuestro lenguaje y en ese mismo sentido somos persones de tode el munde que queremes la paz mundial, todxs tomadxs de las manxs, en la lucha por [email protected] niñ@s de [email protected] países. Más ‘curioso’ es que mis tíos sí leyeran entre líneas lo que la familia dijo del Pepo y nosotros no veamos qué pasa cuando utilizamos ese lenguaje incluyente.

Los gobiernos, expertos en retórica y oratoria, exhiben con su lenguaje incluyente una necesidad urgente por quedar bien ante la falta de propuestas y de trabajo organizado: progreso para todas y todos, o esa famosa de niñas y niños, chiquillos y chiquillas, en la búsqueda del despertar de la conciencia social, todos contra la discriminación, erradicar la invisibilización de las minorías, aunque no toman en cuenta que de esta manera no hablamos en lo cotidiano.

Detrás de esos discursos está el desgano o valemadrismo del que no entiende, no alcanza a ver lo que implica leer entre líneas. También esas recomendaciones sobre el lenguaje que se han puesto de moda no observan criterios en cuanto a fenómenos gramaticales y menos en el entendido de que la verdadera inclusión y reproducción de discriminaciones hacia cualquier persona está en otro lado. Por eso mismo, cuando el alcalde de Tepezalá, en Aguascalientes, dijo tener una propuesta de ley para que las mujeres sólo trabajen por las mañanas porque deben llegar en la tarde a atender a los niños, y es que hay mucha violencia hora porque los chiquillos están tan abandonados por ellas,  la base, el centro, el cobijo de la familia, es cuando se observa que de nada sirve el incluyentismo oficial.

Y luego vienen los DIF municipales y el estatal que impulsan a las jóvenes madres solteras para que aprendan un oficio y saquen adelante a sus hijos: corte y confección, y repostería, los lugares comunes de la desigualdad entre hombres y mujeres que se observan en la distribución de las tareas domésticas, esos lugares que por lo general están reservados para ellas.

Si no entendemos que esto es signo claro de desigualdad y de discriminación poco será el avance que tengamos en la materia. Los juicios de valor se extienden y  el uso de arrobas, equis o de la vocal e para eliminar cualquier forma patriarcal que invisibilice a las mujeres no tienen un claro aterrizaje, el cambio no debió empezar por ahí. La lengua, como organismo vivo y en movimiento siempre se adaptará a nuestras necesidades comunicativas, como decir curiosito, y tal parece que la necesidad de continuar con la discriminación perdura sobre todas las formas. Es como si en un ataque frenético de inclusión hiciéramos el desdoblamiento en putos y putas. Por fortuna estas palabras cada vez tienen menos sentido peyorativo al utilizarse continuamente en un afán de resignificación para eliminar la ofensa.

Hace unos días, la presidente del DIF estatal, Blanca Rivera Río de Lozano (la “esposa del señor gobernador”, para darle picardía al texto) en una ceremonia del Centro de Atención Integral de la Mujer, ostentó lo que considera un lenguaje incluyente, y su directora, Marcela Durán Madrigal, hizo lo propio ante un grupo de jóvenes madres solteras:

“No importa que en la vida nos hayamos equivocado, siempre se puede retornar a un camino de luz y esperanza” con lo que muestra un juicio de valor gravísimo al condenarlas. Mujeres dirigiéndose a otras con el estigma metido en las venas mientras habla de compromisos para la defensa de los derechos de la mujer. Otro caso es el de la titular de la Comisión de Equidad de Género del Congreso, Juana Alicia Espinosa de los Montero, cuando dijo hace unos meses que no, los feminicidios no están dentro de los trabajos de la comisión. Pero eso sí, todes y [email protected] sigan preocupadxs por las normas gramaticales, por lo terrible de la falta de correspondencia entre género y sexo de las personas, sin importar las anulaciones verdaderas que existen contra la mujer.

Mesas de debate, discusiones en foros, academias, temas de tesis doctorales en estudios de género y allá afuera, en mi barrio, en todos los barrios de este país, las mujeres siguen muriendo a manos de los hombres, viven encerradas en la cocina para atender a los hijos, sufren carencias económicas, sociales y afectivas.

Las ideas sociales aún les quedan cortas a las dependencias, la inclusión, el trabajo hacia los más vulnerables es escueto como cuando para aliviar el frío de los pobres el municipio regala cobijas.

Falla la conciencia en todos los sentidos si no se reconoce esta discriminación, no aceptamos la historia de la lengua pero sí la violencia. Los discursos, declaraciones, boletines de prensa y las manifestaciones en redes sociales caminan en sentido opuesto al de la inclusión, no defienden a nadie y solo establecen más la diferencia que hay con la realidad.

Sin embargo, queda esperanza: Todos los días veo a más mujeres de a pie, en la calle, no en mítines promocionales, que no se preocupan por el lenguaje sexista o el incluyente porque no lo necesitan, ellas erradican la discriminación y los molestos eufemismos desde el origen y con honestidad, como la Tatis cuando dijo que el Pepo estaba muy feo, pero que cuando creciera se compondría.

 

@negramagallanes

 


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Tania Magallanes

Tania Magallanes

Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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