Opinión

Negligencias médicas, salud condicionada por creencias y dogmas / Piel curtida

El acceso a la salud es fundamental para mejorar la calidad de vida de las personas, además de ofrecer el escenario adecuado para el desarrollo económico, pero en ocasiones, a pesar de normas, leyes y políticas para asegurar dicha garantía, prejuicios e ideologías niegan o entorpecen los servicios, incluso se ha perdido la vida de más de uno a causas de estigmas y dogmas. Hace poco, un querido amigo perdió a su hermano a causa de la negación de un traslado hospitalario por considerarse que su insuficiencia renal era consecuencia derivada de su adicción, por lo que ya no requería otro tipo de análisis o intervenciones clínicas; debido a esto la familia presentó una denuncia ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos y continuarán ante la Comisión Nacional de Arbitraje Médico. Sin embargo, ¿cuántos casos de discriminación y violación de Derechos Humanos se encuentran aislados en la impunidad?, ¿será que la cercanía a la muerte y la función de “preservar” la vida que se ha asignado socialmente a los médicos los ubica en un rango sólo por debajo de la idea de un dios? Es necesario que las facultades, escuelas y programas que educan a médicos, enfermeras y asistentes hospitalarios cuenten con una formación ética y humanista verdaderamente holística, pues incluso la llamada “bioética” ha sido destinada a los galenos que en muchas ocasiones sólo replican dogmas y prejuicios del cristianismo, por lo que es necesario reconocer la historia que forjó a la medicina para así reconocer sus vicios y permitir el desarrollo de la práctica médica que reconozca los Derechos Humanos y la autonomía de los pacientes.

Este tipo de fallas asociadas a dogmas, prejuicios o a un tipo de “narcisismo” legitimado no son meramente acto de negligencia médica o de prestación de servicios, son más profundas, ya que parten de las estructuras propias de los sujetos que crecen dentro de ciertas realidades sociales, con creencias distintas y, cuando en esta multiculturalidad se encuentran con su contraparte, el choque hace que actúen de cierta forma que muchas veces ponen riesgo, estigmatizan, culpan o castigan a los propios pacientes. Por ello lo que en ocasiones es llamada negligencia, muchas veces parte de la deliberada acción u omisión.

En un caso muy simple, y si se quiere morboso, la ministra de Asuntos Sociales, Salud y Derechos de las Mujeres del gobierno de Francia anunció una inspección general en hospitales y escuelas de medicina para evitar que se practique o aprenda la realización del examen pélvico vaginal y rectal bajo anestesia sin consentimiento expreso de los pacientes; lo cual nos habla de las discusiones que aún no se han cuestionado en el ámbito clínico y que derivan de la idea de “preservar la vida”, de una profesión que “determina” la vida o la muerte, y que además parece dejar la reflexión sobre el humanismo, la autonomía y la ética sólo a consideración de las creencias del médico, la enfermera o el asistente bajo una mirada biologista demasiado miope.

Por otra parte, podemos comentar casos como en los que las mujeres indígenas mueren al momento del parto por ser atendidas hasta después de otras con rasgos occidentales y con mejor vestimenta, o la atención que llegan a recibir algunas personas que viven con VIH, que hacen emerger el asco y el miedo entre enfermeros, o las mujeres que ante el pleno derecho que debería brindar la Norma Oficial Mexicana NOM-046-SSA2-2005 para solicitar el aborto en caso de violación sexual, deben esperar a que esté en turno algún médico no confesional, que en ocasiones nunca llega. Debido a esto, parece que los Derechos Humanos y garantías relacionadas con los servicios de salud pueden estar promulgadas, pero no serán efectivas en tanto el médico anteponga sus propias experiencias, creencias y juicios de valor.

La salud como Derecho Humano será un derecho condicionado en lo pragmático, toda vez que estos hechos sigan pasando. Por lo que médicos y enfermeras deben formarse en facultades y escuelas que no sólo se destinen a la enseñanza de lo biológico y lo “natural”, sino que contemplen una educación derechohumanista, laica y con una fuerte presencia de las ciencias sociales, pues el ser humano no sólo es células, huesos, músculos y órganos putrescibles, también es un sujeto como nosotros, pero a la vez diferente en sus experiencias que no deben reducir su dignidad ni autonomía.

Por otra parte, para aquellos centros de salud con personal de generaciones más tradicionalistas es menester la impartición de talleres de sensibilización, seguimiento a las quejas por maltrato al paciente, y en especial para el sector público el asegurar la presencia en todo momento de médicos que respondan a los Derechos Humanos si es que alguno argumenta que sus “valores” no le permiten actuar de acuerdo a la ley, así como otras acciones transversales, como en el caso de Francia que exige un área de asuntos sociales que va más allá de la burocracia a cargo de los trabajadores sociales, para así ofrecer servicios de salud de calidad. Es necesario humanizar el sector salud, lo cual implica despojar a los médicos, enfermeros y asistentes de su deidad, así como revalorar y reconocer la dignidad y autonomía de todas y todos.

 

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@m_acevez

 


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Juan Luis Montoya Acevez

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