Opinión

De Ettore Scola a la unidad priista / Cinefilia con Derecho

Esta semana sucedió la muerte de uno de los mejores directores que Italia ha dado al mundo, Ettore Scola, participante de la corriente cinematográfica que se denomina commedia all’italiana y autor de obras imprescindibles del patrimonio mundial, como la maravillosa Una giornata particolare (1977) C’eravamo tanto amati (1974) o Brutti, sporchi e cattivi, (1976). No me cabe la menor duda de que se trata de la muerte del último de los grandes del cine de aquella península del mediterráneo. A pesar de que no es su mejor película, yo me quedo, inmediatamente después de Una Jornada Particular, con La Cena (1998), una de las postreras cintas del italiano y mi primer acercamiento a su obra, si mal no me acuerdo, la vi en una de las muestras de cine que la UAA proyectaba en el auditorio Dr. Pedro de Alba.

La Cena se ubica en un espacio cerrado, un restaurante italiano de esos que tanto se disfrutan: pequeño, cálido, atendido pacientemente y con amor por su propietaria. La cinta refleja la calidad del director, en sólo un par de horas nos narra ocho diferentes historias, todas en torno a la merienda, su cámara brinca de una a otra mesa, metiéndonos a cada una de las discusiones, a cada uno de los personajes. Las microhistorias en torno a la deliciosa comida italiana nos muestran el sentido de lo humano, desde aquella en donde una madre sumamente coqueta se entera con dolor de que su hija quiere ser monja, la divertidísima queja del chef que es un comunista venido a menos, o por ejemplo la libertina mujer que sienta el mismo día a sus diferentes amantes. En todos los casos la forma en que conocemos poco a poco la trama y su desenlace nos hace admirar con ahínco la maestría y el atrevimiento de Scola que en unos minutos profundiza en todas y cada una de las dimensiones que plantea.

¿Por qué la equivalencia entre La cena y la unidad priista? Porque éste mi partido político es parecido a ese restaurante de la cinta, un cúmulo de personas en torno a una idea, cada una de las mesas se me figura a los grupos políticos, incluso con sus propios conflictos internos, lo mismo los hay integrados por jóvenes, que de vetustos y experimentados jefes, los intelectuales o desfachatados, los campesinos y los sectores populares, cholos y discapacitados, todos cabe en este instituto.

Mientras leía en La Jornada un excelente artículo sobre la muerte del gran director, recordaba la cinta La cena, y además vivía a su vez el proceso interno de selección de candidatos, desde doble perspectiva: la jurídica y la política. De un lado las convocatorias, manuales, reglamentos, dictámenes, toda la parafernalia jurídica que transforma en procedimiento interno de selección de candidatos en una estratagema que permite blindar para que los que lleguen sean el resultado de cumplimiento de requisitos, para que a su vez exista un mecanismo de protección de los derechos de los militantes, pero que también no cualquiera por una simple ocurrencia quiera llegar a un puesto de elección popular a través de nuestro instituto.

El aspecto político: las negociaciones, destapes, tapes, subidos y bajados, que le dan un sabor especial a vivir toda la actividad dentro de este el Revolucionario Institucional. Es claro que este rubro aliñado con el jurídico, permiten crear un filtro que de igual forma da acceso a candidaturas mediante el acuerdo y la concertación, para mí en el fondo esa es la unidad del PRI, no se trata del concepto en el sentido (RAE) de “3. f. Unión o conformidad” sino de “6. f. Cualidad de la obra… en que solo hay un asunto o pensamiento principal, generador y lazo de unión de todo lo que en ella ocurre, se dice o representa”, es decir la unidad no como idea de disciplina, sino como una construcción con base en diálogo y acuerdos.

La inscripción de aspirantes el pasado sábado fue particularmente hermosa, es la participación del núcleo fundamental de la plena integración priista, familias apoyando a su aspirante, sectores y organizaciones, bandas y batucadas, saltimbanquis y botargas, porras y gritos de júbilo. El barco tricolor está viento en popa en torno de un solo objetivo: la victoria en las próximas elecciones del 5 de junio.

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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