CulturaNo te pierdas

Ironía, desencanto, provocación y la búsqueda de una verdad literaria

  • Entrevista a José Jaime Ruíz acerca de El mensaje de los cuervos
  • El libro tiene que ver con la violencia  que estamos padeciendo en el país, pero también con esa otra tipo de violencia que se nos impone a través de los medios de comunicación, a través de las redes sociales

 

El más reciente libro del escritor y periodista José Jaime Ruíz El mensaje de los cuervos destaca por su persistencia en la mezcla y en la búsqueda exhaustiva entre géneros literarios para generar un mestizaje en donde el humor negro, la ironía, las redes sociales y su amada (y odiada) Monterrey campeen a sus anchas en un experimento intenso que el también director del periódico digital Los Tubos define como “literatura transgénero”.

Una literatura que abreva de los filósofos estoicos y de los moralistas franceses para construirse a partir de breves estampas sobre la ciudad natal del escritor, Monterrey, y que abren todos los libros o capítulos en los que se encuentran dividido El mensaje de los cuervos (Editorial Postdata, 2015) para desplegarse a través de aforismos, textos cortos, relatos breves que nos hablan de la violencia permanente que ha azotado a diversas regiones del país, de la guerra contra las drogas, pero también del amor-odio que todos sentimos hacia nuestra ciudad natal, nuestra pequeña patria, como nos dice el autor de libros como El Caldo de los buitres, que junto a El mensaje de los cuervos forman una trilogía que se completará con la publicación del libro Oscura golondrina.

La obra de Ruíz está impregnada de un sabor a ironía, a desencanto, a provocación, a la búsqueda de una verdad literaria que las formas rígidas y restringidas no le pueden dar. Por eso a partir el autor construye un diálogo con el presente tomando elementos de variadas tradiciones literarias con la intención de desmontar este presente hipócrita y poco atractivo. Uno de los elementos a los cuáles el autor critica de manera constante en este nuevo libro es a las llamadas redes sociales ya que como nos dice el autor en entrevista, las redes …“se convierten en otras vías de escape para la frustración de la ciudadanía, de lo que padecemos los mexicanos, pero a veces no llega a ser más que eso, y la ofensa y la agresión está ahí, todo el tiempo en las redes, salta a toda hora, pero no pasa a ser más que eso, válvula de escape.

Javier Moro Hernández (JMH): Esta “indignación” ciudadana no se traduce en las calles, en las urnas, pero que al poder político mexicano sí le interesa controlar, y lanza campañas controladas por los llamados “bots” en contra de periodistas y  medios de comunicación que tienen un discurso crítico, a pesar de que tienen el control de los medios electrónicos tradicionales.

José Jaime Ruíz (JJR): Con los que tienen un matrimonio bien avenido, hay que decirlo, porque con los medios electrónicos, la televisión abierta, es eso, un matrimonio de conveniencia y de connivencia, en el que dicen “tú me ayudas entonces yo hablo bien de ti” y las redes sociales pero la ofensa y la agresión están ahí todo el tiempo en las redes, a toda hora.

JMH: La violencia que se vive en nuestro país no solo se encuentra en las calles sino también está en la palabra, en los discursos que se institucionalizan a través de las redes sociales y que son discursos sumamente violentos.

JJR: Lo relaciono con mi ejercicio periodístico, porque me hace preguntarme ¿Cuál es la violencia que sufren los periodistas en nuestro país? Pues va desde la censura hasta el asesinato, por ejemplo, tenemos todos los tipos de violencia, porque también la censura desde el poder está súper fuerte en el país, más lo que sucede con los reporteros en las calles del país, tenemos una violencia latente en el país, una violencia constante pero todo pasa por las redes sociales, sin las redes sociales parecería que la gente ya no se puede organizar, aunque en ocasiones funciona más como un lugar en la que las personas solo entra para lanzar consignas o para el repudio, aunque se encuentra más horizontalizada, la gente se puede comunicar con líderes de opinión de otra manera, pero en general no existe una organización y no el ejercicio de la libertad pública, hay un repudio de las redes sociales que no se traduce en una organización, no se traduce en una postura crítica o en un voto de castigo en las elecciones, por ejemplo, entonces la crítica a esto es que las redes sociales muchas veces se queda en el vacío, es un rencor vivo, como diría Juan Rulfo, te vuelves piedra en realidad pero para el poder que el ciudadano se desfogue de esa manera no le interesa, porque todo es virtual y no se traduce en la calle.

JMH: Otra cosa que me parece muy interesante en el libro es preeminencia del aforismo en tu trabajo, que ya había tenido la oportunidad de leer en Caldo de buitre, tu libro anterior, pero es un aforismo descarnado, crudo.

JJR: Es un aforismo descarnado pero  también humorístico, irónico, descarado, con mucho cinismo, pero que se resuelve en la trilogía que busca una conversación entre ellos y que tal vez ya no se va a ver mucho en los siguientes libros, pero es esa conversación con los antiguos que sabes que están haciendo la gran crítica a la cultura desde la escritura; Arquiloco, los presocráticos, los estoicos, Epicuro, que sabes que no está pontificando, que no nos están diciendo “esta es la verdad”. Me gustaría identificarme con esas escuelas, reconocerme en ellos, los estoicos, los moralistas franceses, de Gracián, las greguerías, en donde entra el humor, algo que también busco mucho, trató de ser provocador, hay guiños pero también golpes y madrazos, algo que me gusta mucho.

