Opinión

Espacios públicos perdidos para la juventud / Piel curtida

Hasta hace poco la zona del centro comercial El Parián, entre los andadores Juárez y Allende, era un espacio que había sido apropiado por las y los jóvenes en Aguascalientes, donde confluían diferentes expresiones identitarias e incluso artísticas, un poco de rap, batucada, uniformes escolares y algunos rostros góticos sobresalían, proyectaban armonía y daban vida al viejo centro de la ciudad capital. Las escaleras de El Parián no representaban terreno vedado, sino una interconexión entre lo tradicional y lo contemporáneo, se evidenciaba el verdadero sentido de los espacios públicos, la convivencia entre habitantes.

Sin embargo, con las remodelaciones de la edificación se redujeron las escalinatas para ampliar los quioscos comerciales, privatizando el área de esparcimiento, tránsito y descanso a cambio de nuevas zonas de consumo. Si bien El Parián es una propiedad privada, los espacios públicos cada vez se reducen más en su territorialidad y funcionalidad para permitir el descanso o esparcimiento. Cada día es más necesario contar con recursos económicos para un rato de ocio fuera de casa, y en el centro de Aguascalientes se plantea una compleja cuestión, la inversión en espacios públicos ¿se sustenta en la población o en la plusvalía para el comercio?

Si bien ha sido importante la diversificación de espacios comerciales y de entretenimiento en el centro de Aguascalientes, lo cual ha permitido que una mayor población tenga acceso al ocio sin tener que trasladarse al norte de la ciudad o quedarse en casa; también es importante evaluar las zonas disponibles para el encuentro sin costo extra, en especial porque en éste como en otros lugares su sentido elemental es la confluencia y la apropiación, como en su tiempo fueron Alameda, el Jardín de San Marcos e incluso Expo Plaza.

Por otra parte, también es importante preguntarse cuáles son los espacios destinados para las y los jóvenes, para las personas de la tercera edad, pues es necesario el esparcimiento y la convivencia fuera de casa con la diversidad social, no sólo como catalizadores de conflictos, sino que también para abonar a una sociedad incluyente y de respeto, lo cual sólo es posible a través de reconocer, observar al otro.

En cuanto a los jóvenes, debido a la riqueza identitaria y la apertura a nuevas experiencias, requieren contar con espacios de encuentro, pero la mayoría se circunscriben en el comercio que requiere del consumo de alcohol, pues al interior de bares y antros la posibilidad de tener un lugar dónde sentarse se reduce a la capacidad de compra de una cerveza o una botella. Vamos, existen otros espacios, pero la mayoría son distantes y lejanos, si bien la Línea Verde y parques para skaters han posibilitado el ocio en zonas con problemáticas sociales derivadas y/o relacionadas con el hacinamiento, las posibilidades de interactuar con personas de otros sectores, códigos postales, se minimizan al punto de una recreación endogámica. Es urgente recobrar los espacios públicos de afluencia, descanso y ocio, en especial para una sociedad inmersa en diferentes tipos de violencia.

En cuanto a los espacios culturales, la mayoría están dirigidos por personas con gustos tradicionales, mientras que otros como el MAC 8 parecen estar en la Siberia de la promoción cultural. Durante los últimos años se ha diversificado la oferta cultural, pero aún es necesario consolidar áreas públicas que puedan ser apropiadas por jóvenes y adolescentes, para que sean los actores, gestores y divulgadores de sus mismos talentos, lo cual impulsaría la creatividad, la sensibilidad y el compartir experiencias que posibilitan el verse reflejado frente a otros, cada uno en escenarios particulares pero que llegan a cruzarse, con lo cual se podría fortalecer el llamado “tejido social”.

Al pasar por El Parián y constatar la remodelación que redujo las zonas de descanso fue imposible no preguntarse por las chicas y chicos que se reunían ahí, su presencia ya es mínima y algunos paseaban con extrañeza buscando aquel lugar donde se divertían, reían, conocían y compartían. Aún recuerdo cuando al salir del CBTis 39 varios amigos y amigas caminábamos rumbo a El Parián para comprar un helado, pero en realidad queríamos un lugar para conversar y contemplar, tal vez esperando ser vistas, lo cual permitía reflexionar el cómo afrontar cada una de nuestras situaciones personales, proyectos académico-laborales, para “pendejear” sobre las últimas noticias y acontecimientos.

No logro pensar en cuál hubiera sido nuestra reacción al ver reducidas las escaleras que tanto esperábamos al finalizar clases, al tener que pagar para desparramarnos en alguna de las nuevas bancas. Tal vez nos hubiéramos ido cada quien a sus casas, tendríamos menos tiempo para ponernos al día, darnos consejos o reírnos de nuestra jodida vida. Como menciona uno de los libros de Rogelio Marcial: “Andamos como andamos porque somos como somos”, y hubiésemos buscado algún otro lugar, un espacio público dónde convivir y compartir sin llevar más que el dinero necesario para el camión o el taxi de regreso al hogar que durante la adolescencia es un sitio extraño que requiere de otros similar


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Juan Luis Montoya Acevez

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