JMH: El aforismo es una forma literaria que se identifica mucho con la filosofía, como bien comentas, pero también tiene esta posibilidad del humor negro, de la ironía…

JJR: Del desencanto sin que te rompas el corazón.

JMH: De esa ambigüedad que lo hace ser muy filoso, por ejemplo.

JJR Claro, pero hay otras cosas que son ocurrencias, cosas que me suceden, porque no creo en hacer una gran antología de frases filosóficas, que en realidad no me interesa, se trata más de un jugueteo. La apuesta es por lo instantáneo no por la eternidad, porque al final ¿La eternidad qué es?

JMH: Se pensaría que el aforismo, un poco la poesía, debería tender a los grandes temas, a decir las grandes verdades, un poco por esta tendencia a creer que toda la literatura debe ser seria, formal.

JJR: Pero eso ya parece más sentencias, eso parece un ejercicio de sacerdocio, pero sí nos preguntamos ¿En dónde está la literatura? Pues la literatura está en El Quijote, y la obra de Cervantes es una gran, enorme broma, o la poesía de Quevedo con todo lo que propone.

JMH: Un poco la gran tradición literaria está repleta de estos ejemplos, obras consideradas menores en un inicio que después termina por pervertir todos los sustratos geológicos de su propia tradición.

JJR: Sin el Quijote mucho de la historia de la literatura española no existiría y esos son los desafíos, la provocación, el meterte en esa tradición lúdica y no en la otra tradición que nos habla de severidad y no de resistencia y libertad.

JMH: El humor es otro de los temas centrales de tu libro, el humor visto como resistencia, el humor como necesidad de sobrevivencia en esta realidad cruel y opresiva.

JJR: Sí, porque sí no como podemos vivir en este entorno, en una sociedad como la que vivimos nosotros,  pero el humor es mucho de cómo somos los mexicanos, tendemos mucho la ironía, nos quejamos mucho, nos lamentamos mucho eso es cierto, pero tenemos un juego siempre presente entre el humor y el lenguaje. Por ejemplo Octavio Paz les  dice a las palabras “chillen putas” y después Efraín Huerta dice que solo son ocurrencias, claro, pero en las ocurrencias, en los juegos late una verdad que a veces la seriedad, la misma búsqueda de la verdad no nos logra develar.

JMH ¿Cómo fue el proceso de escribir este libro?

JJR: Pues después de Caldo de buitre hubo como una orfandad de literatura, no escribí durante un tiempo, pero se me fue imponiendo el tema de la guerra, de la violencia, inclusive citando a teóricos como Clausewitz, hubo un diálogo con mi realidad, con mi ciudad, por la actualidad que padecemos se me fue imponiendo la estructura, la arquitectura interna del libro, porque en los capítulos internos siempre aparece un epígrafe o una referencia a Monterrey, como algo local pero sin dejar de ser una conversación, y al final de cada capítulo hay una referencia a una serie o a una película, buscando un diálogo por un lado con lo local y lo internacional, lo global, y pues hay referencias y diálogos con los autores que estaba leyendo, mis lecturas, con las cosas que de repente encuentras en Internet, de cosas que ves en suplementos culturales que luego nunca llegan a México y por tanto no se discute en México, hay un diálogo con cierto periodismo cultural que se hace en nuestro país, que olvida y obvia el diálogo con otras regiones del mundo, con otros temas que no sean los que están presentes en nuestro país solamente. El título sale de una frase de Goethe que decía “las palomas llevan el mensaje de la paz, pero los cuervos llevan el mensaje de la guerra”, y el libro tiene que ver con la violencia  que estamos padeciendo en el país, pero también con esa otra tipo de violencia que se nos impone a través de los medios de comunicación, a través de las redes sociales.”

JMH: Me parece esencial el diálogo que entablas con Monterrey, haciendo referencia a su construcción, a la forma en que la ciudad creció, se formó, porque hacer referencia a la ciudad como un ente que tiene su propio mito.

JJR: Es un canto de odio y amor, de guerra y de pasión, como todos tenemos con nuestra ciudad. Es una ciudad que se funda tres veces y que no es una ciudad que fuera importante en la historia del país hasta el siglo XIX, por ejemplo, era más importante Saltillo por el comercio que se tenía desde la Ciudad de México hacia la frontera y hacia Estados Unidos, por ejemplo, pero con la formación del tráfico de armas por las guerras que tuvimos ahí se fueron asentando ciertos empresarios que hoy se creen aristócratas pero que en sus orígenes solo fueron mercaderes de armas, luego se consigue hacer una cervecería y ese tipo de industria permitió que Monterrey se convirtiera en un polo de desarrollo económico por su industrialización, pero lo que sucede en el siglo XIX es una historia muy diferente a lo que pasa en el Sureste de México y eso hace que sea una ciudad muy sui generis en el marco histórico de nuestro país, y ese tipo de conversación es el que a mí me interesa tener.

 


Vídeo Recomendado


The Author

Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

No Comment

¡Participa!